Santa Maradona

Fantasmas abr 10, 2013

Camino al trabajo escuché un episodio de Radiolab de hace varios años (!), titulado Where am I sobre lo que pasa cuando el cerebro y el cuerpo se desconectan con o sin razón. Dicen ellos (y Los Científicos) que esa vaina que uno llama miedo es la vaina que le sigue, la interpretación de algo, de una reacción fisiológica. Uno primero se asusta y después se da cuenta que se asustó. Y a veces la interpretación se queda aunque la fisiología haya dejado de existir.

Lo que es sorprendente.

Lo que es preocupante.

En las épocas con mi terapista ella insistía que hiciera el esfuerzo en reconocer la reacción del cuerpo ante una situación. Sentías una corriente helada en la espalda. Sentías dolor en el pecho. Sentías mariposas en el estomago. Ese camino de lo abstracto a lo físico es para mí una cosa imposible de recorrer. Toma algo de práctica, supongo, tal vez ni eso, tal vez haya que volver a nacer.

El punto es que hoy estábamos hablando de nerds y alguien comentó que fulanito el del otro extremo de la oficina es un nerd que no es nerd. Que aunque ha decorado su cubículo con afiches de Star Wars y muñecos de cuanta vaina ha llegado del Japón, en realidad lo hace no por una convicción que viene desde adentro sino en busca de una confirmación que llegue desde afuera. Las razones que motiven tal cosa permanecen de momento poco claras.

Seré yo un nerd que no es nerd. O un nerd a secas. Después de todo no me he familiarizado lo suficiente con la ciencia ficción de la comunidad, ya no leo cómics, ya no juego frente a una pantalla (me retiré del tema con el Super Nintendo), no conozco muy bien a Tolkien, o a Star Wars, de hecho esas películas las vi ya cuando era estudiante en Medellín y no causaron mayor impresión y ya francamente ni me acuerdo de qué iban. Cuando me gradué, el asesor de mi tesis me regaló un vasito conmemorativo en el que habían grabado una pequeña frase: “Live long and prosper” que me ha tomado un tiempo muy largo y vergonzoso en atar a la serie Star Trek. El punto es que no soy un nerd. Pero todo lo que va por dentro y que sale cada vez menos indicia lo contrario, que si lo soy. Y entonces mi condición de nerd debe ser como esos brazos fantasmas que suelen mencionar los amputados, que están cuando no están.

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