Santa Maradona

Momofuku contra el pasado dic 05, 2012

En la tv estaban pasando una película sobre una mujer que decide encontrarse a sí misma o qué sé yo ejecutando en serie las recetas de un famoso libro de recetas de Julia Child. Se me ocurre, ahora que vuelvo a necesitar una distracción para una creciente ansiedad, que yo puedo hacer lo mismo. Julia Child no es una opción; la opción obvia es Momofuku). O algo parecido, una clase de cocina tan lejana a mí y a los lugares donde he crecido y vivido que no permita recuerdos de ninguna clase.

La idea era ir receta por receta hasta el final, documentando, como no, todas las incidencias. Lo que aprendí, lo que no, lo que se me ocurrió en el camino, lo que no. Y aquí es donde muere todo, con esa necesidad de documentarlo todo, de examinarlo todo. Nada es disfrutable si no lo difundes transmites compartes actualizas remezclas narras aforizas. Te vas de viaje, por ejemplo, y tomas fotos, las subes a tu red social favorita, las pegas en tu muro. Aquí estoy. Mírame, que aquí estoy. Ponme atención. Que aquí estoy. Las organiza, la fecha es automática, les pones tags, las categorizas, en algún futuro vamos a mirar estos archivos y recordar que hemos vivido. Pero nunca volvemos.

Haces piruetas. Renuncias a la red social. Suspiras con alivio, cuánta energía desperdiciada en tan tonto evento. Con suerte alguien se da cuenta que te fuiste, lo más probable es que nadie lo haya hecho. Piensas en eso. Entonces vuelves. Qué es más espantoso, te preguntas a veces en las noches, estar y que a nadie interese, o no estar y que nadie se percate.

Entonces no haré momofuku. Y me quedo, en consecuencia, con esta creciente ansiedad que urge distracción.

Posibles nombres para un pueblo imaginario nov 14, 2012

Mundo Real
-En estas vacaciones llevaré a toda la familia a pasar una temporada en el Mundo Real.

Morir
-El fin de semana voy a Morir
-Ah pero que buena noticia! seguro que te hará mucho bien!

Darlo Todo
-No veo la hora en ir a Darlo Todo.

Coxsackie
-¿Cómo le dicen a los que son originarios de este pueblo?
(Nota: Hay un pueblo en el estado de Nueva York que efectivamente se llama así. Es bonito.)

La Casa del Ritmo
-No me lo vas a creer, me invitaron otra vez a La Casa del Ritmo.

Aquí o Allá
-¿De dónde vienes?
-De Aquí o Allá
-Entiendo lo que dices, es como me he sentido toda la vida.

No Me Puedo Decidir
-¿Hacia dónde se dirige?
-No Me Puedo Decidir
-Ah bueno, mientras lo hace, por favor hágase a un lado y deje pasar a los demás.

Japi nov 13, 2012

1.

En una esquina de una ciudad cualquiera, la ciudad que habita, usted de pie y en espera se encuentra un transeúnte. No es un turista, es un habitante más. Vecino Amigo Señor Señora, empieza en tono incómodo, estoy sin brújula alguna, podría indicarme cómo he de llegar a la plaza principal. Allá me esperan, prometí llegar en diez minutos pero lo veo improbable. Usted entiende. Usted se pregunta, en esta edad moderna de instrumentos comunicativos por doquier, cómo es posible encontrar la forma de perderse. Perderse se antoja improbable, piensa para sus adentros. Usted mira a su interlocutor. Usted mira hacia un lado de la calle, usted mira hacia el otro. Para llegar a su destino tendrá que ir tras sus pasos, le dice, evitando reír. Tenga los ojos abiertos, camine por la orilla, en algún momento hizo un giro con consecuencia. Su misión es evitar el giro. Esto es lo que dice, y luego usted no dice más.

2.

(Intervención Borgiana)

Dos transeúntes en discusión. Uno de ellos, el más viejo, se detiene y manifiesta alarmado. “La felicidad nos elude!” El más joven mantiene la calma. “No, solo a uno de nosotros.” Y desaparece.

3.

Usted es un transeúnte en la ciudad que conoce, su ciudad. Esto es, la que creyó conocer a la perfección aunque ahora la evidencia por lo contrario se torna innegable. En una esquina un hombre de sombrero de fieltro le invita a acercarse. Usted expone la duda, su duda. El hombre parece a punto de reír. Lo que propone es indecidible. Esto es, por lo menos, le será imposible saberlo desde donde usted se encuentra! Usted pierde la calma: “¡¿Hasta cuando usarás el mismo teorema?!”

4.

Die Welt ist verständlich!

5.

Esto es una tontería. Yo soy el transeúnte en todos los casos.

La mano izquierda oct 31, 2012

1.

Las estadísticas lo confirman. El treinta por ciento de los penalties cobrados en el fútbol profesional son errados—¿A dónde van los balones que no se cambiaron por goles?— una cifra notablemente superior a lo que se observa en los entrenamientos. La razón, de acuerdo con investigadores que investigan estas cosas, tiene que ver con el susto tan brutal del escenario y la responsabilidad que experimenta el cobrador. El miedo a perder, el miedo a ganar. Ese pánico escénico, de nuevo según la ciencia de estas cosas, juega de local en el hemisferio izquierdo. Estamos hablando del cerebro. Al otro lado, al hemisferio derecho, van a parar todas las acciones de tipo mecánico, las que no conllevan tanta pensadera. Los investigadores sugieren, en consecuencia, que si usted se encontrase con la necesidad de, digamos, patear el penal de la victoria en el último minuto, o, digamos, recuperar la calma perdida en términos generales, es buen ejercicio alejar la acción del lado problemático y llevarla al lado parsimonioso. Un método práctico para lograrlo consiste en apretar la mano izquierda y moverla de algún modo y ver como las preocupaciones se disipan.

2.

Científicos de la Universidad de Cambridge consultaron a varios niños sobre un asunto de gran confusión. Tal vez usted no se haya percatado, pero cuando los niños quieren pretender desaparecer por completo, consideran suficiente y necesario el llevarse las manos a la cara y taparse los ojos. Es obvio que en términos de la desaparición el gesto no resuelve absolutamente nada. Las razones para el gesto son, por lo menos para un grupo de científicos en particular, de gran interés; y al investigarlo se han encontrado con que pertenecen al lado poético de las cosas. Los niños asumen que la experiencia de estar juntos es una vaina mutua y compartida. Yo te percibo porque tú me percibes y tal. Para bloquearte, basta entonces, con no participar. La percepción de una experiencia compartida por dos personas empieza, por ejemplo, con mirarse a los ojos. Mutuamente.

3.

Desde ayer, cuando miro el futuro, lo hago tapándome los ojos con la mano derecha mientras aprieto y aflojo ritmicamente la mano izquierda, como si de un corazón externo se tratase.

Signos Invisibles oct 24, 2012

Un saludo a los que nunca llegaron tarde a clase. A los que convirtieron el síndrome de abandono en una excusa que promover. A los que nunca pudieron subir la cuerda. A los que hicieron la mitad de la media maratón a pie. A los que perdieron a su mejor amigo al enamorarse al mismo tiempo de la misma profesora. A los que se dedicaron a soñar primero, y una vez despiertos no supieron qué hacer con el insomnio. A los que jugaron por las reglas aún cuando las reglas se acabaron. A los que ven con encanto una conversación sin rumbo fijo pero se aturden ante una conversación banal sobre el clima y el qué más qué has hecho. A los que no saludan. A los que comen solos. A los que arreglan todo con galletas, o una sonrisa imposible de resistir. A los que se pusieron nerviosos hablándole a las chicas. A los que vieron en ello una bendición al encubierto, de cuántas catástrofes se habrán visto librados. A los que dejaron de creer. A los que nunca creyeron. A los que no son de aquí o de allá. A los que hacen sanduche de mantequilla de maní y mermelada de guayaba. A los que modelaron su idea de ser padre mirando al suyo propio y luego corriendo en la dirección contraria. A los que salen media hora antes de la hora señalada. A los que de primero se comen lo más sabroso del plato. A los que prefieren el té al café. A los que llevan dos décadas oyendo la misma música. A los que no saben nadar. A los que le tienen pánico a los perros. A los que sólo se les ocurre algo bacano que decir cuando el momento ha pasado. A los que una vez saludaron de vuelta a alguien que en realidad saludaba a quien estaba detrás. A los que leen novelas de amor y muerte. A los que se graduaron suma cum laude de la universidad de la vida. A los que nunca quieren así sino de esta otra más aburrida manera. A los que vinieron a este mundo a sufrir. A los consentidos de la mamá. A los que no ubican el momento en que los papás se volvieron otras personas que criar. A los que viven todos los días como si fueran domingo. A ustedes. No hay un lugar en el mundo para ustedes, aún si eso nunca les impidió buscarlo.

Y qué bueno que están aquí.

Jiro sep 25, 2012

Barack Obama conversando con Vanity Fair suelta esta mini reflexión.

You also need to remove from your life the day-to-day problems that absorb most people for meaningful parts of their day. “You’ll see I wear only gray or blue suits,” he said. “I’m trying to pare down decisions. I don’t want to make decisions about what I’m eating or wearing. Because I have too many other decisions to make.” He mentioned research that shows the simple act of making decisions degrades one’s ability to make further decisions. It’s why shopping is so exhausting. “You need to focus your decision-making energy. You need to routinize yourself. You can’t be going through the day distracted by trivia.” The self-discipline he believes is required to do the job well comes at a high price. “You can’t wander around,” he said. “It’s much harder to be surprised. You don’t have those moments of serendipity.

