Santa Maradona

La Prosa Bogotana ene 14, 2012

Le digo así pero no sé si esto tenga alguna dependencia geográfica, es más bien un decir.

La Prosa Bogotana es tal vez la más colombiana de nuestras prosas. La evolución lógica del costumbrismo y el realismo mágico. Un costumbrismo 2.0 sin los aspavientos mágicos de García Marquez, más reposada, menos local— los protagonistas siguen siendo colombianos pero ahora están regados por todo el mundo. El narrador es casi siempre un viejito bonachón, que hace una crónica novelada de un drama que ocurrió hace muchos años. Es un abuelo contándote una historia. ¿A quién no le gustan las historias de los abuelos? La prosa coquetea todo el tiempo con la poesía, y por momentos se descarrila del todo en plan lírico, aunque suele corregir rápidamente, a veces bruscamente, como un conductor que se está quedando dormido frente al volante y es despertado por la bocina de un auto en dirección contraria.

Leí La luz difícil, la novela más reciente del escritor Tomás González. Lo hice en una sola sentada, algo que es raro en mí, y lo hice todavía en Colombia, de vacaciones, algo que no acostumbro hacer, mi preferencia es por leer estas novelas que compro acá una vez esté de regreso a casa en gringolandia y sentir que mi estadía colombiana se alarga más y más. Pero el libro se veía cortico y más o menos inofensivo y había caído en cuenta que este Tomás González no es el mismo de La vendedora de coronas y entonces me sentía mal con ambos tomases que decidí leer esto otro para saldar mi afrenta imaginaria inventada.

En el avión leí Buda Blues de Mario Mendoza. Digo leí pero lo cierto es que no pude terminarla. Qué curioso esto. Hace unos años cuando era estudiante todavía, llegó a la universidad un académico colombiano de nombre improbable, Renato Pollagrande o algo así. Venía a hablar de la literatura colombiana después de García Marquez. Yo que pensaba que eso no era posible, asistí expectante. El auditorio, o bueno el salón de clases habilitado como auditorio estaba lleno, una mezcla de profesores aburridos y hipsters desubicados. La conferencia resultó un desastre. El conferencista no hablaba inglés pero creía hablarlo perfectamente, una combinación brutal. Los asistentes se fueron marchando uno a uno sin esperar el final. Yo apelé a mi solidaridad patriótica y esperé. Y tal vez animado por la ausencia de gente me animé a preguntar por exponentes de esta nueva camada de literatos. Me hablaron de Jorge Franco pero me advirtieron que me iba a desilusionar, me hablaron de Ricardo Silva, de Efraim Medina y me recomendaron especialmente a Mario Mendoza, particularmente a Satanás, su novela ganadora de un premio importante que ya no me acuerdo cual fue.

Acá una partecita de La Luz Difícil:

Busqué con la cara el cabello de Sara y aspiré su olor a limpio y cálida frescura, si se puede decir así, como buscando que me ayudara a paliar las llamaradas.

Note el si se puede decir así. Alguien que habla de paliar llamaradas ciertamente puede otorgarse la licencia de hablar de cálidas frescuras sin temor a ofender gramáticas de ninguna clase, que al fin y al cabo ya pasamos el umbral de como habla la gente en el diario. Y sin embargo el viejito bonachón quiere hacerte creer que no, que es un tipo normal, no un poeta, un hombre como tú y como yo. ¿Por qué diablos?

Eso me saca de quicio.

Me gustaba ese desespero de Mendoza. Me tragaba ese espejismo social tejido por los narradores. Que la gente buena es la gente humilde, que el dinero envilece, que los verdaderos intelectuales de Colombia son los que estudiaron en la Universidad Nacional y que no tenían manera de pagar por ella, y los médicos, los abogados, los que estudiaron en, qué se yo, Los Andes o La Javeriana, eran la putrefacción de toda la escoria de todo lo peor que tenemos que ofrecer.

Esas vainas ya no suenan como antes.

Serán los años.

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