Santa Maradona

Fantasmas abr 10, 2013

Camino al trabajo escuché un episodio de Radiolab de hace varios años (!), titulado Where am I sobre lo que pasa cuando el cerebro y el cuerpo se desconectan con o sin razón. Dicen ellos (y Los Científicos) que esa vaina que uno llama miedo es la vaina que le sigue, la interpretación de algo, de una reacción fisiológica. Uno primero se asusta y después se da cuenta que se asustó. Y a veces la interpretación se queda aunque la fisiología haya dejado de existir.

Lo que es sorprendente.

Lo que es preocupante.

En las épocas con mi terapista ella insistía que hiciera el esfuerzo en reconocer la reacción del cuerpo ante una situación. Sentías una corriente helada en la espalda. Sentías dolor en el pecho. Sentías mariposas en el estomago. Ese camino de lo abstracto a lo físico es para mí una cosa imposible de recorrer. Toma algo de práctica, supongo, tal vez ni eso, tal vez haya que volver a nacer.

El punto es que hoy estábamos hablando de nerds y alguien comentó que fulanito el del otro extremo de la oficina es un nerd que no es nerd. Que aunque ha decorado su cubículo con afiches de Star Wars y muñecos de cuanta vaina ha llegado del Japón, en realidad lo hace no por una convicción que viene desde adentro sino en busca de una confirmación que llegue desde afuera. Las razones que motiven tal cosa permanecen de momento poco claras.

Seré yo un nerd que no es nerd. O un nerd a secas. Después de todo no me he familiarizado lo suficiente con la ciencia ficción de la comunidad, ya no leo cómics, ya no juego frente a una pantalla (me retiré del tema con el Super Nintendo), no conozco muy bien a Tolkien, o a Star Wars, de hecho esas películas las vi ya cuando era estudiante en Medellín y no causaron mayor impresión y ya francamente ni me acuerdo de qué iban. Cuando me gradué, el asesor de mi tesis me regaló un vasito conmemorativo en el que habían grabado una pequeña frase: “Live long and prosper” que me ha tomado un tiempo muy largo y vergonzoso en atar a la serie Star Trek. El punto es que no soy un nerd. Pero todo lo que va por dentro y que sale cada vez menos indicia lo contrario, que si lo soy. Y entonces mi condición de nerd debe ser como esos brazos fantasmas que suelen mencionar los amputados, que están cuando no están.

Despertadores abr 08, 2013

Cuando estaba en el pueblo era mi papá tomándose el primer café caminando por el patio hablando solo y a veces con “la mencha”, una chiva que compramos con la intención de hacer un asado decembrino y que una vez llegada a la casa mostró una familiaridad pasmosa con las peculiaridades de la familia que cuando llegó el momento festivo definitivo nadie tuvo alma para la ejecución y entonces se quedó viviendo como mascota entre nosotros hasta que se murió de vieja varios años después.

También era mi mamá que entraba al cuarto en la madrugada a apagarme el radio que yo sintonizaba en las noches en la radio nacional o cielo despejado mediante en radio nederland porque en ese tiempo le tenía un pánico enorme a la soledad o a despertarme y no encontrar a nadie, un pánico que se intercambiaba con ansiedad sin aviso de ninguna clase y que yo lograba (apenas) mantener a raya teniendo a la mano alguna voz constante. Mi mamá esclava de los pragmatismos señalaba todo ese tema como un simple innecesario desperdicio de energía eléctrica. Que, usté sabe, no la regalan.

Luego fueron esos despertadores baratos que uno compra en la calle y que tienen un tono súper alto y que suenan con una urgencia francamente fuera de lugar, no con compasión de alguien que tiene que salir porque no tiene alternativa sino con la crueldad del que se burla por el mal ajeno ignorando karmas y otras posibilidades de revancha. El mercado de despertadores afónicos, roncos, tenores es al parecer inexistente. El mercado de despertadores que entren en sincronía emocional con el despertado es una utopía que algunos quisimos ver como realidad.

En otro tiempo era la mamá de El Heredero madrugando a planchar la ropa del diario y que nunca encontró el método para despertarme sin pegarme tremendo susto. Teorizando alguna vez concluímos que se debía a su similitud física con los personajes de las películas de terror que vinieron con fuerza de Japón y Corea. También una vez en el consultorio de un terapista tratando de salvar lo inevitable teorizamos con la presencia de una metáfora que nunca cristalizó.

