Santa Maradona

La Libre may 27, 2012

— Entonces de ahí viene el nombre…
— De ahí viene. En alguna parte escuché o leí que en español quería decir “libertad” y sin siquiera tomarme la molestia de verificarlo decidí que esto es. Si el éxito de esta desiderata es condición necesaria para el futuro, qué otro nombre se puede acercar más
— La libertad como condición esencial de estar vivo
— Exacto. Estaba leyendo a este autor que dice sin lugar a dudas que el único problema filosófico es este asunto de cometer suicidio…
— Camus, que veía el suicidio como el rechazo de la libertad, precisamente
— Y entonces te das cuenta que si la idea es que la vida vale la pena vivirla, la libertad es el método que lo hará posible
— ¿Y qué te da la libertad? ¿El amor, tal vez?
— La libertad es en el fondo una decisión, lo que crea una confusión mayor. Porque para decidir que seré libre, debo serlo. Es una contradicción. Y lo otro, lo que pasa es que vivimos con esta generación que creció oyendo a los Beatles o que creció oyendo a los papás oir a los Beatles, y nos hemos creído el cuento que el amor es el camino, la respuesta o que se yo. Y es una mentira. Es la mentira que nos gusta promover. Los enamorados, una vez descubren que no hubo nirvana, van combatiendo la desazón del estado que nunca colmó sus expectativas alimentando el mito este de las mariposas en el estómago y los sueños compartidos
— La gente se enamora para poder decir que el amor es el camino
— Y pues, no lo es. No puede serlo. Luego tienes a Hollywood alborotando las imaginaciones. Ahora no vas a otra parte sin suspirar compungido por cómo es que no tienes amantes desperados que van a al aeropuerto a despedirte suplicando que no te vayas, bajo la lluvia
— Entre más amas, más llueve
— Hollywood es culpable, como mínimo, de falsa publicidad. Esperamos demasiado de los amantes. Que sean, en ningún orden en particular, mejores amigos, confidentes, sicoterapeutas, amantes incansables, almas gemelas, buenos cocineros, arregladores de cuanta vaina se dañe en la casa, amas de casa, nuestros fanáticos más apasionados, entre otros. Es decir, por mencionarte unos pocos. Y nadie puede alcanzar semejantes expectativas. El amor se convierte entonces en el enemigo de la libertad. Cuantas veces se sorprende uno diciendo es que a mi nadie me ha querido queriendo decir nadie me ha querido como quiero que me quieran.
— Alguna gente, sin embargo, afirma que en efecto han encontrado eso que siempre han buscado
— (Risas)

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