Y un intento de traducción:

También es necesario eliminar de la vida de uno los problemas rutinarios que consumen a la mayoría de la gente en la mayor parte del día. “Puede ver que me pongo sólo trajes grises o azules,” dijo. “Estoy tratando de disminuir las decisiones. No quiero tomar decisiones acerca de lo que estoy comiendo o vistiendo. Porque tengo muchas otras decisiones para tomar.” Obama mencionó que la investigación muestra que el simple acto de tomar decisiones degrada la capacidad para tomar decisiones posteriores. Es por eso que irse de compras es tan agotador. “Hay que centrar la toma de decisiones de la energía. La rutina es necesaria. No puedo pasar el día distraído por trivialidades.” La auto-disciplina necesaria para hacer bien el trabajo tiene un precio alto. “No puedes deambular”, dijo. “Es mucho más difícil ser sorprendido. Hay poco espacio para la casualidad.”

Suena a que lo he oído antes. Sobre todo en estos tiempos, sobre todo en el contexto de internet y las redes sociales. Las distracciones son enemigas del trabajo serio, del que vale la pena. Son como Obama dice una vaina que tiene un efecto físico, que desgasta el doble. Como tratar de correr una maratón con alguien empujándote en el sentido contrario.

Pero esa es una manera de verlo. Porque Obama es el presidente de los Estados Unidos, por definición uno de los hombres más poderosos del planeta. Sus errores y aciertos afectan a mucha gente. Yo no soy Obama, usted no es Obama. ¿Qué nos queda a los dos? Otra forma de verlo es que cuando uno crece en un pueblo en donde para leer el periódico de hoy tienes que esperar hasta mañana, las distracciones son lo poco que te queda. Yo crecí en un pueblo de esos, huyéndole al aburrimiento de las dos de la tarde a cuarenta grados bajo la sombra terminé en otro país. La fuerza del destino, el poder de una idea, la búsqueda de la felicidad, ponle el nombre que mejor te guste. Y una vez ido, hice todo lo posible por regresar a ese tedio, a esa rutina, a lo predecible. Sigo en eso, ahora más que nunca alejándome de las distracciones que me entretienen, persiguiendo el bienestar de otra persona más importante que yo. Lo que no es una tragedia, obvio, tal vez lo contrario, es una misión, un propósito en la vida.

Jiro dreams of sushi es un documental sobre un man llamado Jiro que vende sushi en Japón en un restaurante en el que para comer hay que bajarse de unos 400 dólares. El man es lo que usté y yo llamaríamos un experto. Solo sabe hacer sushi pero lo sabe hacer mejor que nadie en el mundo. Jiro se rodea de expertos exclusivamente. El que selecciona el pescado, el que le vende el arroz, todos expertos. En el restaurante hay aprendices. Toma mucho tiempo llegar al punto en que puedes preparar sushi en el restaurante de Jiro, diez años, veinte años, tal vez ni eso. Es sushi, dirá usté, ni siquiera hay que cocinarlo. Eso mismo dije yo hoy, es código, bits y bytes, pixels, caracteres en una pantalla, qué tan difícil puede ser.

Avispero sep 19, 2012

Otra vez y asumo por un muy breve instante volvió a colación en tuiter el tema del aborto. Hay temas recurrentes en la red social y éste es uno de ellos. No sé muy bien por qué empezó la vaina pero esto siempre empieza con alguien (casi siempre un man) alborotando el avispero, del lado beato conservador o del lado liberal progresista. Según mis cuentas el aborto es tema de indignados más o menos una vez cada dos meses.

El problema no es que se hable de estas cosas. El problema es que no parece que avancemos mucho en la discusión. No es que usemos el tiempo de las pausas entre debates para hacer experimentos, estudiar más el tema, generar nuevas conclusiones, vainas así. No. Nada de eso. Simplemente lo usamos para tomar aire. El resultado es que cada dos meses repetimos los mismos argumentos, a la misma gente. (“Es mi cuerpo”; “Por qué no lo previenen antes de que la consecuencia sea grave”; “es que nadie aborta por entretenimiento”; “es que es un contrasentido moral”; “es que por qué los hombres buenos para nada tienen que meterse en esta decisión”; “es que …”). Que no sorprenda a nadie, entonces, que nunca lleguemos a algún consenso de algo.

En este tema, como en otros, hay quienes queremos comernos el dulce y al mismo tiempo guardarlo para después. Creer por ejemplo que el aborto está en un pantanero moral, y creer al mismo tiempo, que es un asunto que no admite una ley. Sea lo que sea, lo que me urge es que lleguemos a un acuerdo. Que lleguemos a uno y que además lo dejemos vigente por digamos cinco años, tiempo en el cual no volveremos a tocar el tema en ninguna de sus formas. El infractor del acuerdo se lleva esto: 1) le va la madre 2) multa de diez salarios mínimos de congresista 3) la obligación de hacer un curso de buenas maneras similar a los que exige la oficina de tránsito y 4) la suspensión de su cuenta en tuiter/facebook/etc por tres meses tras la primera infracción, por tres años tras la segunda, por 25 años tras la tercera.

La vaina es cómo hacer para llegar al acuerdo. Cómo hacerlo sin demagogia, sin caer en la trampa de solo decir lo que las mujeres quieren oir, sin caer en la trampa de solo escuchar a los que por definición nunca tendrán velas en ese entierro. Cómo hacerlo con la necesidad de que hay que llegar a un acuerdo y que no lo podemos aplazar más.

Hablemos de otra cosa. Hablemos de un sistema de debate al que se juega así. Fulano y Mengano en alegato. Fulano expone primero. Ahora le toca a Mengano, pero antes de que le de rienda suelta a su argumento, Mengano debe hacer un resumen de lo que entiende por el argumento de Fulano. Una vez Fulano apruebe como aceptable el resumen, Mengano podrá exponer sus ideas. Luego es el turno de Fulano, quien debe hacer lo mismo sobre el resumen y todo eso. Es un sistema de debate elegante, útil para muchas otras cosas. Para salvar matrimonios, por ejemplo, no al mío, de pronto al suyo.

Once sep 11, 2012

Uno puede dejarse llevar por el cinismo y decir que ese no es mi país o minimizar esto por aquello otro en virtud de la enormidad de la barbarie o de justificaciones para tal atrocidad. O uno puede no hacer nada de eso pero en su lugar caer en el lugar común o el melodrama. Algo pasó ese día. ¿Dónde estabas ese día de Septiembre?. Yo estaba defendiendo y ganando para mi jefe la financiación del proyecto que se convirtió en mi tesis de doctorado. No supe nada hasta que mi amigo Ravi me lo contó en una de las pausas. Ha ocurrido un accidente terrible, es lo que me ha dicho. Faltaba poco para perder del todo esa inocencia.

Nadie come nacionalismo pero por esos días era lo único que se podía comer. Una amiga, de Yugoslavia ella, me confesó incapaz de simpatizar con ese dolor cuando cargaba con el recuerdo fresco de su familia escondiéndose de las bombas lanzadas por los que ahora sufrían. Pero guardaba silencio, ella y yo y tantos otros que coincidimos en este lugar tratando de encontrar las oportunidades que nuestros países en su mezquindad nos negaron. Y aún así, recuerdo a la frustración de nosotros los extraterrestres con esta gente que sinceramente, honestamente, no encontraba explicación alguna para que alguien en el mundo los odiara tanto como ahora.

Pasaron muchas cosas. Pero lo que se quedó conmigo para siempre, fue ese recuerdo de ver a mi jefe entrar el día después del drama con un televisor de esos que ya no se ven y que instaló a la salida de la oficina, para siempre sintonizado en un canal de noticias confundido en un bucle de imágenes de la debacle, de mensajes de esperanzas, del no saber que hacer. Se quedó ahí mucho tiempo, hasta el verano siguiente. Lo desconectó y se apareció con él en el laboratorio. Te lo dejo acá, por si quieres ver el mundial de fútbol, me dijo.

Hombre de poca fe ago 30, 2012

Entonces regresé de la última ronda. Me llama la atención que usen términos boxísticos. El último round. Espero no haberme ido a la lona. Pero cansado estoy mientras espero, que lo que toca es esperar; alguien dirá sí o alguien dirá no, se discutirán parámetros, se evaluarán alternativas, pasarán cosas. Prefiero la terminología boxística a la que usan en ocasión: “el proceso”, que me suena a enredo kafkiano, a confusión enorme. Es éste el quinto proceso en el que he estado en Estados Unidos y cuenta como el más complejo. Tiene que ver con que se aleja un poco de mi experiencia pasada y de mis habilidades comprobables por medios oficiales. Básicamente soy yo y un teclado, y ya es mucho pedir.

Qué forma tendrá la fe en un contexto laico. Tendrá que ver con aferrarse a la idea del libre albedrío o a lo opuesto. Tendrá que ver con asumir, como pensaba mi padre, que todo eventualmente se jode en esa forma tan entrópica que tiene el mundo de proceder. Tendrá que ver con, crealo o no, rezar un padrenuestro por si acaso y pedir serenidad y fortaleza y paciencia y lo que haga falta para aceptar lo que no es directamente controlable.