Ahora es una manillita multifuncional que durante el día cuenta cuántos pasos doy y lleva la cuenta de cuántas calorías voy quemando y qué cara estoy haciendo mientras las quemo y que por la noche se ajusta a un nuevo modo no tan activo y que uno no cuadra con la hora destinada a levantarse sino más bien con un rango de posibilidades, un intervalo de lo posible, y la manillita por obra y gracia de algunos seres invisibles dentro de ella logra determinar el momento óptimo para traerme de esa realidad de mis sueños que me gusta tanto a esta otra en donde es mi destino vivir.

Lo cotidiano no es parábola mar 30, 2013

I’m too busy to see you
You’re too busy to wait
But I’m okay, how are you?
Thanks for asking, thanks for asking
But I’m okay, how are you?
I hope you’re okay too
Palo Alto, Radiohead

1.
Los oficinistas vivían en desdicha, irascibles, se reunían a horas impredecibles en lugares predecibles a quejarse del orden mundial, monólogos repetitivos en el contenido y en el tedio sobre lo mal que anda todo, que nadie hace nada por arreglarlo, que de todas maneras ya es demasiado tarde para intentarlo. Cuando los acompañé, siempre escuché, nunca lancé uno de los monólogos míos. Cuando fue el momento de dejarlos y cambiar de trabajo le pregunté a uno de los asiduos de ese descontento, por qué seguían allí. Este es, después de todo, un período próspero, lo es por lo menos para ésta clase de oficinistas del servicio y acarreo de bytes, y el conseguir una nueva aventura no se antoja utópico. No eran quejas, me dijo, estaban siendo honestos a su verdad, su doctrina es la infelicidad, en ella son completos, y no se van porque aquí se tienen los unos a los otros.

2.
La vecina golpeó a la puerta. En la mano tenía una pequeña pieza evidentemente separada con violencia de un carro. De su carro, me aclaró. Ha visto algo anormal, algún delincuente deambular en el barrio. Es lo que ha querido saber. Le dije no. Pero he visto la verdad. Estaba acá en la cocina, envuelto en la fabricación de una sopa de calabaza, cuando he oído algo retumbar, como un ruido de tambores afónicos, discúlpeme mis intentos por metáforas rebuscadas, es un defecto que traigo del pasado que es de dónde vengo, ¿usted también? qué curioso que vengamos de la misma parte y seamos tan diferentes, el retumbar fue el viento, no sé cómo explicarlo, un mini tornado en formación, fue una cosa maravillosa, levantó por los aires la mesa que tiene en el jardín, la rampa que usan los jóvenes para hacer maromas en sus patinetas, y toda la demás basura que usted mantiene frente a su casa y que ninguno de nosotros en la cuadra ve con buenos ojos. Es algo que los vecinos hemos discutido ampliamente. Fue la rampa la que una vez sin el soporte del viento ha caído en violenta libertad sobre su carro estacionado, ocasionándole heridas. No la culpo si decide no creerme.

3.
No es fácil crear un movimiento culinario. La mayoría, al escuchar la propuesta, se muestra entusiasmada, se deshace en elogios, llega (tal vez) al extremo de expresar interés en participar. Participación sujeta, cómo no, a encontrar el tiempo. No es fácil crear un movimiento culinario si antes hay que encontrar el tiempo. El colectivo de La Cocina Irónica compensa los pocos números y el escepticismo general por estas cosas con una inusitada pasión por la expresión libre de la emoción en medio comestible. Se reúnen cada semana en una sede que se rota entre las residencias de los miembros. No se discute de arte, asuntos actuales, anécdotas que no tengan conexión directa con la esencia del movimiento, no se hace “charla casual” (de hecho, hacerlo conduce a la expulsión unilateral), solo se cocina. Me invitaron hace un par de meses y la semana pasada fui a mi primera sesión de prueba. Sirvieron bisque de bocachico, langosta sobre una cama de arroz con huevo, coq au vin presentado con guantes de plástico para que los comensales comieran con las manos, foie gras relleno con quinoa y un colombiano presentó una interpretación de la bandeja paisa con frijoles fava importados de Egipto, tofu, quinoa y chicharrón, por supuesto. La próxima reunión es en mi casa y ya sé lo que haré.

