Santa Maradona

Cyborgs ene 07, 2012

Alejandro Gaviria escribe sobre la creciente popularidad de las cirugías plásticas con fines vanidosos en nuestra población femenil:

Si los compañeros de oficina trabajan horas extras para impresionar al jefe, uno se ve forzado a hacer lo mismo. Si nuestros colegas acumulan títulos superfluos, un cartón adicional se vuelve casi un imperativo. Si unos cuantos hinchas deciden, por cualquier razón, pararse para ver el partido, todo el público termina de pie. De la misma manera, si las cirugías estéticas se generalizan, se convierten en una necesidad apremiante. La demanda de unos impulsa la demanda de otros.

Yo estaba tratando de escribir sobre el mismo tema y me estaba encontrando una muralla pantaleónica. Escribí en tuiter para calmar los nervios.


El toque posmodernista era porque había empezado mi historia haciendo una referencia a Ray Kurzweil, hombre genio y querido mucho en esta casa, autor de, entre otros, “The Age of Spiritual Machines”, algo así como “La Edad de las Máquinas Espirituales”. Kurzweil ha vivido preocupado con el día en que las máquinas dejen de necesitarnos a nosotros, sus creadores, y nos conviertan en servidores o nos aniquilen o nos castiguen con algún otro final nada feliz. Yo me preguntaba si hay otros escenarios en donde eso es posible. Si, digamos, la belleza de la carne reemplazada por la belleza de la silicona, es uno de esos escenarios.

¿Pero qué diablos tiene eso que ver con tetas y culos y la ajena lujuriosa realidad que uno vive en el diario vivir de mi querida Medellín, el valle de la Silicona, capital mundial de la grilla, sede oficial de querer ser todos bonitos?

Como le digo, cuando los hombres de mediana edad escribimos sobre tetas y culos nos salen unos esperpentos abstractos, explicaciones académicas como las que propone Gaviria (le faltó hablar de influyentes y de redes y tal y del tamaño mínimo del núcleo impulsor necesario para que la demanda de la que habla pueda alcanzar el estado estable), fríos además y algo ingenuos si se quiere. Nuestro talento consiste en disimular nuestra ignorancia con augusto empeño, que es lo mismo que hacemos en cualquier otro tema que involucre una mujer. En eso vamos.

No sé cual es la causa de la creciente popularidad de la cirugía plástica en nuestra población femenil. Si es un problema de autoestima, de vanidad o de estricta supervivencia evolutiva. O cuan arraigado está el asunto en la población masculina. Si, digamos, podemos ya declarar que el porno de todos los días nos ha convencido a todos que no, que esta pinga mía de 1 pie, que parece una linterna de cinco pilas, es lo que quiere tener todo el mundo aun cuando es poco poquito o nada y que voy a tener que auxiliarla dimensionalmente con algún injerto prefabricado porque ya no hay consuelo siquiera en que lo importante es la performance y la compatibilidad de dos almas que se aman y tal.

Está el viagra pero todavía no vamos tan allá. Lo que está claro es que algo pasa, porque las tetas y los culos siguen creciendo. Sin control.

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