Escribo aquí estas cosas. Las leeré después, quizás empezando a sonreir, quizás pensando tampoco era para tanto, era solo esto, era solo aquello. Que es, si uno lo piensa bien, lo único aceptable de pensar cuando se mira hacia atrás.

Yo que le pongo bandas sonoras a las cosas nada más para espantarme a mí mismo con el drama y lo cursi del acto mismo, le puse a este mes una cortesía de Hammock y un álbum llamado Chasing after shadows, living with the ghosts. Tiene algo que no sé qué es.

Cosas que puede hacer mientras espera, Vol 7 ago 28, 2012

  • Oír en orden y luego en desorden el Sea Change de Beck
  • Chequear el email
  • Volver a chequear el email
  • Volver a chequear el email, prometer al vacío que será la última vez
  • Incumplir la promesa

Entonces avancé al siguiente nivel en tenis. Mi revés es ahora mucho mejor, o por lo menos es consistente, las voleas siguen siendo decentes y ahora tengo un control más o menos razonable del topspin y el backspin. El servicio sigue siendo materia de discusión, agravado por lo impredecible que es mi lanzamiento de la pelota con la mano izquierda, ese movimiento medio robótico que todavía no domino. Lo bueno es que por lo menos puedo servir, que de por sí es mucho cuento. En la última sesión me ganaron, y mi rival ha comentado que seguro me he dejado ganar. El insulto es doble: perdí y además fui acusado de conducta antideportiva. Por lo menos nadie se ha reído porque perdí con una vieja, que eso se hacía en otros tiempos que no son estos.

  • Descubrir en Spotify a una costeña llamada Adriana Lucía que canta porros y pensar cómo es que hemos descubierto esto apenas hasta ahora y pensar qué otras cosas esconderá Spotify y pensar cuando fue la última vez que bailaste un porro y pensar cómo es que se escribe guapirriar y pensar si hay un límite de edad, un estatuto de limitaciones, para guapirriar libremente sin pena con la alegría sana de los que no han visto el mundo por lo que es
  • Tomar el kindle, cerrar los ojos y escoger algo al azar
  • Al comprobar que la elección ha sido “A history of western philosophy” concentrar toda la energía en mantener la calma y en no cambiar el kindle por pedacitos de silicio y plástico

Alguien en tuiter   esa flor venenosa, ¿se acuerda ese tiempo no hace mucho tampoco en que nuestra generación iba a curar el cancer, el sida, solucionar el asunto de la pobreza mundial, del hambre, de las dudas ontológicas, y todo iba por tan buen camino y entonces aparecieron estas redes sociales y lo arruinaron todo y ahora somos zombies en distracción a un video en youtube de distancia de empezar a pintar en las paredes con nuestras propias heces?   que no me acuerdo quien ha señalado que de las tusas es subconjunto la pena que se siente el perder un socio aliado complice en algún proyecto de esos que uno tiene y que no necesitan mucho impulso para cambiar el mundo.

Es una buena observación. Explica muchas cosas. Puede uno agregar que también es grande la pena de nunca encontrar el socio o la socia. Como quien dice qué será lo malo que uno tiene. Y lo que quiero decir es qué vaina del destino ha sido que nunca nos hayamos encontrado antes o después.

  • Escribir un post
  • Cuestionarte por enésima vez la idea de tener un blog
  • Abandonar el blog y ver siete episodios seguidos de In Treatment
  • Leer My Internet un cuento de Jonathan Lethem
  • Leer Salir de novios una carta de amor de Josep Guardiola a la salida lavolpiana
  • Leer Peggy dame un beso un texto del Gabo
  • Encontrar una Peggy, darle un beso.

21 preguntas para Sophie Calle ago 21, 2012

Alguien no me acuerdo quién colgó este asunto en tuiter sobre un cuestionario de Sophie Calle para estimular el intelecto, justo lo que necesito para distraerme en esta semana de tensión y nervios.

1. ¿Cuando murió por primera vez?
Llegando a Medellín en la ocasión definitiva, desempleado y con las cosas inciertas. Morir un poco fue la comprobación de la veracidad de mi soledad, algo que no resultó ser tan dramático como lo pensé en su momento, esta idea de que la forma de las cosas que vendrían dependerían de mí sin contar con el apoyo moral financiero tutranqui que somos un equipo de mi familia.

2. ¿Qué es lo que le hace levantarse por las mañanas?
Ya me empecé a aburrir de estas preguntas. Opción 1. el despertador. Opción 2. el miedo a morir dormido. Opción 3. la idea de cambiar el mundo, o por lo menos el mío.

3. ¿Qué fue de sus sueños de infancia?
Se fueron realizando todos menos uno. El más importante. El que es a la vez una ilusión (por hacer) y una traición (de pensar que se puede o se podrá o se podía.)

4. ¿Qué le distingue de los demás?
Tengo muy buena memoria. La consecuencia es que hago conexiones entre eventos sucesos circunstancias que alguna gente pasa por alto.

5. ¿Le falta algo?
Un millón de dólares. Y una musa.

6. ¿Piensa que todo el mundo puede ser artista?
No. O bueno sí, en el sentido en que todo el mundo puede ser presidente del país o campeón de la copa mundo. Pero no, en realidad no, ser artista requiere de una sensibilidad para ver el mundo y transmitir lo que uno ve, que es francamente una cosa de pocos.

7. ¿De dónde viene?
Déjeme copio algo a Juan Antonio Corretjer: “De una lagrima soy hijo / y soy hijo del sudor”

8. ¿Cree que su destino es envidiable?
Absolutamente todo es envidiable, hasta lo malo.

9. ¿A qué ha renunciado?
A ser feliz. Y a ser melodramático.

10. ¿Qué hace con su dinero?
Lo gasto, lo comparto y lo guardo.

11. ¿Qué tarea doméstica le gusta menos?
Lavar los platos. Absurdo que los platos no se laven solos.

12. ¿Cuáles son sus placeres favoritos?
Caminar sin rumbo particular por las ciudades que son inmensas.

13. ¿Qué le gustaría que le regalaran por su cumpleaños?
Regalar es una cosa muy jodida que poca gente hace bien. Para mí un buen regalo es uno que demuestra que uno estaba poniendo atención.

14. ¿Cite tres artistas vivos que deteste?
Detestar es una palabra muy fuerte. ¿Puede uno detestar a quien no conoce?
En mi lista hay tres escritores que hacen la literatura que creo la más detestable, la literatura snob.
Javier Marías (con la posible excepción de Todas las almas)
Jonathan Safran Foer (oh! ser carnívoro está mal! oh! puedo recortar palabras de otro libro y armar uno totalmente nuevo! oh! oh!)
Paul Auster (man tan mala clase)

15. ¿Qué defiende?
La idea de que lo que nos hace humanos es nuestra capacidad para pensar y no para sentir.

16. ¿Cuál es su parte del cuerpo más frágil?
De un tuit anterior: Me sorprende que alguien tan espectacular como yo haya salido con dientes de tan mala calidad. Pero supongo que la pregunta va por un lado más abstracto. El corazón y tal.

17. ¿Qué ha sido capaz de hacer por amor?
Estar lejos y mantener la calma. Pero nunca más.

18. ¿Qué le reprochan?
Que no sienta nada.

19. ¿Para qué sirve el Arte?
Para ser humano.

20. Redacte su epitafio.
Broken Man.

21. ¿En qué le gustaría reencarnarse?
En mí mismo sabiendo lo que sé ahora.

Dos oportunidades perdidas jul 26, 2012

Mi papá me llama de emergencia a contarme que el tío José María no ha logrado confirmar la veracidad o la falsedad de este asunto de los dos años perdidos. Esto es lo que ha pasado: la tensión en la casa había alcanzado el punto más alto en los últimos tiempos luego de la disolución del asunto de los bolsos. Mi mamá en un arranque empresarial ha tenido la idea de hacer bolsos de cuero argumentando un mercado local amplio y sin explotar. Se ha otorgado el título de Gerente, por supuesto, y ha contratado a mi papá como Jefe de Operaciones, lo que es una forma más o menos larga de decir que ella se encargaba de vender los bolsos que mi papá hacía.

Pero una serie de distracciones ha reducido todos los objetivos a cero. Esto es, sin que haya prejuicio o resentimiento alguno. Y entonces este año mi mamá se ha encontrado con ese espíritu emprendedor otra vez como tantas veces renovado y tras haber notado un mensaje publicitario en la emisora local (1200 kilovatios de potencia en antena!) ha puesto sobre la mesa una nueva propuesta: tomar estas clases de Microsoft Office y luego crear un negocio de digitación de vainas varias, para lo que aparentemente hay, como no, un mercado amplio y sin explotar.

Y ahí es cuando todo se ha puesto color de hormiga porque mi papá rápidamente ha dejado en claro que no quiere tener nada que ver con ese asunto y además (y entre los hijos el consenso es que ésta es la acción reprochable) ha intentado disuadir a mi mamá de tal empresa con una justificación algo tambaleante: “loro viejo no da la pata”. Hemos de asumir que se trata de una metáfora sobre esto de que hay un límite para todo, incluso para ofender. Mi mamá llena de furia ha reaccionado esta vez sin gritos e insultos, optando por el recurso de la agresividad pasiva. Lo que es una manera larga de decir que se ha puesto a limpiar y ordenar la casa utilizando un excesivo vigor (palabras de mi hermano).

