Santa Maradona

Amores como el nuestro feb 12, 2012

Elena dice que no puede ir conmigo a tomar café y a después quien sabe porque justo ese fin de semana se va a la Florida y luego a escalar la montaña. Yo temo una metáfora y le pregunto por detalles. Ella dice que no es el monte Elena. Nunca me gustaron las mujeres literales. Dos semanas en semi-retiro en una comunidad de Jacksonville. Luego un vuelo trasatlántico, luego un tren, luego un bote, luego otro bote y luego la montaña. ¿Tú no tienes novia?. Hay otras maneras, unas de requisitos cardiovasculares menos estrictos, de perder la cabeza. Me dice, tal vez haya un paisaje bonito, que inspire, que ilusione, tal vez incluso exista una epifanía, pero la única razón que uno tiene para subir montañas es para tenerlas que bajar.

Estabamos viendo Sueños de Akira Kurosawa y estabamos, la ironía, todos dormidos. Ileana toma un cuaderno y escribe, despacio, que nunca se había reido como cuando se ríe conmigo. No está segura del todo pero sospecha, piensa, que ésta risa está más cerca de la felicidad. Tendrá ella más oportunidades para descubrirlo, se pregunta. Yo leo la nota, pienso en Kurosawa, vuelvo a leer la nota y decido que la leeré más tarde en un ambiente más reposado. Llego a la casa y por algún misterio del espacio-tiempo decido guardar el papel debajo del colchón en el que duermo. Minutos antes de partir a Medellín en lo que fue un viaje de una sola vía, y un año después del drama, mi hermana descubre el papel. Le cuento a Ileana mientras espera por el novio que acaba de llamar y que ya viene por ella.

Miriam enseña filosofía y por las noches escucha a Madonna. Tiene un equipo de sonido último modelo y un solo CD: True Blue. Si en la forma más básica de todas, estamos hechos de partículas cuánticas, nuestras neuronas tienen la obligación contractual de obedecer las leyes de la física, el límite de mi entendimiento aparece cuando ese mismo cerebro tenga la intención de estudiarse a sí mismo. La trato de impresionar con mi duda filosofal. No sé como será posible. Ella me habla de Descartes y de Schrodinger. Y de De Broglie y de la interpretación de Copenague. Yo tenía en fila una pregunta sobre espacios de Hilbert que estuvo a punto de salir coincidiendo con esa canción que habla del amor hace que el mundo gire y gire, pero ella se anticipó a mis intenciones. “Tal vez si tuviera 15 años menos”, me dijo. Yo reí, nervioso, sin saber que hacer.

Diana, reina de corazones, lee el periodico mural que hice para ella, y sin notarlo. Hay una historia del recién presentado logo de Pepsi y lo parecido que es a las niñas morenas de ojos negros grandes. Hay una historia sobre el grupo Roxette que concluye con la letra de su éxito “Listen to your heart” en el inglés original y acompañado de una traducción libre, al llegar a la frase “The scent of magic” se encuentra uno con que está subrayada y en negrilla, y más abajo en el papel garabateado en lápiz con pulso subversivo para evitar la condena de los editores, la aclaración de que ese olor es el olor de fresa de tu champú de todos los días. Diana que leyó su periodico mural sin leerlo quiere desatrasarse de estas última decada y media a través de la maravilla de la red social. Cómo te va la vida, la mía va bien, gracias. Adjunta una foto, sonríe como siempre, sostiene una niña que por fortuna se parece más a ella que al papá, en un jardín de Londres donde vive con su esposo inglés.

Beatriz del barrio Novalito escribe en mi cuaderno de apuntes que no ve con malos ojos que yo sea su tom cruise. Yo me río sin entender el chiste. Estamos en Medellín pero ambos nos tenemos que ir, tal vez regresemos, tal vez no. Me escribe su dirección, me escribe su teléfono. Yo le escribo cartas, ella me responde algunas. Seis meses de la larga distancia me animan a saltar sin red. En una cajita empaco un libro de Jairo Anibal Niño y un cassette con canciones de Franco de Vita y Miguel Mateos. La carta que los acompaña termina en plan ambiguo. Sabes quien te quiere. Ella me pregunta después, mientras comemos alfajor en la cafetería de la upb si se me olvidó el signo de interrogación, y se ríe, convencida de que no voy a responder.

Comentar

  1. No sabía que fueras de Medellín.

    Me gustó mucho el post, enternecedor.

    Tatiana · feb 12, 22:38 · #

  2. No soy paisa paisa de Medellín, pero estudié en la UPB y viví unos años más allá.

    vega · feb 13, 01:38 · #

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