Santa Maradona

Barcelona mar 29, 2011

Barcelona

Vimos las cosas de Gaudi porque es imposible ir a Barcelona sin saludar a Gaudi. Está en todas partes, como el aire. Visitamos el camp nou, juramos nunca más volver. Comimos sobrasada por primera vez y confirmamos que el helado de leche merengada sabe mejor aqui. Comimos fuet y más paella, incluso de la congelada, reserva especial para turistas, por 15 euros. Caminamos por la rambla tres veces para decidir si era lo más parecido a juniniar que hay en toda Europa. Lo es. Le atendimos las sugerencias a @bobpopvetv sobre malas palabras catalanas y, al enterarse de que íbamos en camino francés recibimos expresas instrucciones de ignorar cualquier alimento con rognon en el nombre. Las instrucciones, escritas en un cuaderno de espiral, se quedaron extraviadas en un auto del que salimos corriendo a tomar el tren hacia París.

Tomamos esa foto, la de arriba, desde la cabeza del Cristobal Colón que señala hacia América y hacia ninguna parte. Caminamos por el Raval, que es una mezcla de fin del mundo con felicidad virginal. No parecían catalanes estos, tal vez inmigrantes, gente de la calle que no sin hogar. Conocimos al elefante azul, nos echó cantaleta. Requisito necesario y suficiente para identificarse como colombiano. Dejamos una anchoa en el bar. Fuimos a comer a un restaurante famoso y a ultima hora nos arrepentimos de decir que veniamos de parte de pepe carvalho que es lo que uno tiene que decir en el restaurante famoso para que lo atiendan como atenderían a pepe en persona. Sentimos la nostalgia anacrónica de los momentos en que Vazquez Montalbán era nuestro héroe de batalla. Fuimos a la sagrada familia que es una vaina como las vainas que uste nunca ha visto en esta vida que vive viviendo. Comimos montaditos hasta que J. pudo resolver la duda de que despues de las arepas era el desayuno mas delicioso en la historia de los desayunos. Confirmamos que en Europa la gente no anda con vueltas para broncearse completa en las calles. Conocimos un fulano en un bar que nos aconsejó cuidar mejor el bolso (♫ por eso cuídate de las esquinas ♫), donde comer el mejor pescado frito en todo barcelona y luego nos contó una historia de coños y merengones que resultó ser menos excéntrica de lo que esperábamos y de lo que usted se imagina.

Pensamos que lo que ocurrió fue un caso de percepciones descompensadas: Madrid nos sorprendió no siendo el basurero apocaliptico que nuestros amigos nos habían invitado a creer que era; en Barcelona, en cambio, reposaban nuestras esperanzas de una experiencia transcendentemente trascendental y resulto ser una ciudad con corazón de pollo, que sospechas olvidable a primera vista pero que no se olvida nunca.

(clic)

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