En esas andaba cuando (asumimos, todavía presa de la ira) se fue mar adentro al cuarto del reblujo, un área de la casa fiel a su nombre. Allí se ha topado con una caja muy vieja y adentro entre otros recuerdos la partida de bautismo de mi papá, quien ha encontrado el incidente muy del común y del corriente hasta que una inspección más detallada del documento generó la duda que aquí nos ocupa: el año del nacimiento ocurría en este caso dos antes que en la cedula de ciudadanía. “Dos años perdidos” es como mi hermano (tal vez de forma insensible) ha interpretado las cosas.

La mala noticia es que no hay nadie que pueda verificar cual es la versión correcta. O, al menos, sugerir alguna teoría sobre lo que pudo haber pasado. La última esperanza era José María quien ha declarado sin muchas arandelas que no se acuerda. Mi papá, siempre el optimista, le sigue diciendo a todo el mundo que tiene dos años menos de los que tiene. El otro día, mientras me actualizaba en los detalles, me preguntó si yo que conozco a “hombres de ciencia” le podía contar si hay alguna técnica para decidir sin lugar a dudas cuantos años es que uno tiene “como hacen con los árboles y los anillos esos de la edad.” Yo le dije que le averiguaba el dato.

Alter Ego jul 24, 2012

1.

Tienen razón los que señalan el desconcierto al descubrir que es la misma Cindy Sherman en todas estas fotos y que no se trata de modelos distintas de la clase media y la clase alta, de la normal y de la exótica. De alguna manera el engaño ha ido más allá del simple recurso del maquillaje y el vestuario. Por un instante, ella es la otra persona. La diferencia entre un método y el otro es la misma que existe entre la ficción y la fantasía.

2.

Investigadores en Inglaterra y Holanda reportan resultados experimentales que sugieren que el trastorno de identidad disociativo (DID, por sus siglas en inglés) es en realidad un trastorno mental que está relacionado con “traumatizaciones” sufridas (generalmente) en la niñez y alguna forma de “apego interrumpido.” Estos resultados contradicen la teoría de que el trastorno DID pudiera ser explicado por la propensión tal vez exagerada del paciente para imaginar una realidad que no es la nuestra. Los resultados también sugieren que no hay un componente socio cultural en todo este lío multipersonal. Esto se convierte en un lío de todos los colores cuando le cuentan la historia del hombre normal y corriente que un día cualquiera y por obra y gracia de quién sabe qué cosa, llegó a casa y, presa de celos irracionales asesinó a su novia y a la compañera de piso de ella, y luego declaró a fuentes oficiales que para efectos prácticos por un breve instante él fue otra persona.

3.

Por primera vez en la historia, una persona ha logrado controlar un robot con la fuerza de la mente. El hombre estaba dentro de una máquina de estas que toman imágenes de resonancia magnética que le medía, digamos, la actividad cerebral. Una vaina que se ve como un mapa meteorológico de los pensamientos y que era enviado a su vez a otra máquina que armada con un algoritmo traducía esos niveles de concentración y desequilibrios de presión en vainas tangibles. Una de esas vainas, era el caminar de un robot. Hay un video de los hechos. En una anécdota que no ha pasado desapercibida para este reportero, ha ocurrido que por razones que no vienen al caso se ha perdido la comunicación entre el hombre dentro de la máquina de la resonancia y el robot (a miles de kilómetros el uno del otro). El robot no se ha dado por enterado. Pero el hombre ha reaccionado con ese movimiento reflejo que siente uno a veces cuando se va quedando dormido y de pronto despierta porque piensa que se va a caer. Esto es lo que ha dicho el hombre: “hey, ponme en el suelo!” a nadie en particular. Uno de los cientificos atentos a todo ha comentado que el cerebro humano es notoriamente susceptible a algunos elementos externos de naturaleza indefinida.

4.

En uno de los foros del sitio IMDB, referencia esencial para asuntos cinematográficos, y a propósito de la película We need to talk about Kevin (Tenemos que hablar de Kevin), que es una meditación brutal y despiadada sobre lo brutal y despiadado de un adolescente que un día asesina a mucha gente, alguien ha puesto un comentario titulado escuetamente: “Tengo un primo que es como Kevin”.

Imperio jul 21, 2012

Tuve ese sueño otra vez.

Una hora antes de la hora acordada la fila ya alcanzaba la cuadra. Las entradas desde hace mucho tiempo agotadas. Periodistas caminaban lentamente, deteniéndose de vez en cuando, y tras acomodar la cámara, la corbata y la apariencia preguntaban a su víctima, sin ningún interés en la respuesta. Hace cuánto llegó. Qué espera de la película. Y, francamente, qué tan contento está de estar acá. De vez en cuando alguien hacía un chiste (me volé del trabajo diciendo que estaba enfermo, ¿me puedes ocultar el rostro cuando esto salga al aire? jajaja) De vez en cuando el tono se iba al otro lado de la seriedad. En la noche un hombre había entrado a un teatro como éste y asesinado a doce personas. Qué significa esto en el contexto cosmológico de las cosas. Pero sobre todo, qué tanto le asusta que algo así ocurra en este lugar. Enciendan las alertas naranja, aquí todo el mundo tiene miedo pero de aquí nadie se va.

Una señora de unos sesenta años camina en contravía de la fila. Se detiene de pronto frente a un grupo de amigos, tres hombres vistiendo logos del Batman comprometidos fieramente con sus teléfonos particulares intercambiando status updates a un cuerpo de distancia. Frente a ésta parte de la fila en la que estamos, hay un futuro restaurante de comida rápida (burritos) en presente renovación. Nos separa una barrera de plástico negra pero a través de ella podemos oir a los trabajadores mejicanos que llevan media hora enfrentando la crisis logística del día combatirla con un set alternado de Vicente Fernandez y U2. La señora entonces quiere saber, por encima del ruido: ¿es ésta la fila para entregar las hojas de vida? Los status updates se detienen por un instante, perplejos. “No, lady, esto es para entrar a ver una película”, responde uno de ellos, el de facciones asiáticas que parece dominar todos los temas del mundo y no haber dormido en tres días. “¿Qué película?” “The Dark Kn…” empieza a decir, pero cambia de opinión: “Batman”. Ella parece que sonríe, mira hacia un extremo, mira hacia el otro.

“Batman? Hells yeah!, I need to get me on that line”

Y empieza a caminar en la dirección equivocada.

No ficciones jul 16, 2012

Entonces me dio por leer solo libros de no ficción. Empezó de quién sabe qué forma. Con David Foster Wallace, supongo. Luego una cosa llevó a la otra. Me pasaron un artículo sobre la evolución y la cooperación y me quedé pensando en la evolución. Particularmente en qué significa exactamente en términos evolutivos que en estos tiempos la gente no se quiera reproducir. Es esa rebeldía una curiosidad apenas, o es algo más, la naturaleza tratando de recomponer el camino, por ejemplo. Eso llevó al libro de mutaciones, no me acuerdo cómo. El caso es que encadené varios libros de no ficción; una categoría que no me gusta, por la misma razón que algunas personas no leen ficción: simplemente me parecen aburridos, una inspección de la realidad sin imaginación alguna, etc. Lo que es decir que no me gustan de puro snob. No me gustan para poder decir que no me gustan. Algo que me funciona mucho, sobre todo ahora que ya pasó esa temporada en que uno necesita impresionar al prójimo, la prójima, la nena, la musa.

No sé por qué sigo leyendo. No necesito leer. En unos meses se me habrá olvidado todo. (No puede ser tanta intensidad con algo tan sencillo). El NY Times alarmó a todos acá el fin de semana con un texto sobre como después de los 30 es más difícil tener amigos. Lo único aspirable es tener gente a la que uno conoce. Para mí los amigos que nunca he tenido son aquellos con los que puedo hablar de libros. Supongo que por eso leía, leo, con la esperanza de encontrar algo en común con el tipo de gente que quiero tener algo en común. Como decía, todo muy snob.

La mala noticia es que ya casi nadie lee. Y con razón. Mire por ejemplo ese ladrillo llamado The Beginning of Infinity. Lo compré porque me gustan las ideas que el man tiene sobre mundos paralelos y sobre viajar en el tiempo (uno sale en la máquina y cuando llega lo hace a un universo distinto!). Pero por supuesto que el libro está por encima de lo que puedo dar. Y lo que yo puedo dar no es mucho, es, en esencia, es un deseo enorme porque el autor reduzca, tal vez en una futura edición, el contenido de cada capítulo a 140 caracteres o menos. Será mucho pedir.

Algo que vale la pena recordar jul 04, 2012

Me trasnoché viendo Indie Game: The Movie, un documental que sigue a cuatro desarrolladores de video juegos en el final (o el medio) de esa aventura. Es un negocio lucrativo, todo parece indicar. Esto es: cuando sale bien. Cuando sale mal, parece llevar a la locura o a una tristeza para la que no hay lágrimas. O cosas así.

Estos desarrolladores son “independientes”, es decir que no están afiliados a una compañía enorme con grandes recursos. En general trabajan solos o en parejas. Invierten algunos (varios, dos o tres) años en construir su juego (estas cosas toman mucho tiempo) y al final del camino lo venden a través de internet o XBox live o… y luego vuelven a empezar el ciclo.

