Santa Maradona

Los libros que no ayudan may 24, 2011

Yo leo libros de autoayuda. Es mi manía. Hace un tiempo leí que el escritor David Foster Wallace (favorito de la casa cuando la casa era hipster) también leia libros de autoayuda y me sentí en agradable compañía. Luego caí en cuenta que el tipo acabó suicidandose y entonces ya no tanto.

La gente que se suicida es gente que por razones ciertas o equivocadas no quiere estar con uno. Tal vez en el fondo fondo si, pero en realidad no. Por eso se van.

Los leo desde que tengo memoria, pero el asunto tomó fuerza hace unos diez años, justo antes de este exilio autoimpuesto y tal vez a propósito del mismo. Lo recuerdo bien porque el libro en cuestión fue un regalo de mi amigo Camilo que fue el que me animó a venir acá y fue una especie de terapista ipso facto cuando los inviernos niuyorquinos se mostraban retacones. La historia del libro era la historia de un caballero con un armadura oxidada.

Luego leí el Libro de Job.

Hay muchos libros de autoayuda. O de superación, que llaman. Los hay explicitos que son los que responden a la definición tradicional. Cómo ser feliz, Cómo adelgazar, Cómo evitar que tu pareja no se aproveche de tus sinceros sentimientos. Vainas así. Aquí también clasifican los libros que mezclan la espiritualidad y el zen contemporaneo como las series del chocolante caliente, y los libros de angeles. También los hay de carácter profesional. Por ejemplo los que lidian con encontrar el queso perdido, manejar mejor el tiempo, ser más emprendedor y mis favoritos de este grupo: como hacer vainas rápida y eficazmente.

Los leo porque he querido encontrar la razón de mi nostalgia. Hay una palabra en inglés longing que es la que pienso cuando pienso en nostalgia. Es lo mismo pero diferente. Para mi es una vaina física, como sentir hambre.

Hace poco lei uno de esos libros que traía un mensaje inquietante. Se llama “The Drama of the Gifted Child”. No sé si ha sido publicado en español. Una mala traducción sería algo como El drama de los niños dotados. Lo de dotado no tiene nada que ver con inteligencia sino con la gran capacidad que tienen (ciertos, casi todos) los niños para responder emocionalmente inconscientemente a los estímulos de afuera, generalmente de los padres. Las emociones son un nervio expuesto que se alimenta y es lastimado por lo que viene de afuera. Una vez maltratado, el nervio no cicatriza, no del todo, y sus efectos se arrastran para siempre.

Qué tan grave es la cosa? Así de grave:

Todo lo que [la persona adulta] hace lo hace con la esperanza de que alguien lo ame de la misma manera que alguna vez, cuando niño, necesitó ser amado con tanta urgencia; pero aquello que no se vive en su momento apropiado, en el pasado, no puede ser alcanzado más tarde (…) El niño debe adaptarse para mantener la ilusión del amor, el cariño, la generosidad, pero el adulto no necesita de esa ilusión para sobrevivir (…) [Los que acaban deprimidos] no logran aceptar que esta perdida o la ausencia del amor ya ha ocurrido, y que nada podrá cambiar esta realidad.

O como dice el Joe, agua derramada no hay quien la recoja.

El trauma la tara el sobrado de la niñez parece encontrar una vía de escape cuando el adulto a su vez se convierte en padre. Es la oportunidad para, digamos, recoger lo que es de uno, de devolver con hierro el hierro recibido. Esto se hace inconscientemente. El adulto no tiene ningún control sobre esto. Simplemente ocurre. Eternizando el circulo vicioso de traumas heredados.

Esto es una mala noticia para el descendiente.

No es una idea del todo novedosa. Seguramente usté habrá escuchado hipótesis similares, casi siempre descendientes de teorías Freudianas. Pero la que aquí nos ocupa tiene muy poco que ver con Freud.

En una rareza (esta es la parte más desconcertante) para un libro de autoayuda la autora no propone soluciones al adulto que sospeche encontrarse en la encrucijada. La única salida parece ser encomendarse a la terapia (sicológica?, siquiatrica?) que le permita reconocer las emociones, aceptarlas y hacer las paces con ella. Más concretamente, el asunto pasa por emputarse con los papás de uno y con la forma en que se cagaron en la vida de uno cuando uno era indefenso y buena gente y ellos no.

Siganme los putos.

Yo no creo que mis padres fueron buenos padres. Esto no quiere decir que no los quiera, es solo que en la vaina de criar hijos ellos no fueron los mejores. Dependiendo de donde usté venga criticar a los padres es un tabú. Simplemente no se hace, mire que esta gente es la que lo alimentó, lo vistió le dió (tal vez) una educación. El estandar varía. En unos se espera que sean incubadoras de genios, en otros basta con que no abusen del menor. Mis padres no fueron buenos padres. Lo que no quiere decir que los odie, que no me preocupe su bienestar, que no los llame seguido a ver como están.

Tampoco creo que uno sea mal padre de forma deliberada; es un accidente, con consecuencias pero accidente al fin. Mi cinismo no me da para más.

Usté tuvo buenos padres? En una escala de 1 a 10, 1 siendo el Unabomber de las paternidades y 10 el arequipe con queso de la paternidad (lo mejor, pues) en donde se ubican?

No creo que hayan tenido un matrimonio particularmente feliz. Empezó bien la cosa pero las vainas se fueron diluyendo, cosas se fueron aplazando, otras se fueron olvidando. Nada es para siempre. Es lo que se dice en estos casos. Peleaban mucho, se trataban muy mal. Puede uno decir que tambien se querían mucho y que estaban en ese limbo al que van los enamorados que no son el uno para el otro. Pero eso usté lo dice porque cree que los santos sudan.

Tambien nos pegaban. A los hijos. Tambien se pegaban entre ellos. Hay que admitir los desatinos aunque sea a nivel intelectual y mirarlos de frente por lo que son. Que si hay explicación posible? quien sabe. La ira tal vez. Pero igual, importa? Es como cuando en las noticias le hablan de algun crimen y le agregan que “se desconocen los moviles.” Como si conocer los moviles devuelva el estado de las cosas al momento en que estaban antes del daño. Le sirve a algunos, casi nunca a los que vivieron el drama.

Con correas, más que todo. Tuve noticias de otras familias en donde los métodos eran más variados. Cables, palos, oimos la noticia no confirmada de que a un amigo lo recibieron a planillazos. Las heridas sangraban, dejaban hinchazones. Dolían. Más dolía la rabia.

En diciembre en Medellín, de visita en el museo Explora, una mamá enfrentaba a palmadas a su hijo inconsolable. Primero con cachetadas, luego con el puño medio cerrado, luego cerrado del todo. Si vas a llorar, llora por una razón, decía. Cada golpe era, debemos concluir los espectadores, el niño también, una de esas razones. Qué es lo más práctico para hacer en estos casos? Para el niño el prospecto parece simple: dejar de llorar evitará más golpes. Si tan solo fueran esos golpes los que causan el llanto. Yo lo ví y no hice nada. Culpable es uno también. Desde el día que se inventaron las excusas, decían las señoras.

La otra cara de la moneda es que me dieron protección, un techo, comida y me vistieron. Para algunos eso es suficiente para aguantar el resto. Para otros no lo será tanto. Aguantaría usté una golpiza diaria a cambio de una educación en Harvard? qué tal una golpiza dia por medio? No hay que leer mucho en esto, pues es mera teoría: yo no fui a Harvard.

A donde voy con esto? a ninguna parte, esto es un blog, un simple blog, y este post ya está muy largo. A mi me sorprende que usté haya llegado hasta aquí para serle honesto.

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