Santa Maradona

Dos Cines jun 21, 2011

El fin de semana ví dos peliculas, una detrás de la otra, comiendo empanadas y yuca con queso y suero, soñandome unos patacones y el guarapo frío de donde guarapito y recordando los tiempos en que íbamos a ver dobles en los cines del pueblo.

Unstoppable es ésta pelicula sencilla que uno de entrada sabe cómo termina pero que uno la vive igual y la sufre igual que si no lo supiera. El Gabo cuenta ésta anécdota sobre el comienzo de su Crónica de una muerte anunciada. Que al principio quiso hacer una especie de thriller y mantener al lector en vilo hasta el final, pero que desistió en su intento porque sospechaba que los lectores iban a hacer lo lógico: saltarse hasta el final para ver como terminaba el drama, y entonces decidió por empezar revelando que a Santiago Nasar lo matan y entonces a uno no le queda otra alternativa que quedarse a leer para entender cómo lo matan y por qué lo matan. A mucha gente le parece que lo bueno de la vida es lo impredecible, a mi me parece que lo impredecible le quita mucho de lo bueno a la vida.

En el pueblo había dos cines. El Cine Hindú y el Teatro Alaska. El Hindú se decantaba por los éxitos de Hollywood mientras que el Alaska traía lo último en cine mexicano. El Hindú era más moderno y cómodo, el techo del Alaska sólo cubría la mitad de la sala (algo que resultaba menos romántico de lo que usté se imagina) y quedaba más lejos de todo pero las peliculas que ofrecía eran mejores. Además a quién diablos le gustaría ver peliculas con subtitulos cuando del otro lado puede ver La de la mochila azul? A nadie.

Cómo hacía la economía del pueblo que a duras penas tenía para comer para sostener dos cines? que no digan que aquí no le apostamos a la cultura. La cultural espontaneidad irreversible de la pobreza.

En ambos pasaban dobles. Que son dos peliculas una detrás de la otra, por el precio de una. Era una opción muy popular y solo se ofrecía el fin de semana. El asunto es que no había ningún intento de juzgar la audiencia de las peliculas y así era como en el cartel se podía encontrar una pelicula para adultos (no porno, sino para adultos, violencia, desnudos, vainas así) seguida por una familiar o animada. Para redondear la paradoja, la admisión era tomada en serio. Si es para adultos, no se admiten menores de edad. Punto.

En la mitad de la pelicula había un pequeño receso para uno ir al baño o comprar algo de comer. Se ofrecía de cuanta vaina de dulce y nada de sal. El que quisiera comer algo de sal, tenía que traerlo.

Habían pelaos emprendedores que vieron la oportunidad. Por una suma a convenir le avisaban a uno cuando iba a empezar la segunda función. Así uno podía coordinar los asuntos y no perderse la pelicula. Había un margen de error de quince minutos pero peor es nada. Además en Colombia los horarios son meras sugerencias, nadie y nada llega a tiempo a encontrarse con nadie o con nada. Lo hacemos así en nombre de nuestra espontaneidad latina.

La otra pelicula era Rabbit Hole. Esta no me gustó. Es de por sí un tema terrible. Es la historia del drama de una pareja cuyo hijo ha muerto recientemente. Es imposible de hacer una historia así y no sentirse como una mierda todo el tiempo. La protagonista se siente así. El director se siente así. El espectador se siente así. Pero la pelicula es mala. Estas peliculas suelen seguir a un protagonista que sigue al pie de la letra las cinco etapas del dolor. Esta se estanca en una de ellas y no sale nunca y el mensaje de desesperanza al final lo deja a uno un poco desorientado.

El Teatro Alaska cerró hace unos años. El cine mexicano ya no es lo que era antes. Ver una pelicula de mariachis no es lo que era antes. Hay cosas que ya no son lo que eran antes.

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