(Mi carrera como videojugador terminó con Super Mario. Una manera de verlo es que soy un dinosaurio digital. Otra manera de verlo es que me retiré en la cima.)

El caso es que la pregunta obvia lo que un observador independiente querría saber es si, digamos, vale la pena tanto sacrificio, pero también es qué pasa si, digamos, la cosa es un desastre comercial o crítico o los dos. La forma de la respuesta tiene mucho que ver con la personalidad del que responde, por supuesto, pero también tiene mucho que ver con la tolerancia del que responde para mentirse a sí mismo. Y como yo lo veo, la pregunta y la (hasta ahora indefinida) respuesta valen no solo para un videodesarrollador, sino también para cualquier persona que haya ideado un plan, enfrentado al destino y tal, uno incierto y sin demarcar.

Entonces este man responde y dice que pues no le importa. Que si el juego no vende no importa, que si a la gente no le gusta, no importa. Que lo que importa es si a él le gusta el resultado. Lamentablemente, el man no ha ofrecido muchos más detalles sobre ese estándar personal, le ha bastado con sugerir que es muy muy alto. Tan alto que desde aquí casi no se ve.

Y pues, yo no lo sé de cierto, pero me parece que el man estaba diciendo mentiras.

Esto es David Foster Wallace en un ensayo titulado Presentador (aparece en Hablemos de langostas), hablando de lo difícil que es hacer un programa de radio de esos de opinión en los que el locutor habla y opina sobre todo y nada en particular. Es dfw, pero el que habla es uno de los empleados de la emisora.

—Lo asombroso es que cuando coges a gente nueva que cree que puede hacer una tertulia radiofónica, te los quedas mirando la primera vez. A los tres minutos ya tienen una mirada que dice: «Oh, Dios mío, pero si me quedan diez minutos, ¿qué voy a decir?». Y eso me ha pasado mucho a mí. Así que terminas hablando de ti mismo [algo que, por complejas razones filosóficas, el productor desaprueba], o bien terminas refunfuñando.

(…)

— Me acuerdo de una vez en que me paré después de cinco minutos. Simplemente había acabado, y se pusieron a decirme: «Eh, ¿qué haces? ¡Que te faltan diez minutos más!». Y yo les dije: «¡Es que no sé qué más decir!». Y eso es lo que pasa. A ese gente que piensa: «Oh, yo puedo hacer tertulias radiofónicas», pues bien, no es tan fácil como parece. Mucha gente no lo aguanta en cuanto han probado, ya sabes: «Caray, ¿tengo que llenar todo ese tiempo y además ser interesante?».» Luego, a medida que pasan los días y sigues haciéndolo, hay algo que te va quedando absolutamente claro. En la radio en realidad no estás actuando. Eres . Si nadie reacciona y los índices de audiencia son bajos, eres tú quien no les gustas.

Algo que vale mucho la pena recordar.

El punto es que si importa si a la gente le parece o no le parece. Que uno no es una isla y todo eso.

El punto es, le estaba diciendo, que a veces uno haciendo, digamos, un blog, se siente como el man que solo escucha discos en acetato porque son los que llevan el sonido más natural y que, en consecuencia, constituyen la forma correcta de acceder al medio musical, y que le dice todo esto a un montón de gente que solo entiende en mp3.

Acá lo urgente de resolver es: exactamente qué quiere decir tener un video juego que no se venda, un blog que nadie lee, una cuenta en tuiter que nadie sigue, una carrera que no lleva a ninguna parte o por lo menos a una que no es bacana en el sentido dewittiano de las partes bacanas (escalar el himalaya, perderse en la Amazonía, curar el cáncer, etc). Vale mucho la pena recordar lo que hay en juego, pienso yo acá en la cocina, en este suburbio, en este celebratorio informal de un imperio cumpleañero.

La ilusión de lo posible. En París. jul 03, 2012

Aaron Sorkin escribe esta serie de tv llamada The Newsroom , un drama sobre lo que ocurre y lo que debería ocurrir en las salas de redacción que cuentan las noticias del día a la gente que las quiere oir. Este post tiene tres partes levemente unidas levemente. A mi me gustan los dialogos que escribe Aaron Sorkin, van super rápido, son inteligentes, son graciosos.

(Una curiosidad es que en The Newsroom estos diálogos casi siempre son interpretados en forma de gritos. Por alguna razón no del todo clara y que tal vez tenga que ver con transmitir un sentido de urgencia y acción a la cosa y a la causa pero que a mi me parece una gritería propia de una telenovela latinoamericana lo que me deja en medio de un sentimiento de nostalgia y de un sentimiento de nausea irreversible que no se acaban de combinar del todo).

La cosa con Sorkin, después de haberlo seguido en Sports Night, The West Wing, The Social Network, etc, (Hablemos de ese tremendo guión que hace TSN), es esta idea de que una cosa bien hecha (en el sentido moral) viene siempre precedida de una decisión (también moral) del ejecutante por hacerla. Esto es determinante. Alguien, casi siempre un soñador decide que la forma decente de hacer tal cosa es esta y ya estuvo. El resto, la secuencia de hechos que terminan en la cosa, se desprende de esa decisión como dominos cayendo muchas veces sin que el ejecutante tenga siquiera que intervenir.

Es una cosa muy difícil de vender en esta edad de la lujuria.

Hacia el final de Midnight in Paris, la película de Woody Allen, el protagonista tiene una epifanía. En lo que sigue revelaré un poco de la trama, si no la ha visto aún es prudente parar acá. Lleva varios días escapándose a través del tiempo y a la media noche al París de los años 20, la época dorada, en dónde el arte era más puro y genuino y todo eso. Y en el camino se encuentra con muchas luminarias, Hemingway, Stein, Buñuel, Picasso, Dalí, etc. La gente dura intelectual de esos tiempos. También se encuentra a una mujer que tiene lo que no tiene la prometida del tiempo presente. El punto es que el tipo tiene un problema y la epifanía es que no hay una época dorada, que todos son tiempos distintos y que para ser un escritor de verdad verdad debe abandonar la ilusión de que el tiempo pasado fue mejor. O algo así. Creo. Es posible que me esté acordando de otra película completamente diferente.

La cosa en esta edad de la lujuria es que la decisión moral esa, el momento en que decides ser el mejor escritor fotógrafo artista mensajero científico hace parte de la misma excusa que promueve, de la misma ilusión. No solo no basta, (no hay dominos que caigan después), es lo que evita que la intención del ejecutante logre algo para mostrar después.

¿Sí o pa’ qué?

Si ha llegado hasta acá, le tengo una admiración tremenda, qué paciencia la suya para leer estas vainas. ¿Se casaría conmigo? tengo una confusión así brutal que está ni mandada a hacer para esa paciencia suya tan profesa.

Medianoche en Paris jul 01, 2012

¿Qué ves tú?

Reportero del amor jun 21, 2012

Javier creo que fue Javier me preguntó una vez si yo era una persona exitosa1. Sospecho que se trataba de una de esas situaciones en que uno tratando de responderse algo a sí mismo compara las respuestas de los demás. La mía estándar en estos casos es que en el sentido que la sociedad le impone a estas cosas el balance es positivo pero en el sentido borgiano la cosa pinta a fracaso inobjetable.

Y éste, su blogger más espectacular, había dado el caso por cerrado hasta que fue re-abierto hace poco por la súbita e impensada revelación de la ausencia de habilidad útil identificable. Le estaba contando a mi amigo Joel, quien es precisamente todo lo contrario a juzgar por su educación en MIT y posgrados en Stanford y Harvard, sobre mi duda ontológica. No tengo muy claro lo que quiero hacer con mi vida, es como he puesto las cosas. Lo que Joel me ha dicho es que lo sensato es apelar al sentido pragmático y hedonista, es decir, elegir lo que a uno le gusta2 y en el caso de no poder encontrar el gusto por nada en particular elegir aquello para lo que uno es bueno. Y es acá en donde el asunto se ha puesto en evidencia.

Es difícil de admitir. Una razón siendo esta la última constatación de mi lenta pero inevitable transformación en mi padre quien soportó sin demasiada tranquilidad mi mamá en sus peores días señalándole sus limitaciones, exigiéndole la reinvención personal pero concluyendo rápidamente la imposibilidad del objetivo porque la nada a la que se refieren los buenos para nada también incluye el progreso personal. Mucho se habla de nuestro machismo inculcado desde la cuna y no tanto de ese talento de la mujer latina para la provocación cruel y de la otra.

Otra razón viene siendo la soledad de la condición que es, para robarle unas palabras a DFW, comparable solo a la que sufren los solipsistas. Lo que no deja campo para consuelo alguno.

1La tentación de lo cursi gana otra vez
2Para evitar explicaciones quizás innecesarias he decidido incluir mi conclusión sobre este item en particular como el título de este asunto

Transferencia jun 07, 2012

Tuve ese sueño otra vez.

El Tiempo de Nueva York traía hoy la noticia de que investigadores en la Universidad de Washington han determinado virtualmente el genotipo de un feto usando una muestra de sangre de la mujer en embarazo y la saliva del padre. Para embullar todavía más a los futuristas el diario decía que el avance allanará el camino para la identificación completa del adn del bebé no nacido, lo que hará posible detectar enfermedades genéticas antes del nacimiento. También advierte, en un tono más sobrio, que saber tanto sobre lo que podrá ser tiene una enorme carga ética que hasta ahora nadie se atreve a enfrentar en serio.

