Santa Maradona

Jiro sep 26, 2012

Barack Obama conversando con Vanity Fair suelta esta mini reflexión.

You also need to remove from your life the day-to-day problems that absorb most people for meaningful parts of their day. “You’ll see I wear only gray or blue suits,” he said. “I’m trying to pare down decisions. I don’t want to make decisions about what I’m eating or wearing. Because I have too many other decisions to make.” He mentioned research that shows the simple act of making decisions degrades one’s ability to make further decisions. It’s why shopping is so exhausting. “You need to focus your decision-making energy. You need to routinize yourself. You can’t be going through the day distracted by trivia.” The self-discipline he believes is required to do the job well comes at a high price. “You can’t wander around,” he said. “It’s much harder to be surprised. You don’t have those moments of serendipity.

Y un intento de traducción:

También es necesario eliminar de la vida de uno los problemas rutinarios que consumen a la mayoría de la gente en la mayor parte del día. “Puede ver que me pongo sólo trajes grises o azules,” dijo. “Estoy tratando de disminuir las decisiones. No quiero tomar decisiones acerca de lo que estoy comiendo o vistiendo. Porque tengo muchas otras decisiones para tomar.” Obama mencionó que la investigación muestra que el simple acto de tomar decisiones degrada la capacidad para tomar decisiones posteriores. Es por eso que irse de compras es tan agotador. “Hay que centrar la toma de decisiones de la energía. La rutina es necesaria. No puedo pasar el día distraído por trivialidades.” La auto-disciplina necesaria para hacer bien el trabajo tiene un precio alto. “No puedes deambular”, dijo. “Es mucho más difícil ser sorprendido. Hay poco espacio para la casualidad.”

Suena a que lo he oído antes. Sobre todo en estos tiempos, sobre todo en el contexto de internet y las redes sociales. Las distracciones son enemigas del trabajo serio, del que vale la pena. Son como Obama dice una vaina que tiene un efecto físico, que desgasta el doble. Como tratar de correr una maratón con alguien empujándote en el sentido contrario.

Pero esa es una manera de verlo. Porque Obama es el presidente de los Estados Unidos, por definición uno de los hombres más poderosos del planeta. Sus errores y aciertos afectan a mucha gente. Yo no soy Obama, usted no es Obama. ¿Qué nos queda a los dos? Otra forma de verlo es que cuando uno crece en un pueblo en donde para leer el periódico de hoy tienes que esperar hasta mañana, las distracciones son lo poco que te queda. Yo crecí en un pueblo de esos, huyéndole al aburrimiento de las dos de la tarde a cuarenta grados bajo la sombra terminé en otro país. La fuerza del destino, el poder de una idea, la búsqueda de la felicidad, ponle el nombre que mejor te guste. Y una vez ido, hice todo lo posible por regresar a ese tedio, a esa rutina, a lo predecible. Sigo en eso, ahora más que nunca alejándome de las distracciones que me entretienen, persiguiendo el bienestar de otra persona más importante que yo. Lo que no es una tragedia, obvio, tal vez lo contrario, es una misión, un propósito en la vida.

Jiro dreams of sushi es un documental sobre un man llamado Jiro que vende sushi en Japón en un restaurante en el que para comer hay que bajarse de unos 400 dólares. El man es lo que usté y yo llamaríamos un experto. Solo sabe hacer sushi pero lo sabe hacer mejor que nadie en el mundo. Jiro se rodea de expertos exclusivamente. El que selecciona el pescado, el que le vende el arroz, todos expertos. En el restaurante hay aprendices. Toma mucho tiempo llegar al punto en que puedes preparar sushi en el restaurante de Jiro, diez años, veinte años, tal vez ni eso. Es sushi, dirá usté, ni siquiera hay que cocinarlo. Eso mismo dije yo hoy, es código, bits y bytes, pixels, caracteres en una pantalla, qué tan difícil puede ser.

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