Santa Maradona

La juventud eterna mar 28, 2011

En la tele, tarde en las noches, temprano en las madrugadas, un hombre en el proceso de vender una máquina que facilitara la tarea exponía las virtudes de tomar jugos naturales, de alimentarse bien, “uno es lo que come” decían las señoras. Vestido en una especie de chandal (sudadera, pues), ya entrado en años, sereno, enérgico, era imposible no creerle. Entre cuento y cuento, los protagonistas echaban la fruta por un lado y por el otro en cuestion de segundos un torrente delicioso, la fruta hecha jugo. Viendolo, yo pensaba menos en lo que debe ser vivir cien años y más en si la maquinita de hacer jugos que estaba vendiendo sobreviviría un nispero, un zapote, la pepa de un mango. Ahora, tiempo después, pienso mas en si es posible hacerle trampas al tiempo, obligarlo a que nos espera un poquito mas.

Un libro publicado hace poco le pone ciencia al asunto de vivir una larga vida. La idea, concluida de un extenso experimento cientifico, desafía la intuición. Esas vainas que le dicen a uno que son atajos para una vida larga y feliz pueden resultar siendo todo lo contrario. Un caballo troyano de proporciones irónicas. En una parte incluso, el libro se atreve a sugerir que esto de preocuparse no puede ser tan malo para el organismo, que todo depende del cristal con que se mire. Y es aquí cuando pienso que este libro fue escrito en comisión especial para mi persona. Porque si de preocuparse se trata yo soy el hombre que uste necesita.

Yo me preocupo por uste y por mi juntos. Me preocupo si voy a llegar tarde a la estación del tren. Me preocupo si el tren va a llegar tarde a la estación del tren. Me preocupo si la alineación planetaria ha sido la suficiente para que el tren y yo vayamos con la misma tardanza. Me preocupo si el desayuno tiene las calorias deseadas, menos o mas fibra de la recomendada. Me preocupo de si hoy es lunes. Me preocupo por la idea de no recordar bien si cerré la puerta esta mañana, de si el proyecto en que estamos va por buen camino, de si tengo libros buenos para leer, de si estoy en lo correcto al estimar los susodichos como libros buenos, de si mi jefe me saludó de esa manera bajo algun contexto en particular, de si esta camisa le sale a este pantalón, de si las complicaciones minusculas del dia a dia se traducirán algún dia en una explicación formal a la euforia improvisada a veces tóxica a veces académica de estar vivo viviendo, de si alguien todavia lee estas vainas, de como interpretar el silencio de los que leen, de si las placas tectónicas obedecen las propiedades transitivas y manñana california es una isla mas, de si el karma que tenemos y que acumulamos nos va a dar para tanto, de si uste está ahí y no es apenas el holograma de lo que fue.

La ciencia, a su manera, me acaba de aclarar el punto. Todas estas preocupaciones son, como diría mi mamá, si acaso por el gusto.

Lo curioso es que a mi no me interesa la vida eterna. Solo la urgencia de aprovechar esta unica oportunidad. Dijo un escritor famoso que la juventud es un desperdicio en la gente joven. Tal vez. Aun asi, es claro que yo no podría ser joven en estos tiempos de obsesión social. Yo supongo que es por eso que uno tiene hijos: la posibilidad de revivir, esta vez (aunque sea) en tercera persona.

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