La carga ética se crece todavía más considerando la dificultad de, por obvias razones, no poder consultar al directamente afectado. Independiente del espectro libertario en que usté se encuentre la desventaja de la condición patológica que no tiene cura no alcanza ni para agradecer a dios ni para maldecir a Ayn Rand. El punto es: esas decisiones son líos bárbaros. El punto es: ese es solo el principio. Porque el día en que nos demos cuenta que ese mismo camino está lleno de posibilidades será el día. Mejor ojos de este color, mejor la nariz no tan egipcia, mejor con menos dudas ontológicas y tanta debilidad para la confusión melancólica. Es ciencia ficción solo para aquellos que no comparten la fe de lo posible. Lo imposible será, por obvias razones, arrepentirse a tiempo. Una vez la decisión cometida: una vez todas las cartas al descubierto. Si esto no es el futuro yo no sé qué es el futuro.

Sebastián Deutsch contra las cuerdas defiende su teoría frente a una multitud de caras que debaten la incredulidad con el tedio. Yo no debía estar ahí. Alguien me persigue y mi última maniobra de escape me dejó en el auditorio. Entro en la sintonía de la historia a medio camino. Somos parásitos, declara. Pero se arrepiente, suaviza la tensión, evita la disputa semántica. Somos como el caracolito que necesita buscar un caparazón. (En dónde oí eso antes). El caparazón es este cuerpo de humanos, lleno de inconveniencias, pero lo mejor en oferta. Lo único disponible, refuta un anónimo. Deutsch impasible anuncia la demostración del producto, será posible cambiar de huesped, orgánico o inerte, será posible la transferencia del ser, sin dejar nada atrás. Y yo no puedo esperar.

Estación jun 04, 2012

En ese tiempo, cuando todavía eramos nosotros, me preguntaba por la despedida. Si es mejor desaparecer por completo y de inmediato o dejar desgastar la presencia. Yo decía lo primero, obvio que lo primero, convencido de la convincente probabilidad de lo segundo. Siempre que me sacaba este tema, me hacía recordar mi desaparición. Nunca le conté esa historia, porque fue una desaparición temporal, dejé de ser y luego volví en un abrir y cerrar de ojos, o en un forcejeo entre extraños.

Mi papá trajo a la casa una de esas pistolas para pintar carros. Yo le pregunté cómo funciona. Y me dijo no la toques, que la dañas. Yo quise saber qué tiene que ver lo uno con lo otro. Cuando una tarde él había salido con su amigo Dago a tomar cerveza en los bares del centro, encontré mi oportunidad de averiguarlo. No la dañé. La hice funcionar y en las paredes del patio escribí las letras eln. Pensé que eran unas iniciales, eran unas iniciales, las había visto por todas partes en el pueblo, algún intenso enamorado, algún egocentrista en demostración, pensé. Mi papá en su borrachera hizo una pausa a la golpiza para explicar el origen verdadero de las siglas.

El bus para el pueblo salía a las once de la noche y mi papá insistió, como hacía siempre, que estuvieramos en la terminal de los buses tres horas antes. En la mañana habíamos conseguido los tiquetes, la anticipación era absurda. Mi papá compraba un café. Yo llevaba una chaqueta de jean, mi favorita. En el bolsillo izquierdo el walkman grabando horas y horas de la radio de la ciudad para escuchar en el pueblo en modo infinito. En el bolsillo derecho, el que iba en la parte de adentro, el álbum de láminas del mundial, faltándole cuatro para ser completo. Lo recuerdo porque justo cuando iba por él, para distraerme un poco en la espera sentí el jalón determinado del brazo de un hombre. Con que acá estabas!, gritó la voz en mi dirección. El brazo determinado me arrastraba por la estación. Mi papá sin café en movimiento de ágil persecución nos alcanzó justo antes de las escaleras de la salida y tomándome del otro brazo me disputó al tirano. El tirano perdió. No sin antes permitirse una amenaza, apenas al comprender la inminencia de la derrota nos dijo con los dientes apretados quien era él y quienes sus aliados.

Un Ejército Enemigo may 28, 2012

Hay novelas que son, en esencia, un vehículo en donde van en sobrecupo las opiniones del autor. Tiene mucho que decir, sobre lo malo que anda el mundo, sobre como se puede arreglar, casi nunca sobre lo bien que va todo. En estas novelas casi nunca pasa nada. La crítica favorece a estas novelas. Porque todos necesitamos, se supone, alguien que nos explique el mundo. Hay otras novelas en donde la acción es lo que importa. La gente hace y deshace y la explicación del mundo viene a traves de las reacciones de los que viven el drama. La crítica no favorece estas novelas. El experimento es siempre mundano, lo que vale es lo intelectual.

Como yo lo veo, Ejército Enemigo, la novela de Alberto Olmos, es una forma del primer grupo. Yo pensé que no me iba a gustar. De hecho, todavía no sé si me gusta, y aún así sigo volviendo a estos pedazos que he subrayado, por las explicaciones del mundo. La historia es la de un hombre, Santiago, al que su recién fallecido (asesinado?) amigo le ha dejado la contraseña de su correo electrónico. Una rara herencia, y Santiago se encuentra de pronto envuelto en la deconstrucción de esta vida ajena, la del amigo militante de las causas sociales.

El libro está lleno de pequeñas frases para llevar. Casi que concebidas para ser pegadas en tuiter, convertidas en instrumentos virales del conocimiento.

Lo que descubre uno con treinta y cinco años es que todo lo había descubierto ya con treinta.

Yo sólo busco anotarme, registrar lo que vivo; no hago biografía, hago inventario.

¿Quién hace algo en serio los domingos por la tarde? Dime dónde estás los lunes y te diré por qué el sistema funciona.

—Ahí está la putada. Ya no se hacen las cosas para que cambie la realidad, sino para que se sepa que se hacen cosas.

Nadie compraría nada en este mundo si lo pensara un poco.

Me avisa cuando esté a punto de destruir el computador. Todo es cierto. Como que inobjetable, como que se cae de maduro, como que te deja pensando que hace tanto tiempo no escuchabas estas ideas expresadas de esa manera tan elocuente y que te deja tanta nostalgia por los momentos en que tú, así embriagado de intelectualidad, discutías con tus amigos las teorías y explicaciones de lo siniestro y lo evidente que es la vida misma.

Pero si uno es paciente, llega una explicación, digamos una que después de tantos años de tener un blog que no lee nadie ya se estaba haciendo necesaria.

Internet había obligado a la gente a expresarse por escrito, y eso hacía de leer una forma de conocimiento personal. Las faltas de ortografía eran como corbatas mal anudadas, zapatos sucios, uñas mordidas. Las frases cortas parecían pasos pequeños o tendencia a tamborilear sobre la mesa. Un vocabulario selecto remitía a fumadores en pipa o a pedofilia. Escribir todo en mayúsculas denotaba afán de protagonismo; utilizar abreviaturas propias de sms, prisa por follar. La tipografía era un rostro, y leer, mirar directamente a los ojos.

Prisa por follar, dice. Y hablando de follar, esto otro.

El voyeurismo se volvió solidario, y todos aquellos que disfrutaban de una vecina ciertamente ligera de cascos (nunca echaba las cortinas) o de un encuentro casual con el coito ajeno (en un parking, un parque, unas escaleras, un cajero automático) relegaron el disfrute privado de tal hallazgo en beneficio de su grabación con la cámara del móvil, para después subirlo a la red y masturbarse mientras congelaban las imágenes, tomadas por ellos mismos.

Por ellos mismos, dice. Por usté, quiere decir.

La Libre may 27, 2012

— Entonces de ahí viene el nombre…
— De ahí viene. En alguna parte escuché o leí que en español quería decir “libertad” y sin siquiera tomarme la molestia de verificarlo decidí que esto es. Si el éxito de esta desiderata es condición necesaria para el futuro, qué otro nombre se puede acercar más
— La libertad como condición esencial de estar vivo
— Exacto. Estaba leyendo a este autor que dice sin lugar a dudas que el único problema filosófico es este asunto de cometer suicidio…
— Camus, que veía el suicidio como el rechazo de la libertad, precisamente
— Y entonces te das cuenta que si la idea es que la vida vale la pena vivirla, la libertad es el método que lo hará posible
— ¿Y qué te da la libertad? ¿El amor, tal vez?
— La libertad es en el fondo una decisión, lo que crea una confusión mayor. Porque para decidir que seré libre, debo serlo. Es una contradicción. Y lo otro, lo que pasa es que vivimos con esta generación que creció oyendo a los Beatles o que creció oyendo a los papás oir a los Beatles, y nos hemos creído el cuento que el amor es el camino, la respuesta o que se yo. Y es una mentira. Es la mentira que nos gusta promover. Los enamorados, una vez descubren que no hubo nirvana, van combatiendo la desazón del estado que nunca colmó sus expectativas alimentando el mito este de las mariposas en el estómago y los sueños compartidos
— La gente se enamora para poder decir que el amor es el camino
— Y pues, no lo es. No puede serlo. Luego tienes a Hollywood alborotando las imaginaciones. Ahora no vas a otra parte sin suspirar compungido por cómo es que no tienes amantes desperados que van a al aeropuerto a despedirte suplicando que no te vayas, bajo la lluvia
— Entre más amas, más llueve
— Hollywood es culpable, como mínimo, de falsa publicidad. Esperamos demasiado de los amantes. Que sean, en ningún orden en particular, mejores amigos, confidentes, sicoterapeutas, amantes incansables, almas gemelas, buenos cocineros, arregladores de cuanta vaina se dañe en la casa, amas de casa, nuestros fanáticos más apasionados, entre otros. Es decir, por mencionarte unos pocos. Y nadie puede alcanzar semejantes expectativas. El amor se convierte entonces en el enemigo de la libertad. Cuantas veces se sorprende uno diciendo es que a mi nadie me ha querido queriendo decir nadie me ha querido como quiero que me quieran.
— Alguna gente, sin embargo, afirma que en efecto han encontrado eso que siempre han buscado
— (Risas)

Perdiendo mis credenciales may 23, 2012

Estabamos hablando de hacer un sitio web. Tiene que ser esto, tiene que ser lo otro. Tiene que ser, ante todo, una línea directa a nuestra personalidad. Una que además nos una a nuestra gente. Somos la generación de los proyectos. Todos incompletos, le decía. Antes hacíamos estas cosas porque creíamos que había una especie de comunión. El introvertido, el paria, el energúmeno, el insufrible. Todos unidos por la lealtad inequívoca entre los que ya no se creen únicos.

