Santa Maradona

El daño en el baño nov 29, 2010

Hace un tiempo me contaban (leía?) la anecdota de cuando Henry Kissinger empezaba su gestión en el gobierno de Estados Unidos. En un encuentro con Daniel Ellsberg, entonces asesor para el desastre que era la guerra en Vietnam.

Al principio, te va a entusiasmar tener toda esta información – tanta información! increíble! – a tu disposición. Luego, te sentirás como un tonto por haber estudiado, escrito, hablado acerca de estos temas, las decisiones críticas y análisis realizados por presidentes durante años sin haber conocido la existencia de toda esta información, que los presidentes y otros tenían y que tu no, y que debe haber influido en sus decisiones en formas en las que ni siquiera podías imaginar. En particular, te sentirás tonto por haber literalmente codo con codo durante más de un década con algunos funcionarios y asesores que tenía acceso a toda esta información de la que tu no sabías nada y que no sabías que ellos tenían, y te sorprenderá el hecho de que ellos hayan guardado tan bien este secreto.

El mundo a veces parece el juego de adolescentes sin cabeza. Ayer, gracias al heroe de todos, un anarquizante llamado Assange, a través del sitio de todos, wikileaks, el mundo tuvo accesso a una serie de documentos secretos (o confidenciales) entre el gobierno estadounidense y varias de sus embajadas. Los documentos, dicen los que probablemente están repitiendo el análisis de los periodicos, son material jugoso, la reafirmación del schadenfraude, la puesta al descubierto de un gobierno corrupto, la confirmación de que la diplomacia mundial es un asunto a lo sumo, inmoral.

Antes de wikileaks, la gente pensaba que la diplomacia eran tres tipos tomando tinto, fumandose un cigarro, en tertulia dominical discutiendo los males del mundo.

En twitter había una discusión esencial. Cómo hacemos para traer todo este fenómeno de wikileaks a latinoamérica? Con la misma casualidad que se discute, digamos, una marca de champú o una clase de purgante, los que saben se ven en su deber de recomendar que el objetivo de un gobierno transparente se alcance con los mismos medios. Para wikileaks se necesitan dos cosas. Un genio con la motivación de un lunático que busque ante todo desestabilizar incluso lo inestable. Y, bueno, un soplón. Alguien desde adentro que nos diga lo que los de afuera no sabemos. Qué tanto y qué tanto no, se lo dejamos a la discreción y/o la audacia del informante.

A quién no le gustan los soplones?

Se han desactivado los comentarios a este artículo.