Proporción mar 12, 2013

Estábamos hablando del problema que presupone una crisis ontológica de la edad adulta para un adulto que no confía en la existencia de alguna cosa después de la vida y alguien trajo a colación la idea de Foster Wallace de que no existe en realidad tal cosa, siendo la cosa en cuestión lo de no creer en nada, siendo la nada la ausencia de todo, y yo que pensaba que lo que dfw quería decir era otra cosa y no un ataque directo a, por lo menos, la idea de ser ateo sonreí un poco pero hice mucha fuerza para que la conversación avanzara hacia otro lado que no fuera ese.

Chris Hadfield, el astronauta canadiense que por estos días vive en la estación espacial, y que entretiene a todos con fotos espectaculares en tuiter hizo una sesión de Pregúnteme lo que sea en Reddit y alguien le preguntó la pregunta obligada en este tipo de situaciones sobre cómo hace uno un simple mortal para llegar a ser tan exitoso y espectacular. Nadie le hace este tipo de preguntas a, digamos, un indigente, lo que no deja de ser algo pretensioso si uno acepta que en el universo de las probabilidades, está uno más cerca de eso que de irse al espacio a tomar fotos.

Y entonces alguien no el mismo que recordó lo de Foster Wallace hizo la conexión entre las dos cosas haciendo la pregunta hecha al astronauta a sabiendas de que todos éramos adultos con prejuicio ateo en encrucijada ontológica, apropiados autores en potencia para un hipotético Manual para fracasar con estilo. El punto es que no puede uno responder la pregunta (¿Cómo ser humano?) sin darle la oportunidad al melodrama que es lo que he hecho yo a dos tiempos. Yo supongo, es lo que he dicho, que la vida es impredecible y lo único realmente útil para navegarla son la disciplina y la facilidad para la adaptación. Otras cosas que quise decir y no dije: el futuro es una banda de moebius, el destino es un unicornio que te sirve en bandeja donuts envueltas en tocino, la fe es la chica bon vivant que conociste antes de que todos la conocieran.

Entonces dije lo mismo otra vez, con dos historias. Y esta vez fui honesto. Un director técnico golpeado fuertemente por el mal rendimiento del equipo último en la tabla y una hinchada en armas y una prensa en modo imperdonable hizo una pausa para sorpresa de todos y se internó en un hospital de esos de reposo en donde durmió tres días seguidos de una forma profunda y desentendida que la cosa llegó a parecer un coma auto impuesto. Al despertar el equipo seguía en el último lugar. En 1984 un astronauta estadounidense en el espacio estelar con una mochilita a la espalda hizo lo que hasta ese momento no había hecho ningún ser humano. Caminar en el espacio sin atadura alguna. La mochilita era en realidad un dispositivo de transporte pero uno tiene que imaginarse las centésimas de segundo previas a soltarse por fin, qué tal si esta vaina no sirve, qué tal si no hay regreso. Uno puede bailar un poco con las palabras pero difícilmente pueda uno no decir que lo que sintió el man fue otra cosa que un miedo ni el hijueputa.

La cosa es que a veces uno tiene la cabeza vuelta un aguacero y lo único sensato es irse a dormir. La cosa es que a veces uno tiene que ponerse una mochilita simpática y, digamos, dejarse ir. La otra cosa es que a veces puede uno ponerse en plan cursi y, digamos, escribir en un blog un asunto llamado “Proporción.”

Decide in your heart of hearts what really excites and challenges you, and start moving your life in that direction. Every decision you make, from what you eat to what you do with your time tonight, turns you into who you are tomorrow, and the day after that. Look at who you want to be, and start sculpting yourself into that person. You may not get exactly where you thought you’d be, but you will be doing things that suit you in a profession you believe in. Don’t let life randomly kick you into the adult you don’t want to become. — Chris Hadfield

Zadie & Ira & David feb 23, 2013

Estaba aquí haciendo tiempo. No tengo tema. Estoy haciendo tiempo.

En realidad estoy evadiendo responder un correo, pero me gusta la idea de decir que estoy haciendo tiempo, como si el tiempo se pudiera hacer. Lo otro que estoy haciendo es encontrando un tema, que de momento no tengo. Este es uno de mis demonios, perder el tema, no saberlo encontrar.