Le trataba de explicar. Siempre quise creer que era un nerd pero no creo que sea un nerd. Era mi excusa por promover. Como cuando uno dice que no puede tomar porque está tomando antibióticos o no puede darle a eso por aquello de la amiguita mensual o que no va a tener hijos porque quiere disfrutar de la vida y por disfrute uno entiende masturbarse en soledad viendo el porno más obsceno que internet pueda ofrecer. Excusas que promover. A quién no le atrae más la posibilidad de la cosa que la cosa misma. Nerd.

— ¿Qué complicaciones?

…como cuando veía a mi papá desbaratar cuánto aparato desbaratable existiera y volverlo a armar sin que le sobraran piezas. Ya le dije que el man hizo una casa. Yo a duras penas coronaba el tercer nivel de Super Mario. Ahora está de moda esto de ser nerd. La gente piensa que de alguna manera es diferente ahora que antes. Todo es ilusión.

— Todo y la idea de ser nerd.

Es muy tarde para estas dudas, ¿no te parece?, en algún momento uno debe admitir que la fecha límite para tener dudas ha terminado y lo que hay es lo que habrá.

Sirena Varada may 10, 2012

Lucy se da un baño sin mojarse el pelo, se sienta al lado de la matrona, se toma el potaje y se queda dormida. Dormida en la cama en la habitación, cubierta por una sabana, parece parte del paisaje de la decoración. Frente a ella la matrona y el cliente discuten los pormenores. Solo una cosa le pido, dice la matrona, que no haya penetración. En esas palabras. Uno de los clientes encuentra absurda la proposición si no por lo moral, por lo biologicamente imposible. Los clientes tienen acceso a Lucy dormida y sin testigos le dan via libre a lo que hay por dentro, lo misógino, lo nostálgico, lo absurdo.

Esa es la película.

A Lucy dormida llegamos por un camino confuso, lleno de ideas sueltas, que empezó con ella declarándose a la vanguardia de nuestro tiempo, anunciando que su “vagina no es un templo” y que está dispuesta a compartir y compartirse, cosa que de paso la hace un elemento de ficción: estas mujeres no existen. Si en lo que vamos es que el hombre es esclavo de la conquista, la conclusión innegable es que la mujer, ésta y todas, le apetece ser conquistada. Es mandato del objeto del deseo hacerse desear con fuerza y dificultad, y no todo lo contrario.

Pero ese no es el lío. El lío es que el final es confuso. Ambiguo con esa ambigüedad de las películas de cine arte, demasiado convencidas de su intelectualidad. Pensé que deberían existir oficinas dedicadas a esto, un call center especializado, patrocinado en comunión por la empresa cinematográfica y el comité productor, al que 24 horas al día, 365 días al año, gente que tiene todas las respuestas responde el telefono para explicarte los finales ambiguos de las películas ambiguas. Ella gritó por esto. El héroe se suicidó por aquello otro. Que ocurre que todo ha sido un sueño.

En internet me encontré con la misma duda. ¿Qué quiere decir ese final? ¿Por qué no otro? ¿Por qué esos gritos? ¿Por qué esa reacción? ¿Por qué ella hace esa propuesta? Qué diablos pasó aquí.

En un intento de explicación, un crítico advierte que estos vacíos son necesarios. Es la forma en que el creador le hace sentir al espectador cosas fuertes, lo hace pensar, lo reta a involucrarse en la vaina. Que es como estos témpanos de hielo de los que hablaba Hemingway. Que uno puede omitir lo que quiera, y lo omitido no hará sino fortalecer la historia. Que se vea la punta que lo que no se ve es más fuerte. Asumiendo, eso sí, que el que está decidiendo lo omitido sepa de cierto las cosas que se pueden omitir.

Es así de aburrido como suena.

Se vale en las películas buñuelescas. Se vale en las novelas de gente en Paris. Debe valerse en la vida. Uno omitirse a sí mismo pedazos enteros de lo vivido. Si pasas acá setenta, ochenta años, descontemos lo innecesario, lo mundano, con suerte rescatemos lo sublime y, con más suerte aún, quedará algo que contar, no tanto una historia confusa llena de ideas sueltas con un final arbitrario y excéntrico y que nadie entiende del todo.

El ciclo de la indignación (Una abstracción) may 09, 2012

1. Un man (casi siempre un man) dice una torpeza y se asegura de que quede testimonio en video o audio. Ojalá los dos.

2. El pueblo reacciona con indignación. Que no cesa.

3. Políticos de todos los calibres se apresuran a distanciarse de la ofensa. También argumentan indignación.

4. El man de la ofensa sale a disculparse. Como es una medida de control de daños y no guiada por el remordimiento, la embarra más.

5. Algún iluminado advierte que la ironía de la torpeza es que aún si describe la realidad, lo malo ha sido haberla dicho en voz alta.

6. Esperar pacientemente a que alguien más la embarre, y seguir como si nada.

Penitencia abr 03, 2012

La cámara anecoica de los laboratorios Orfield de Minneapolis es el lugar más silencioso del planeta.

La ausencia total de sonido te hace muy consciente de lo que está pasando dentro de tu cuerpo. El corazón que palpita. Los pulmones que se inflan y desinflan. Los oídos que zumban. La sangre que fluye. En una cámara anecoica, uno es un organismo ruidoso. Sin la reverberación en la sala, no quedan otras señales de orientación espacial. Después de una media hora en la oscuridad, uno se desorienta. Con el tiempo, uno podría experimentar alucinaciones visuales y auditivas.

Entonces mi hermana decidió no hablar más. Yo había leído de estas cosas en cuentos y novelas. Gente que de pronto decide no hablar más. Mi mamá en desconcierto hizo lo posible por entender las razones primero, y por hacer que volviera a hablar después. Tal vez es un desequilibrio hormonal. Tal vez un trauma mayor, un novio prematuro, un lío de amigas. Las niñas tienen un talento especial para ser crueles. Vencida, mi mamá consultó a mi padre. Mi padre intervino. Mi padre falló también. Era un silencio facultativo. Se rompía para interacciones triviales del diario. Mi padre recordó un episodio con mi hermano, quien se tardó mucho para hablar. Preocupados en ese tiempo consultaron al pediatra, que calmó a todos con una estrategia sencilla: enseñenle a decir a malas palabras. Y santo remedio. Luego tuvimos que volver. Esta vez a preguntar cómo hacer para ajustar un poco las maneras, especificamente como modificar eso que salude con “Buenos Dias Malparido”, o que agradezca con un ortodoxo “Gracias, hijueputa.” Sin encontrar una conclusión satisfactoria, mi padre intuyó que estos silencios siempre están relacionados con una forma de ira, una muy profunda e intratable, o mejor, tratable solo con el tiempo y la paciencia de dejar que se resuelva sola. Un día cualquiera, mi hermana empezó a hablar de nuevo. “Que pendejada” fue lo primero que le oímos decir.

Le preguntamos hasta cuándo. Nos dijo que la promesa había sido hasta que el niño cumpliera los dieciocho años. Es imposible romper esa promesa. Eso quiere decir que no le cortará el pelo hasta esa edad, dijo alguien, en parte preguntando, en parte teorizando. La promesa no tiene que ver con el niño. El padre borracho se acuesta a dormir, despierta de pronto entre gritos, por instinto busca el machete, lo encuentra, se lanza a correr detrás de nadie en particular, sin ver en el suelo lo que lo hace tropezar. De frente al suelo caerá, el cuerpo sobre el machete, la cabeza primero sobre el suelo de cemento. Tres días después del coma, la esposa con desilusión en aumento opta por los cielos. En actitud no convencional, reta a su dios, interpreta La Escritura como una especie de contrato y exige que cumpla su parte. Como evidencia de buena voluntad, ofrece no cortarle el pelo al niño que en su momento tiene cuatro años por los siguientes catorce. Esto por que el padre vuelva a la vida. No me queda claro cómo se beneficiaría su dios con ese pelo tan largo sin cortar. Pero el padre vuelve a la vida. Y el pelo se deja sin cortar. En medio del silencio que sigue, veo a la niña, la uña del dedo pulgar más larga que las otras. No quiero preguntar, pero pregunto. Es imposible romper esa promesa, me explica.

