Santa Maradona

La ilusión de lo posible. En París. jul 03, 2012

Aaron Sorkin escribe esta serie de tv llamada The Newsroom , un drama sobre lo que ocurre y lo que debería ocurrir en las salas de redacción que cuentan las noticias del día a la gente que las quiere oir. Este post tiene tres partes levemente unidas levemente. A mi me gustan los dialogos que escribe Aaron Sorkin, van super rápido, son inteligentes, son graciosos.

(Una curiosidad es que en The Newsroom estos diálogos casi siempre son interpretados en forma de gritos. Por alguna razón no del todo clara y que tal vez tenga que ver con transmitir un sentido de urgencia y acción a la cosa y a la causa pero que a mi me parece una gritería propia de una telenovela latinoamericana lo que me deja en medio de un sentimiento de nostalgia y de un sentimiento de nausea irreversible que no se acaban de combinar del todo).

La cosa con Sorkin, después de haberlo seguido en Sports Night, The West Wing, The Social Network, etc, (Hablemos de ese tremendo guión que hace TSN), es esta idea de que una cosa bien hecha (en el sentido moral) viene siempre precedida de una decisión (también moral) del ejecutante por hacerla. Esto es determinante. Alguien, casi siempre un soñador decide que la forma decente de hacer tal cosa es esta y ya estuvo. El resto, la secuencia de hechos que terminan en la cosa, se desprende de esa decisión como dominos cayendo muchas veces sin que el ejecutante tenga siquiera que intervenir.

Es una cosa muy difícil de vender en esta edad de la lujuria.

Hacia el final de Midnight in Paris, la película de Woody Allen, el protagonista tiene una epifanía. En lo que sigue revelaré un poco de la trama, si no la ha visto aún es prudente parar acá. Lleva varios días escapándose a través del tiempo y a la media noche al París de los años 20, la época dorada, en dónde el arte era más puro y genuino y todo eso. Y en el camino se encuentra con muchas luminarias, Hemingway, Stein, Buñuel, Picasso, Dalí, etc. La gente dura intelectual de esos tiempos. También se encuentra a una mujer que tiene lo que no tiene la prometida del tiempo presente. El punto es que el tipo tiene un problema y la epifanía es que no hay una época dorada, que todos son tiempos distintos y que para ser un escritor de verdad verdad debe abandonar la ilusión de que el tiempo pasado fue mejor. O algo así. Creo. Es posible que me esté acordando de otra película completamente diferente.

La cosa en esta edad de la lujuria es que la decisión moral esa, el momento en que decides ser el mejor escritor fotógrafo artista mensajero científico hace parte de la misma excusa que promueve, de la misma ilusión. No solo no basta, (no hay dominos que caigan después), es lo que evita que la intención del ejecutante logre algo para mostrar después.

¿Sí o pa’ qué?

Si ha llegado hasta acá, le tengo una admiración tremenda, qué paciencia la suya para leer estas vainas. ¿Se casaría conmigo? tengo una confusión así brutal que está ni mandada a hacer para esa paciencia suya tan profesa.

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