Santa Maradona

Signos Invisibles oct 24, 2012

Un saludo a los que nunca llegaron tarde a clase. A los que convirtieron el síndrome de abandono en una excusa que promover. A los que nunca pudieron subir la cuerda. A los que hicieron la mitad de la media maratón a pie. A los que perdieron a su mejor amigo al enamorarse al mismo tiempo de la misma profesora. A los que se dedicaron a soñar primero, y una vez despiertos no supieron qué hacer con el insomnio. A los que jugaron por las reglas aún cuando las reglas se acabaron. A los que ven con encanto una conversación sin rumbo fijo pero se aturden ante una conversación banal sobre el clima y el qué más qué has hecho. A los que no saludan. A los que comen solos. A los que arreglan todo con galletas, o una sonrisa imposible de resistir. A los que se pusieron nerviosos hablándole a las chicas. A los que vieron en ello una bendición al encubierto, de cuántas catástrofes se habrán visto librados. A los que dejaron de creer. A los que nunca creyeron. A los que no son de aquí o de allá. A los que hacen sanduche de mantequilla de maní y mermelada de guayaba. A los que modelaron su idea de ser padre mirando al suyo propio y luego corriendo en la dirección contraria. A los que salen media hora antes de la hora señalada. A los que de primero se comen lo más sabroso del plato. A los que prefieren el té al café. A los que llevan dos décadas oyendo la misma música. A los que no saben nadar. A los que le tienen pánico a los perros. A los que sólo se les ocurre algo bacano que decir cuando el momento ha pasado. A los que una vez saludaron de vuelta a alguien que en realidad saludaba a quien estaba detrás. A los que leen novelas de amor y muerte. A los que se graduaron suma cum laude de la universidad de la vida. A los que nunca quieren así sino de esta otra más aburrida manera. A los que vinieron a este mundo a sufrir. A los consentidos de la mamá. A los que no ubican el momento en que los papás se volvieron otras personas que criar. A los que viven todos los días como si fueran domingo. A ustedes. No hay un lugar en el mundo para ustedes, aún si eso nunca les impidió buscarlo.

Y qué bueno que están aquí.

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