Santa Maradona

Super 8 jun 24, 2011

Super 8 es dos peliculas, superpuestas como dos partículas cuánticas. Una es la historia de un grupo de niños haciendo una pelicula de zombies. La otra es la historia de algo, terrible, que al mismo tiempo está ocurriendo en un pueblo de Ohio.

Es el final de la década de los setenta, Joe Lamb, Charles y sus amigos están obsesionados con hacer una pelicula de zombies para participar en un festival de cine local. Charles es el director y guionista, intenso, ambicioso; Joe se ocupa del maquillaje y efectos especiales, callado, talentoso, sobreviviente; Cary, Preston y Martin completan el grupo, pirotécnicos, reservados, soñadores. Y por supuesto, Alice, la princesa en este cuento de hadas para niños. Muy temprano en la pelicula Charles tiene esta idea de que el protagonista de su pelicula, el investigador que intenta devolverle la vida a los zombies, necesita una esposa. Para involucrar emocionalmente al público y tal. Alice es la esposa. La que interpreta a la esposa, la musa, la fuerza de gravedad en esta tropa fuera de quicio y la que tiene, oh fortuna!, acceso al auto que moviliza al grupo. En la escena que activa todo, los héroes se disponen a rodar en una estación de tren. En esas están cuando en el fondo se ve venir una locomotora a toda velocidad, algo imprevisto pero una oportunidad de oro para darle vida a la acción. Ajenos están a lo que está pasando del otro lado. Una camioneta se mueve rápidamente en dirección contraria al tren, chocan de frente, el tren vuela por los aires. Es una escena espectacular, imposible.

En el tren había un pasajero. Y ese es el principio de la otra historia.

Es una pelicula llena de nostalgia, por ese breve momento de la niñez en la frontera de la adolescencia, por los años maravillosos. Por el tiempo en que la imaginación era lo único que había y era suficiente. En cada momento, esta sensación es palpable, en la audacia de crear una pelicula, en la felicidad de los amigos, en ver a tu Alice, la que todos encontramos, por primera vez y saber que de ahí no se regresa. Me hizo recordar a mi amigo Camilo que no usaba los cuadernos para copiar las lecciones del quinto grado. En su lugar, los llenaba con garabatos varios, abstractitudes que para el ojo experto obedecían al patrón de una aventura. Preguntarle por razones era encontrar historias de batallas, de naves espaciales, vaqueros y futbolistas. Eran solo lineas en un papel o eran historias de reyes y leyendas y hombres de pan de jengibre.

Super 8 me pareció eso, la historia fantástica de niños encandilados por la posibilidad del arte, del cine, contada por ellos mismos, sin la contaminación de la nostalgia que vendrá después y con la irresponsabilidad de una imaginación fuera de control. Están todos los ingredientes, el misterio absurdo, los enemigos del bien indistinguibles de la autoridad adulta, los amigos del principio y de siempre, la chica primera, la certeza premonitoria de que, como dice el escritor, esos recuerdos se borrarán pero quedará otra cosa en su lugar.

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