Santa Maradona

Martes ago 09, 2011

Mi terapista me dice que debo advertirle a la gente que la depresión a veces se manifiesta en formas inesperadas. Tal vez un observador la advierta como un aumento en el nivel de cinismo, o un temperamento más bilioso, o un genio más inestable.

Yo le digo y qué haremos con quienes no entienden que a veces yo juego a ser el abogado del diablo.

Esa gente se da cuenta de eso, me dice, no son tan tontos como crees.

Yo le cuento la historia de Hugh Everett.

Hugh Everett fue un tipo genial que hace unos años propuso una teoría kamikaze en la física moderna contemporanea. No la entiendo bien, pero lo poco que entiendo es que el hombre encontró una ecuación matemática que predice que todo lo que puede suceder sucede, que constantemente nos estamos dividiendo multiplicando en muchos mundos.

¿Cuántos mundos?

Muchos mundos, pero el número no importa tanto. Lo importante es que todo lo que puede suceder sucede. Estuve leyendo la tesis de Everett para dar con la ecuación esta, a ver cómo se ve. Pero el asunto es tan árido y mi alcance matemático intelectual tan corto que no he avanzado demasiado.

Everett encontró la teoría en un momento confuso para la ciencia contemporanea. Niels Bohr le había heredado a Einstein el trono de patrón universal del pensamiento físico. Era un momento confuso por los resultados recientes de la teoría cuántica. Un tipo había dicho antes que un gato podía estar vivo y no-vivo al mismo tiempo. Y se armó el desmadre. Entonces Bohr, muchos años después, salió a aclarar el asunto. No se me asusten, lo que pasa es que esta dualidad de la que ustedes hablan deja de existir una vez hay un observador. Una vez el observador observa la cosa es una cosa o es la otra. Todo depende del color del cristal con que se mire. Le dió un nombre barbaro: la interpretación de Copenhague. Porque el tipo era de allá, de Copenhague. Y no porque haya habido un héroe llamado Copenhague en alguna parte de esa historia, que fue lo que creí yo siempre.

Y entonces Everett, el genio de los huevos de oro, dijo que no, que muy teorizantes ustedes, parecen bloggers colombianos, que la opción más clara a tomar en estos casos es la más simple. El asunto de escoger es una mera distracción, no hay una sola realidad, hay muchas.

Creo que te saltaste un pedazo.

Me lo salté porque se nos acaba el tiempo. Lo más grave fue que Everett viajó hasta Copenhague, la ciudad, a visitar a Bohr y mostrarle la teoría. Y Bohr se pegó que emputada. Le dijo que cómo se le ocurre. Y le dijo cuanta vaina. Y como Bohr era un tipo tan importante, a Everett no le sentó muy bien la critica. De hecho, le sentó muy mal. Y cayó en una depresión muy tremenda. Abandonó la academia y se fue a trabajar para el gobierno. Y el mundo perdió un genio de esos que no se ven muy seguido.

Entonces, pienso yo, tal vez la depresión se manifiesta de maneras inesperadas. Tal vez lo obliga a uno a escoger un camino en lugar de otro. Tal vez se paga un precio muy alto a veces.

Tal vez.

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