Santa Maradona

La mano izquierda oct 31, 2012

1.

Las estadísticas lo confirman. El treinta por ciento de los penalties cobrados en el fútbol profesional son errados—¿A dónde van los balones que no se cambiaron por goles?— una cifra notablemente superior a lo que se observa en los entrenamientos. La razón, de acuerdo con investigadores que investigan estas cosas, tiene que ver con el susto tan brutal del escenario y la responsabilidad que experimenta el cobrador. El miedo a perder, el miedo a ganar. Ese pánico escénico, de nuevo según la ciencia de estas cosas, juega de local en el hemisferio izquierdo. Estamos hablando del cerebro. Al otro lado, al hemisferio derecho, van a parar todas las acciones de tipo mecánico, las que no conllevan tanta pensadera. Los investigadores sugieren, en consecuencia, que si usted se encontrase con la necesidad de, digamos, patear el penal de la victoria en el último minuto, o, digamos, recuperar la calma perdida en términos generales, es buen ejercicio alejar la acción del lado problemático y llevarla al lado parsimonioso. Un método práctico para lograrlo consiste en apretar la mano izquierda y moverla de algún modo y ver como las preocupaciones se disipan.

2.

Científicos de la Universidad de Cambridge consultaron a varios niños sobre un asunto de gran confusión. Tal vez usted no se haya percatado, pero cuando los niños quieren pretender desaparecer por completo, consideran suficiente y necesario el llevarse las manos a la cara y taparse los ojos. Es obvio que en términos de la desaparición el gesto no resuelve absolutamente nada. Las razones para el gesto son, por lo menos para un grupo de científicos en particular, de gran interés; y al investigarlo se han encontrado con que pertenecen al lado poético de las cosas. Los niños asumen que la experiencia de estar juntos es una vaina mutua y compartida. Yo te percibo porque tú me percibes y tal. Para bloquearte, basta entonces, con no participar. La percepción de una experiencia compartida por dos personas empieza, por ejemplo, con mirarse a los ojos. Mutuamente.

3.

Desde ayer, cuando miro el futuro, lo hago tapándome los ojos con la mano derecha mientras aprieto y aflojo ritmicamente la mano izquierda, como si de un corazón externo se tratase.

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