Santa Maradona

Terapia oct 13, 2011

La idea es evitar que la olla a presión que lleva uno por dentro explote sin aviso previo, sin dar oportunidad al transeúnte desprevenido de encontrar refugio. Le cuento sobre mi alter-ego. Hace muchos años ya estaba leyendo una novela llamada Satanás, del escritor colombiano Mario Mendoza, que tiene un cantidad tremenda de referencias a Dr Jekyll y Sr Hyde, y eso me hizo pensar, qué tal si todos somos en realidad dos, eso me hizo concluir, todos somos en realidad dos, pero sucede que en la mayoría de la gente eso no se nota porque uno de los dos, ya sea el Dr o el Sr gana por goleada y entonces el espectador distraído concluye que solo hay una entidad posible. El problema ocurre cuando la competencia es más feroz, más pareja. La solución que propuse hace muchos años ya fue crear un alter ego, que vive únicamente en internet, esto más que todo para evitar confusiones con terceras personas, en realidad vive en todas partes. La regla es que el alter ego puede ser quien quiera que sea en internet, no hay límites, si quiere tener un audi tiene un audi si quiere hablar con los ricos y famosos habla todo el tiempo con ellos y los tutea. Pero entonces algo inesperado ocurrió. El alter ego se convirtió en la válvula de escape de todo lo demás y fue monopolizando lenta pero seguramente todo el comportamiento que es por decirlo de algún modo socialmente detestable. El ego de este lado veía este asunto con admiración porque cuando uno lo piensa bien lo que encontramos detestable en la sociedad por lo menos de este lado de la ley es aquello que no podemos ser por convicción o por prejuicio. Y eso estuvo bien por un tiempo pero estas cosas tienen su manera absurda de proceder subversivamente que es la única manera de explicar lo que aquí sucede, que es lo mismo que decir que el alter ego convenció al ego de este lado que el alter era la única manera posible de ser o por lo menos que era divertido e inofensivo ir intercambiando posiciones aleatoriamente de la misma manera que hacen los gemelos idénticos para sacar de quicio a quienes no pueden distinguir cual es cual. Y este comportamiento, inconcebible para usté o para mí, habitantes de este mundo enorme, hubiera seguido pasando en desapercibido si no es por la realización casual de que cuando el alter ego mueve los hilos de la ira la ira se manifiesta con un dolor intenso al sur de los omoplatos. Cuando esto ocurre, no hay manera de detenerlo pero ofrece la oportunidad de alertar al transeúnte desprevenido que de momento hemos perdido el control.

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