Santa Maradona

La forma de las cosas que vendrán jul 20, 2011

En Febrero llegué a la casa con dolor en el pecho. Lo que había comenzado varios días atrás como un malestar incómodo empezaba a llamar la atención con más urgencia. J., además, encontró alarmante que mi descripción del dolor incluyera apartes sobre dolor en el brazo izquierdo. Pero ya usté sabe cómo son las mujeres, siempre preocupándose por todo.

Me atendieron de inmediato en la sala de emergencias. Al parecer, mi dolor tenía precedencia sobre el dolor de los que esperaban desde antes. Esto nunca me había pasado. Tampoco es algo que suela ocurrir en muchas otras partes. Imagínese usté haciendo fila para comprar empanadas en El Machetico y que alguien diga, el que tenga más hambre que pase adelante. La que se arma.

La enfermera hizo la entrevista de rigor. Donde le duele (en el pecho). De uno a diez, cuánto le duele (cinco. Nunca me he animado a responder esta pregunta con un número del 5 al 10, imagino que lo he estado reservando para otra ocasión o para no tentar el karma). La interpretación cuántica de la realidad requiere la manipulación de espacios de Hilbert (no hay que sufrir mucho por eso, un espacio de Hilbert es simplemente una generalización de un espacio Euclideano). ¿Simplemente? (más o menos) Es la primera vez que siente dolor en el pecho (no que recuerde, y si no lo recuerdo entonces podemos asumir que no). Qué otros síntomas tiene (ningún otro, solo este dolor) Algún cambio en el trabajo o vida personal que le haya generado más estrés del normal (vivir al borde de la espectacularidad siempre tiene sus riesgos pero nunca se ha oído que uno de ellos sea detener corazones).

Primero lo empelotan a uno y luego lo llenan de cables. Le ponen un sensor en los dedos, en por lo menos cinco partes del pecho, en la cabeza (aunque este creo que era el médico mamando gallo). Satisfecha con su labor, la enfermera (que no era la misma de la entrevista) hizo una última inspección al monitor, me preguntó que si necesitaba algo (que me quite el dolor del pecho) y se marchó y no la volví a ver nunca más. El monitor era de esos que se ven en las películas, con números verdes y rojos y azules. Y hacía un beep armónico como el que hacen los camiones cuando van en reversa.

El médico examinó el balance sismográfico de mi corazón. Lo hizo por varios minutos, bueno, lo que pareció varios minutos, pudieron haber sido varios segundos. A veces volvía a examinar una sección que ya había examinado antes. Como suelo hacer yo con libros que son muy complicados. Luego me hizo varias preguntas, las mismas que me hizo la enfermera, y yo le respondí las mismas respuestas en caso de que se tratara de una de esas rutinas de policía bueno/policía malo que uno ve en las películas. Finalmente, mostró más alivio en los ojos que el que yo hubiera podido tener al decirme que todo andaba en orden, que podíamos descartar de momento una complicación cardíaca. De paso, aventuró alguna que otra hipótesis sobre lo que pudo haber sido, tal vez un nervio pellizcado, tal vez un músculo adolorido. J. propuso la teoría de un viento encajado en una costilla. Yo propuse la idea del Lupus y todo el mundo en la habitación dejó en claro que yo no había entendido el chiste.

— ¿Recuerda que estuvo acá hace varios días aquejado de un dolor en el pecho?
— Lo recuerdo
— Pues bien, uno de los radiólogos le ha dado un vistazo a las placas que le tomamos. ¿Recuerda que le tomamos placas?
— Lo recuerdo
— De momento no debe ser motivo de alarma pero él ha visto que los ganglios, sus ganglios, linfáticos son más grandes de lo normal
— ¿Qué tan grandes?
— Más grandes. La recomendación que le podemos dar es que visite su médico personal para que juntos traten de establecer la razón de la inflamación.

Puede ser una infección, puede ser linfoma, puede ser sarcoidosis, puede ser la manifestación de otra enfermedad autoinmune, puede ser la enfermedad de Hodgkin, puede ser una infección, puede ser cáncer, puede ser cáncer, puede ser cáncer, puede ser cáncer, puede ser cáncer. Puede. Ser. Cáncer.

Aplicaremos un anestésico local, explicaba la doctora. Joven aún, de acento y nombre ucraniano. Luego introduciremos una aguja, ¿quiere ver la aguja? (NO), está bien, casi nadie pide ver la aguja pero yo lo menciono por si acaso, y luego aspiraremos un poco de médula ósea. Si en algún momento llego a tocar un nervio me avisa y yo saco la aguja. Durante el procedimiento, le voy a pedir a su esposa que salga de la habitación, en el pasado hemos tenido varios incidentes en que los seres queridos se quedan para apoyar y luego se desmayan una vez ven la realidad de la aguja y de la sangre y entonces se arma un despelote, algo que no es bueno para nadie. (Y además yo que soy todo un varón no quisiera que mi mujer me viera llorando lágrimas de tristeza o de las otras.) Tampoco quiero asustarlo pero está por demás decir que en este procedimiento el dolor no es algo que se haga extrañar. Trate de pensar en cosas positivas.

De esas cosas que uno no tiene tiempo de preparar. Las cosas positivas en que pensar. Tal vez pienso, pensé, en el mundial de Mexico 86 cuando me encontré el fútbol por primera vez. Tal vez hago un conteo regresivo de los mejores momentos vividos. Tal vez abandono la categorización y simplemente pienso en los mejores momentos vividos. Tal vez trato de pensar en un problema al que no le haya encontrado solución, que se yo, algo complicado, o de entender algo, que se yo, la curvatura del tiempo en la interpretación relativista de la gravedad, tal vez pienso en cómo revivir el blog, que se yo. O tal vez pienso, pensé, en la consecuencia cuántica de los muchos mundos, del multiverso, en la ecuación matemática que predice que en cualquier coyuntura todas las posibilidades que pueden ocurrir ocurren y no solo una como uno cree, en un mundo estoy yo y el resultado es positivo, en otro mundo estoy yo y el resultado es negativo, en mundos tecnicolor con música de vangelis y poemas de Jairo Anibal Niño, y héroes nunca conocidos, y bolitas de cristal, y no tantos silencios.

No tantos.

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