Santa Maradona

Lo cotidiano no es parábola mar 30, 2013

I’m too busy to see you
You’re too busy to wait
But I’m okay, how are you?
Thanks for asking, thanks for asking
But I’m okay, how are you?
I hope you’re okay too
Palo Alto, Radiohead

1.
Los oficinistas vivían en desdicha, irascibles, se reunían a horas impredecibles en lugares predecibles a quejarse del orden mundial, monólogos repetitivos en el contenido y en el tedio sobre lo mal que anda todo, que nadie hace nada por arreglarlo, que de todas maneras ya es demasiado tarde para intentarlo. Cuando los acompañé, siempre escuché, nunca lancé uno de los monólogos míos. Cuando fue el momento de dejarlos y cambiar de trabajo le pregunté a uno de los asiduos de ese descontento, por qué seguían allí. Este es, después de todo, un período próspero, lo es por lo menos para ésta clase de oficinistas del servicio y acarreo de bytes, y el conseguir una nueva aventura no se antoja utópico. No eran quejas, me dijo, estaban siendo honestos a su verdad, su doctrina es la infelicidad, en ella son completos, y no se van porque aquí se tienen los unos a los otros.

2.
La vecina golpeó a la puerta. En la mano tenía una pequeña pieza evidentemente separada con violencia de un carro. De su carro, me aclaró. Ha visto algo anormal, algún delincuente deambular en el barrio. Es lo que ha querido saber. Le dije no. Pero he visto la verdad. Estaba acá en la cocina, envuelto en la fabricación de una sopa de calabaza, cuando he oído algo retumbar, como un ruido de tambores afónicos, discúlpeme mis intentos por metáforas rebuscadas, es un defecto que traigo del pasado que es de dónde vengo, ¿usted también? qué curioso que vengamos de la misma parte y seamos tan diferentes, el retumbar fue el viento, no sé cómo explicarlo, un mini tornado en formación, fue una cosa maravillosa, levantó por los aires la mesa que tiene en el jardín, la rampa que usan los jóvenes para hacer maromas en sus patinetas, y toda la demás basura que usted mantiene frente a su casa y que ninguno de nosotros en la cuadra ve con buenos ojos. Es algo que los vecinos hemos discutido ampliamente. Fue la rampa la que una vez sin el soporte del viento ha caído en violenta libertad sobre su carro estacionado, ocasionándole heridas. No la culpo si decide no creerme.

3.
No es fácil crear un movimiento culinario. La mayoría, al escuchar la propuesta, se muestra entusiasmada, se deshace en elogios, llega (tal vez) al extremo de expresar interés en participar. Participación sujeta, cómo no, a encontrar el tiempo. No es fácil crear un movimiento culinario si antes hay que encontrar el tiempo. El colectivo de La Cocina Irónica compensa los pocos números y el escepticismo general por estas cosas con una inusitada pasión por la expresión libre de la emoción en medio comestible. Se reúnen cada semana en una sede que se rota entre las residencias de los miembros. No se discute de arte, asuntos actuales, anécdotas que no tengan conexión directa con la esencia del movimiento, no se hace “charla casual” (de hecho, hacerlo conduce a la expulsión unilateral), solo se cocina. Me invitaron hace un par de meses y la semana pasada fui a mi primera sesión de prueba. Sirvieron bisque de bocachico, langosta sobre una cama de arroz con huevo, coq au vin presentado con guantes de plástico para que los comensales comieran con las manos, foie gras relleno con quinoa y un colombiano presentó una interpretación de la bandeja paisa con frijoles fava importados de Egipto, tofu, quinoa y chicharrón, por supuesto. La próxima reunión es en mi casa y ya sé lo que haré.

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