Santa Maradona

Japi nov 13, 2012

1.

En una esquina de una ciudad cualquiera, la ciudad que habita, usted de pie y en espera se encuentra un transeúnte. No es un turista, es un habitante más. Vecino Amigo Señor Señora, empieza en tono incómodo, estoy sin brújula alguna, podría indicarme cómo he de llegar a la plaza principal. Allá me esperan, prometí llegar en diez minutos pero lo veo improbable. Usted entiende. Usted se pregunta, en esta edad moderna de instrumentos comunicativos por doquier, cómo es posible encontrar la forma de perderse. Perderse se antoja improbable, piensa para sus adentros. Usted mira a su interlocutor. Usted mira hacia un lado de la calle, usted mira hacia el otro. Para llegar a su destino tendrá que ir tras sus pasos, le dice, evitando reír. Tenga los ojos abiertos, camine por la orilla, en algún momento hizo un giro con consecuencia. Su misión es evitar el giro. Esto es lo que dice, y luego usted no dice más.

2.

(Intervención Borgiana)

Dos transeúntes en discusión. Uno de ellos, el más viejo, se detiene y manifiesta alarmado. “La felicidad nos elude!” El más joven mantiene la calma. “No, solo a uno de nosotros.” Y desaparece.

3.

Usted es un transeúnte en la ciudad que conoce, su ciudad. Esto es, la que creyó conocer a la perfección aunque ahora la evidencia por lo contrario se torna innegable. En una esquina un hombre de sombrero de fieltro le invita a acercarse. Usted expone la duda, su duda. El hombre parece a punto de reír. Lo que propone es indecidible. Esto es, por lo menos, le será imposible saberlo desde donde usted se encuentra! Usted pierde la calma: “¡¿Hasta cuando usarás el mismo teorema?!”

4.

Die Welt ist verständlich!

5.

Esto es una tontería. Yo soy el transeúnte en todos los casos.

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