Santa Maradona

Calzones abajo jun 07, 2011

La tienda a la que fui el otro día a comprar mi dotación anual de boxers ha empezado a vender calzoncillos low rise, una opción que promete no sólo que la prenda cubrirá lo necesario, con suerte lo suficiente, y se entenderá mejor con la nueva moda en jeans y pantalones actuales sino que hará al usuario más seguro de sí mismo y si se me permite la licencia literaria, más sexy.

Era cuestión de tiempo, supongo, para que llegaramos hasta aquí. Las tendencias modisticas han sugerido esta coyuntura con mucha anticipación. Basta con entender que la posición del botón del pantalón con respecto al area púbica ha ido en constante descendencia desde los años sesenta. Hace medio siglo, el botón iba a la altura del ombligo. Hoy día, por lo menos una cuarta más abajo.

Lo grave del caso es que la marcada tendencia a la baja que ha mostrado el botón no ha alineado idealmente con la evolución corporal del cuerpo mío. Hubo un tiempo en que en el plano cartesiano personal las direcciones se movían en constante acuerdo y proporción. De unos años para acá la vertical se ha quedad esencialmente estacionaria y el plano zeta se ha ido expandiendo y contrayendo como si no hubiera mañana. Más que todo expandiendo. Y en este orden de cosas es imposible trabajar.

La evolución de la gordura ha tratado a ambos lados del género de manera desigual. Es cierto que la influencia mediática y el mensaje social es que entre más talladora más mamacita, pero también queda claro que la repartición de hormonas en la creación del universo ha garantizado que no importa el tamaño o la disposición siempre habrá un galán que le quiera dar a eso. El reverso no se cumple. Todavía no existió la chica que dijo que qué bueno papito que así tengo de donde agarrarme.

En el tercer mundo, la curva voluptuosa en el caderaje ha sido siempre bien recibida. Es distinto en el primer mundo, en donde la preferencia es hacia la zona media. Pero la idea es la misma: la abundancia es el camino directo a la felicidad. Esto es buena noticia: la tendencia sugiere que la sociedad progresista del siglo que viene los hombres suspirarán por mujeres de cerebros enormes. Mamita, esas neuronas y yo sin frenos.

Hagamos una pausa silenciosa para dejar pasar a mi gente que insiste que lo importante es la personalidad y lo que va por dentro.

Aunque unas por otras, ser beneficiario de las bendiciones hormonales no supera el beneficio de tener acceso al comfort altamente superior de los calzoncillos cuando se le compara con su contraparte femenina. También la simplicidad, ahora amenazada, para la elección. Menos opciones conducen a un psique más en calma. El hombre moderno se decanta por el boxer ajustado para mayor libertad de movimiento o el boxer pantaloneta para mejor aireación y venteo. Las opciones denotan una clara intención pragmática dejando a un lado la consecuencia sensual. La mujer moderna, en cambio, se debate entre el minimalismo textil y la comodidad anticlimática del cuco atrapaloco. No es una decisión fácil y una que me alegra no tener que hacer.

Una interpretación es que la idea de bajar el botón ha sido una respuesta a la coyuntura adiposa de la nueva era. El abotonarse más abajo exime al portador de apretar barriga, de considerar dietas, y en general de la vida feliz e irresponsable que lo trajo hasta aquí Pero falta probarse unos jeans de esos que llaman skinny para comprender que la respuesta se ha pervertido en una conspiración. En la misma tienda que le digo, también empezaron a promocionar los jeans skinny low rise justo al frente en donde están los calzoncillos. Ni cortan ni sueltan el hacha. Coincidencia? Lo dudo.

Y bueno si, me compré el “megapack” con el que el comprador paga por cinco calzoncillos, y lleva siete. La dotación de una semana. Vienen en distintos colores porque también en eso el mundo ha cambiado.

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