Santa Maradona

Silencios de otra clase jun 01, 2014

Le estaba contando a OK de esta anécdota que había leído en una de las biografías supongo que es una deben haber muchas ya de David Foster Wallace1 que me había tocado no sé por qué por esas cosas que uno atribuye a la propia sensibilidad y que ahora volvía a recordar cuando OK empezó a leer apartes de la página que Wikipedia le dedica a Café con aroma de mujer, una novela que capturó el corazón y la atención no necesariamente en ese orden de la Colombia de los noventa. Fue difícil vivir los noventa. OK es (creo) bogotana y conserva la dicción correspondiente que es usté habrá oído el termino muy musical; pero cuando habla en inglés le da un carácter más formal a su pronunciación. Como si en lugar de estar hablando de una telenovela colombiana estuviera hablando de una telenovela colombiana en una reunión de emergencia de la Organización de las Naciones Unidas. Entonces es cuando recuerdo la anécdota del escritor y trato de imaginar si es posible imaginar una novela más árida y antipática para leer en voz alta y si uno decide que sí que es posible imaginar otras muchas otras en donde no pasa absolutamente nada pero carecen del consuelo del lenguaje llamativo y virtuoso y consciente de su virtud del Ulises entonces usaría usté una entonación que le combine o se dejaría llevar por su pronunciación coloquial que lo que importa es la personalidad y la compañía.

Hay mejores formas de irse a dormir, es lo que quiero decir.

Que la gente siga leyendo en voz alta es una cuestión en desuso. La gente adulta, digo. Otra forma de verlo es que de todas las nostalgias que nunca llegaron a ser es esa de que me lean en voz alta el Ulises, o di tú, El otoño del patriarca. Es mejor haber leído y escuchado que nunca haber leído. O algo. En Estados Unidos, en donde al parecer entusiasma la idea de comercializar cosas, la profesión de Oyente Profesional existe. Un poquito menos que un psicólogo terapista profesional, un poquito más que un extraño con el que compartes asiento en el bus. Le llevas los problemas, te desahogas la vaina y por una módica suma ellos prometen escuchar activamente y decir que entienden y no interrumpir y no juzgar y sobre todo no dañarlo todo con sugerencias de como arreglarlo todo.

Pero no existe, por lo menos a saber de este servidor, un lugar ocupación o destino al que uno acuda a escuchar una voz que te cuente cosas nada serio nada personal nada que amenace que de amenazas ya estamos llenos que no permita interrupción pero que solo esté ahí para ti y tu soledad. O algo. O algo menos cursi.

Yo alcancé a creer, en su momento, que Gaviota y Sebastián Vallejo eran hermanos y la vaina no iba a poder ser. De eso es lo único que me acuerdo.

[1] De Every love story is a ghost story, una biografía de DFW2:

“After the children were asleep, the Wallace parents would talk, catch up with each other, watch the 10 p.m. evening news, and Jim would turn the lights out at 10:30 exactly. He came home every week from the library with an armful of books. Sally especially loved novels, from John Irving to college classics she’s reread. In David’s eyes, the household was a perfect, smoothly running machine; he would later tell interviewers of his memory of his parents lying in bed, holding hands, reading Ulysses to each other.”

[2] Una traducción torpe:
“Después de que los niños se dormían, los padres de Wallace hablaban, se ponían al día, veían el noticiero de la noche, y Jim apagaba las luces exactamente a las 10:30. Jim llegaba a casa todas las semanas con un montón de libros que sacaba de la biblioteca. A Sally le gustaban especialmente las novelas, de John Irving a las obras clásicas de la universidad que ella releía. En los ojos de David, la casa era una máquina que funcionaba perfectamente; tiempo después él le contaría a entrevistadores la memoria de sus padres en la cama, tomados de la mano, leyéndose Ulises el uno al otro.”

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