La otra noche fui a ver a Ira Glass, un mancito que hace un programa de radio que vengo oyendo desde hace muchos años ya, y que vino a Berkeley a conversar de cosas varias. Fui solo, porque en general me gusta ir a estas cosas solo. No siempre fue así. Antes, cuando vivía en Colombia, de encontrarme solo me quedaba en la casa. Antes, cuando evitaba el uso frecuente de frases eufemísticas lamentaba simplemente no tener a nadie con quien ir a donde va uno con alguien que quiera ir a esas partes a las que uno también quiere ir. Si era cuestión de ir a cine, evitaba los viernes en la noche, o los sábados, o el fin de semana en general, que eran los días de preferencia por las parejas (entre otros). Pocas cosas tan inconvenientes como estar parado en la fila mientras te flanquean sendos amantes discutiendo qué tanto se quieren o lo insoportable que es la felicidad a veces. Antes no había teléfonos mágicos conectados a internet para disimular la vaina. Antes no había como ahora la oportunidad de comprar la entrada via cibernética y evitarse ese momento frente al vendedor de los tiquetes, las tripas propias en breve confusión, me vende una para “Los Expedientes X”. ¿una?. una.

Zadie Smith escribe sobre La Felicidad y La Alegría y cuenta las diferencias. Me gusta esta parte, por alguna razón.

“My other source of daily pleasure is—but I wish I had a better way of putting it—”other people’s faces.” A red-headed girl, with a marvelous large nose she probably hates, and green eyes and that sun-shy complexion composed more of freckles than skin. Or a heavyset grown man, smoking a cigarette in the rain, with a soggy mustache, above which, a surprise—the keen eyes, snub nose, and cherub mouth of his own eight-year-old self. Upon leaving the library at the end of the day I will walk a little more quickly to the apartment to tell my husband about an angular, cat-eyed teenager, in skinny jeans and stacked-heel boots, a perfectly ordinary gray sweatshirt, last night’s makeup, and a silky Pocahontas wig slightly askew over his own Afro. He was sashaying down the street, plaits flying, using the whole of Broadway as his personal catwalk. “Miss Thang, but off duty.” I add this for clarity, but my husband nods a little impatiently; there was no need for the addition. My husband is also a professional gawker” [Joy, Zadie Smith]

Comer era otra cosa. Entrar a un restaurante en solitario era una cosa nunca vista. Uno parado frente al maître d, a su vez debatiéndose entre el pesar y la prudencia, a su vez imaginando la complicación logística de sentar a uno sola persona sola en un universo diseñado para los acompañados; uno haciendo lo posible por ofrecer una imagen distinta, tal vez del empresario (bueno, del hijo del empresario) que hace tiempo mientras los demás se desocupan. ¿Yo solo? Es temporal. Es que de hecho me están esperando. Seguramente, en alguna parte.

Uno solo era en permanente evasión. La ausencia de la gente lo hacía todo a la vez más complicado y más inútil. Tal vez no inútil, tal vez más sinsentido. Cuál es el punto de ir a ver Los Expedientes X y no poder lamentar en compañía la absurda decisión de los productores de involucrar emocionalrománticamente a Mulder y a Scully.

El punto es que fui a ver a Ira Glass en Berkeley. Solo. A mi izquierda una pareja de viejos que se pasaron los diez minutos previos al evento rascándose alternadamente las respectivas espaldas (otra de las desventajas de andar por ahí en solitario) y a mi derecha ese santo grial del establecimiento socioafectivo moderno: un par de parejas en cita doble queriéndose por duplicado el doble que todos los demás.

Entonces Ira no decepcionó. Llegada la hora, finalizadas las presentaciones del caso y demás actos de protocolo. Las luces se apagaron. Y Ira empezó a hablar. Según dijo, él era, después de todo, un hombre de la radio. Contó un par de chistes, nos reímos. Contó una historia, y escuchamos. Y nos fuimos olvidando lentamente del escenario absurdo, cientos de personas oyendo a un man, sin poder ver a nadie. A uno se le olvidan estas cosas, es lo que quiero decir.

