Santa Maradona

Memoria mar 07, 2012

Papa went to other lands
And he found someone who understands
The ticking, and the western man’s need to cry
Older Chests, Damien Rice

Entonces mezclé la pastilla de la felicidad con dextrometorfano y fenilefrina y ahora voy por ahí sin poder abrir los ojos del todo, sintiendome bien, y viendo todos los colores de la humanidad como me dicen acá, viendo la verdad en las cosas, menos en carne viva y haciendo alarde de este recién encontrado chaleco antibalas para los pesares del mundo. A veces temo que la fiebre derrita el chaleco, esta membrana mucosa impermeable a las emociones. Y lo sueños, de dragones y damiselas, ese estado feliz de no saber si lo viste, lo soñaste o es precognición.

Isabel y Hugo leen esta anécdota de los principios del cine. Los hermanos Lumière presentaron esa primera pelicula, un tren llegando a una estación. Y la audiencia expectante cuando vio venir el armatoste no supo que hacer, mejor quitarse por si las moscas. Porque nadie había visto algo así. Eso no se podía. Y sin embargo se pudo. Y no puedo dejar de preguntarme si la gente que no tiene estas ventajas de chalecos antibalas y membranas han visto algo por primera vez, algo que nunca más nadie había visto antes.

Están las pequeñas victorias. Oir el ruido de la conexión de un modem por primera vez; ver a Maradona esquivar rivales como si no estuvieran ahí, él, la pelota y ahora vos; oir a Radiohead y pensar mierda ahora no me va a gustar nada más; ver a tu cielito lindo y luego pasarte la siguiente década buscando desesperadamente ese sentimiento primario y no encontrarlo jamás, apenas un mar de silencio y tal. Pequeñas victorias.

Oliver Sacks cuenta la historia de Clive Wearing. Clive sufrió una enfermedad y ahora no puede recordar nada, ha perdido la capacidad de generar nuevas memorias. Clive lleva un diario y en el diario marca su estado actual. “A las 2:10 PM: a esta hora me despierto… 2:14 PM: a esta hora finalmente despierto… 2:35: a esta hora completamente despierto… 9:40 PM: a esta hora me despierto por primera vez, a pesar de lo que haya afirmado anteriormente.” Dicen los cientificos que las memorias más puras viven en la gente que no puede recordar. Clive no tiene memorias, todo lo ve por primera vez. Y no tiene otra alternativa que la locura. Y a los románticos les gustará saber que de todo ese desconcierto Clive vuelve a la vida en la presencia de la música y de su esposa Deborah. Lo último que muere es el amor y todo eso.

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