Santa Maradona

No ficciones jul 16, 2012

Entonces me dio por leer solo libros de no ficción. Empezó de quién sabe qué forma. Con David Foster Wallace, supongo. Luego una cosa llevó a la otra. Me pasaron un artículo sobre la evolución y la cooperación y me quedé pensando en la evolución. Particularmente en qué significa exactamente en términos evolutivos que en estos tiempos la gente no se quiera reproducir. Es esa rebeldía una curiosidad apenas, o es algo más, la naturaleza tratando de recomponer el camino, por ejemplo. Eso llevó al libro de mutaciones, no me acuerdo cómo. El caso es que encadené varios libros de no ficción; una categoría que no me gusta, por la misma razón que algunas personas no leen ficción: simplemente me parecen aburridos, una inspección de la realidad sin imaginación alguna, etc. Lo que es decir que no me gustan de puro snob. No me gustan para poder decir que no me gustan. Algo que me funciona mucho, sobre todo ahora que ya pasó esa temporada en que uno necesita impresionar al prójimo, la prójima, la nena, la musa.

No sé por qué sigo leyendo. No necesito leer. En unos meses se me habrá olvidado todo. (No puede ser tanta intensidad con algo tan sencillo). El NY Times alarmó a todos acá el fin de semana con un texto sobre como después de los 30 es más difícil tener amigos. Lo único aspirable es tener gente a la que uno conoce. Para mí los amigos que nunca he tenido son aquellos con los que puedo hablar de libros. Supongo que por eso leía, leo, con la esperanza de encontrar algo en común con el tipo de gente que quiero tener algo en común. Como decía, todo muy snob.

La mala noticia es que ya casi nadie lee. Y con razón. Mire por ejemplo ese ladrillo llamado The Beginning of Infinity. Lo compré porque me gustan las ideas que el man tiene sobre mundos paralelos y sobre viajar en el tiempo (uno sale en la máquina y cuando llega lo hace a un universo distinto!). Pero por supuesto que el libro está por encima de lo que puedo dar. Y lo que yo puedo dar no es mucho, es, en esencia, es un deseo enorme porque el autor reduzca, tal vez en una futura edición, el contenido de cada capítulo a 140 caracteres o menos. Será mucho pedir.

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