Santa Maradona

Todos tus amigos encontraron al Señor nov 01, 2010

No lo sospecharía si mira ahora, pero mis amigos no siempre fueron tan fervientes seguidores de la palabra. Es cierto que hoy día todos son bendiciones esto, bendiciones aquello, y que la conversación normal se mueve en zigzag en un berenjenal de buenos deseos, de alientos espirituales, de llamados al arrepentimiento y de referencias a iluminaciones que supongo deben venir del cielo. Pero no siempre fue así. Antes era distinto.

Lo más parecido al ambiente actual de las cosas se vivía en semana santa, una semana de vacaciones enclaustrada en la mitad del primer semestre escolar y que tenía dos razones de existir: 1) llevar a la bancarrota a los productores de carne, y 2) aumentar el ingreso del vendedor informal de alimentos en las afueras de las iglesias.

En Colombia, país que ademas del cinismo considera ir a misa el otro pasatiempo nacional, se puede conseguir cualquier cantidad de comida rápida en las afueras de la iglesia. Y en los semaforos, pero esa es otra historia. Mangos (con limón y salecita), raspao (algo así como un granizado), mamoncillo, guamas y demás frutas, empanadas, carimañolas, quibbes, patacón con queso y para los cosmopolitas perro caliente adornado con huevo de cordoniz.

En semana santa, además estaban disponibles para el consumo los dulces de lo que sea, huevos de iguana y para los amantes de la aventura: guiso de icotea. Eso sí: nada de carne, de res o de pollo o de cerdo o de cordero. La seriedad con la que seguiamos este requisito era una medida directa de nuestra fe en Dios.

Tampoco se podía salir. O para ser más precisos, tampoco teníamos a donde ir. Podíamos contar con que todo establecimiento, laico o no, de dudosa o respetable procedencia, cerraba las puertas al público el martes a más tardar, y reabría el lunes siguiente con los pies lavados y con el redentor resucitado. Con eso también podíamos contar: con que siempre resucitaba.

No siempre fue así, pero reconforta igual, este tiempo en que hemos dejado de vernos a diario, pudimos encontrarnos en la fuente que todo lo ve y todo lo provee y todo lo perdona, aún a nosotros que no vemos, no proveemos y no perdonamos nada.

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