Madurez abr 01, 2012

Mientras tanto en Troy, la ciudad de Rensselaer, donde hice el doctorado y me jodí la vida. Los fines de semana eran ahí todos largos y aburridos y todo un desafío. Una vez se calmó la novedad de todo y me formé una rutina dos cosas se quedaron. Mercar e ir a leer. Interrumpía para ir a pasear, a conocer Manhattan, Brooklyn, los Adirondacks. Mis profesores no querían que trabajara en el fin de semana. Uno de ellos tuvo una epifanía años atrás cuando uno de sus estudiantes se suicidó y desde entonces él era todo intenso con esto de que uno no debía hacer del trabajo la vida.

No es que a mi me hubiera tenido que repetir mucho ese cuento. Entonces uno de los días del fin de semana era para mercar y hacer cosas de la casa, lavar y eso. Mercaba en un supermercado llamado Hannaford. Era donde mercaba la crema de la nata. Mi presupuesto eran 25 dolares por semana. Era un poquito alto pero nunca he creído en esto de ahorrar con la comida, de ser posible no lo hago. Prefiero sacrificar otras cosas. Tampoco es que comprara cosas raras, lo normal, lo más caro era la carne que en Estados Unidos siempre ha estado del lado caro. También cosas nuestras como el platano o la yuca que son una rareza, necesarias para mi, y súper caras. Un dólar por un platano o algo así. Carísimo. El caso es que yo veía estos platanos, traídos de Colombia o de Ecuador con los loguitos de nuestras bananeras y me preguntaba por qué no saben igual. Acá es imposible conseguir los maduros que uno consigue en colombia. Entonces me explicaban que ocurre que los cortan muy verdes en Colombia y dejan que se vayan madurando en el barco. Los cortan más verdes que verdes y cuando llegan acá siguen siendo verdes pero no saben lo mismo. Entonces yo pensaba que yo debo ser como estos platanos. Salí de la casa más verde que verde y ahora no sé a lo mismo. Aunque madure.

Sabelotodo mar 13, 2012

En la casa había un juego llamado sabelotodo. Lo promocionaban como un juego para poner a prueba tus conocimientos en cultura general. Pero no: era un juego de memoria. Yo tomé esas cartulinas, leí las preguntas y memoricé las respuestas y fui invencible en el juego.

Habíamos llegado a Medellín y mi profesora de español me preguntó si estaba listo. Yo le dije lo único que uno dice en estos casos. Que había nacido listo y tal. Ella movió no sé que cielos y tierras y me consiguió una cita con un periodista del diario El Mundo de Medellín. A ver que sale, me dijo. Yo le había dicho a ella y a toda la gente que me conocía en realidad que quería ser periodista pero que en realidad no sabía que era eso que quería ser. En realidad esta vocación un tanto prematura venía de parte de Hemingway y García Márquez, ambos periodistas a su modo, uno de guerra, el otro abandonado en París. Entonces mi profesora me consiguió la cita para que hiciera todas las preguntas posibles sobre esta profesión fantástica que todo lo puede. A la entrevista llegué con una grabadora de esas que usan los reporteros curtidos, a la que le había puesto un casette en blanco y baterías nuevas y que al final de cuentas no supe ni como no grabó nunca nada. En la sede del periodico me atendieron con curiosidad, como esa sorpresa y fascinación con la que los adultos le hablan a los niños que pretenden hablar como adultos. Por dos horas estuvimos hablando de cosas varias, yo confiado que todo iba para siempre a este medio magnético tan mágico y eficiente. Cuando llegué al hotel quise oir la conversación y me encontré con una pared de ruido blanco. Me inventé todas las excusas posibles para mi estupidez, pero nunca me permití admitir la verdad. De vuelta en la casa, tomé el casette y lo metí debajo del armario enorme donde mi mamá guardaba los platos de las visitas. Y le dije a todos que lo había perdido. Y cuando mi profesora me preguntó si quería contar el cuento yo le dije que mejor no, que la cosa había sido muy personal e intransferible. Y finalmente, me juré no confiar nunca más en estos artificios convenientes que reemplazan la memoria y que lo hacen bien hasta que fallan.

Mi papá recibió un millón de pesos de herencia en el tiempo en que un millón de pesos todavía era plata y con eso compró un lotecito a tres cuadras de la plaza principal y luego llamó a su mejor amigo para que le ayudara a hacer ahí una casa. Entre ellos dos y unos siete meses la armaron. Mi papá la diseñó. Tal cual como le vino a una noche en un sueño, la casa que había de hacer para su hija no nacida. Todo muy macondiano, todo muy inclusive. Es una casa bonita, toda abstracta ella, con una terraza en la que se sentaba mi mamá a tomar el poquito fresco que había en ese pueblo infernal. Una terraza con un borde todo curvilineo en donde mis amigos y yo empujabamos tapitas de gaseosa jugando a una vuelta a colombia frenética. Una terraza que tenía además un huequito para el desague que además era el hoyo perfecto para jugar a la bolita de cristal. La casa fue lo que mejor hizo mi papá. La hizo con sus manos, desde un matorral lleno de culebras hasta este espacio encantado que servía para vivir y para jugar. Le puso un piso de granito que todavía sobrevive intacto. Le puso un cielo raso que separaba el calor del eternit de la gente de adentro. En el patio sembró árboles de guama, mamoncillo, limón, naranja, un mango traicionero que por poco se trae la casa abajo y, siempre el romántico, una mata bonches rojos. Y armó un quiosco de palma para tener en donde colgar una hamaca y que sirvió para todas esas primeras fiestas de cumpleaños de los hijos y después de residencia permanente de todas las abejas africanas del barrio. El viejo tenía veintisiete años cuando la hizo. Menos de los que tengo ahora. Esta edad existencial en la que gravito ultimamente, preguntándome exactamente para que ha servido todo este conocimiento de libros y tonterías y ecuaciones raras y bobadas aprendidas que no alcanzan para moverle el corazón a nadie, ni para jugar bolita de cristal por las tardes.

Y lo que le quiero decir es, tanto saber uno para terminar no sabiendo nada, y así.

Un blog posmoderno mar 08, 2012

Una pausa en la crisis emocional de los últimos meses para tratar un tema importante. Los temas importantes siempre fueron la razón de ser de este su blog más espectacular. Entonces, pongamonos nuestros gorritos de pensar y preguntemos al aire, como si fuera 1999, ¿Es Santa Maradona un blog literario?

Entre bostezo y bostezo vamos a llegar a una respuesta satisfactoria a esa pregunta.

En una reunión de intelectuales debatían el asunto el otro día. La pregunta era diferente, sin embargo, la pregunta era algo como si se puede hacer literatura en un blog. Y ya sé lo que está pensando, tantos años y todavía confundimos el medio con el formato. Y sigo sabiendo lo que está pensando, que la pregunta planteada así es un poco torpe, como decir si uno puede ser presidente de la republica. Ya que estamos hablando de intenciones que en principio no violan las reglas de la física entonces en principio se puede. Por supuesto que es posible. Pero, diga usted, no le daría un poco de dolor admitirle a uno de sus hijos que no que uno no tiene siempre lo que quiere aunque las leyes de la física lo permitan.

Primero vamos a tener que resolver la duda de lo que es literatura. Es decir, al encontrarselo de frente que le permite a su experiencia subjetiva decidir si ésta colección arbitraria de textos merece ser llamada arte y no, digamos, algo que pudo ser. Y aquí vamos a perder la cabeza.

Hablemos de criterios: que se puedan leer, que usen un lenguaje cuidadoso alineandose con la aceptación gramatical de nuestra gente, que tenga alguna cualidad estética (digamos que le parezca bonito a alguien diferente del autor), que diga algo interesante (y por interesante quiero decir que describa la condición humana o algo parecido.)

Se puede hacer literatura en un blog, pero, hasta ahora: ¿se ha hecho? ¿tenemos ejemplos para mostrar?

Preguntemos a Murakami, testigo de la experiencia posmodernista.

PARIS REVIEW

Antes mencionó que García Márquez y Kafka eran escritores de literatura, en contraste con su propio trabajo; ¿No se considera usted un escritor de literatura?

MURAKAMI

Soy un escritor de literatura contemporanea, algo que es muy diferente. En la época en que Kafka escribía, uno tenía solo música, libros y teatro; ahora tenemos la Internet, cine, videos, y mucho más. Ahora tenemos muchisima más competencia. El problema principal es el tiempo: en el siglo diecinueve, la gente—estoy hablando de la clase acomodada—tenía tanto tiempo libre, que leía libros largos. Iban a la opera y se sentaban por tres o cuatro horas. Ahora todos están muy ocupados, y no hay una clase acomodada en realidad. Es bueno leer Moby-Dick o a Dostoevsky, pero ahora la gente vive muy ocupada para hacer tal cosa. De manera que la ficción ha cambiado drásticamente—tenemos que atrapar a la gente del cuello y atraerlos a la página. Los escritores de literatura contemporanea deben usar métodos de otras áreas—jazz, videojuegos, todo. Yo creo que los videojuegos son lo más cercano a la ficción que existe por estos días.

Y el hombre está hablando de evolución y tal. Pero para qué hablar de eso cuando uno pudo parar tres párrafos más arriba.

Y no, Santa Maradona no es un blog literario. ¿Debo explicar lo de los criterios nuevamente?