Santa Maradona

Promesas nov 10, 2013

Hubo un tiempo, hace muchos años, en que creía que una manera de balancear el karma era negociando con el universo. Haciendo promesas en la línea estricta de la causa y el efecto, en nombre de tal resultado hago este sacrificio y así. Pero esto fue hace muchos años y mi perspectiva de lo que era el sacrificio era no solo limitada y absurda, era también un razonamiento circular. Era, por decir lo menos, la simple negación de un exceso de por sí innecesario. Si a mi papá no vienen a cobrarle esta semana, no tomo coca cola durante dos. Si me va bien en el examen, no me masturbo por una semana. Si mi mamá me presta la moto, la usaré para echarle los perros a Dora Luz, pero solo a ella. Como digo, absurdo. Nunca llegué a practicar el deporte de la promesa extrema. Mi mamá a cambio de alguna vaina prometía caminar los cuarenta kilómetros hasta llevar una ofrenda al santo patrono de su pueblo. Una vecina a cambio de la pronta resolución de un dilema financiero prometió no cortarle el pelo a una de sus hijas por los siguientes diez años. Un vecino hizo lo propio con las uñas de uno de sus hijos. Todo por el gusto. Todo con una intención soñadora y vana de encontrar menos indiferencia en el mundo, de promover una conspiración a favor o por lo menos de que haya una menos en contra. Y todavía, a estas horas, seguimos insistiendo.

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