En los momentos más graves del año pasado le preguntaba de estas cosas a mi terapista. Es una pregunta increíblemente adolescente. Qué le vamos a hacer. Por qué fue todo así. Por qué no de otro modo. Es como el chiste del man que va en contravía por la autopista y llama a la policía a reportar que hay un montón de locos manejando en la dirección contraria. En algún momento uno se pregunta qué era lo lamentable que uno tuvo y que lo hizo forastero en todas partes.

Es obvio que Zadie y Ira y David y yo hubiéramos sido los mejores amigos de haber coincidido en, digamos, el espacio tiempo. ¿Por qué no lo fuimos? ¿En dónde reporta uno estas obviedades?

Se suponía que esto iba a ser algo más gracioso y sospecho que ha salido un emodesastre. Digo sospecho, porque no pienso volver arriba a leer. Le deseo suerte a los párrafos y le pido perdón a usté que siempre me sorprende leyendo hasta el final.

Bocachico ene 15, 2013

Mi papá asustó a todos en la casa con la queja de un dolor persistente en el costado izquierdo y la cosa pareció tan real que nadie tuvo tiempo de acordarse de las sospechas hipocondríacas de siempre. Incluso mi mamá, que considera que todo mal por grave que sea se cura con cantaleta, hizo una pausa en sus costumbres y le puso consternación al rostro. A urgencias fueron a parar y allí para alivio de todos el médico declaró con grado alto de certeza que el dolor era poco más que un viento encajado en una costilla de fácil resolución tomándose una coca cola de un solo golpe y luego esperar el eructo (o algo, las instrucciones se tornan difusas en este punto).

La serie de exámenes, sin embargo y para renovada consternación general, reveló un problema de presión alta, atribuible básicamente a que los años no vienen solos y esta es una de las cosas que traen, y ahora el viejo tiene que tomarse una pastilla diaria para ese asunto, que se la toma con juicio y sin protestar mucho, y sin antes contar uno de esos chistes terribles que dejaron de ser graciosos cuando nosotros los hijos pasamos la barrera de los seis años. Ejemplo 1: “una señora llega a la casa cansada, el marido le pregunta qué pasa y ella responde es que la medicina dice agítese antes de usar y entonces me fui a darle la vuelta a la manzana.” Espere que hay más. Ejemplo 2: “llega Juanito donde la mamá, mami mami en el colegio me dicen bocón. La mamá le dice, mijo no le hagas caso a esos envidiosos, ahora ve y trae la pala que te voy a dar el remedio”. ¿Ve lo que le digo?

Y el asunto hubiera concluido ahí si no es porque un par de semanas después el paciente anunció un nuevo síntoma, atribuible, cómo no, a estas pastillas que son la manifestación de un embolate que habráse visto porque una cosa si te digo estas vainas “en mi tiempo no se veían” (hemos de asumir que “éste” no es el tiempo del paciente a pesar de que la evidencia en contra de tal teoría es sencillamente aplastante). ¿El síntoma? unas ganas irracionales de comer pescado.

Si usté hubiera estado monitoreando la evolución de la socioeconomía del pueblo (y francamente no veo por qué no) se habría enterado que el año pasado, a principios, la cadena de supermercados Olímpica abrió allí una de sus sucursales (y la única en su clase) para delicia, sorpresa y angustia de todos los habitantes. El hecho no ocurrió sin controversia, por supuesto. Los comerciantes locales ya de por sí llevados de la jodidez percibieron todo el asunto como una amenaza a su bien vivir. Y lo de bien es en realidad un decir. Una propuesta que circuló ampliamente, y sobre la que hasta ahora ninguna autoridad competente se manifestó, pretendía limitar por ley lo que para muchos era una ventaja estratégica brutal e injusta: los horarios de atención. Con unos horarios más amplios y razonables la cadena empezó a robarle los clientes al comercio local, hasta ahí acostumbrados a abrir las puertas di tú a las cuatro de la mañana y a cerrar di tú después de almuerzo. Ese orden establecido ahora tan quebrantado estuvo muy bien para esta gente del común y del corriente acostumbrados a vivir sin afanes y sin las urgencias de, digamos, algún síntoma de carácter irracional que no respeta horarios o razones de ninguna clase. Gloria a dios por el capitalismo, si me preguntan a mí.

No venden bocachico en ese mercado. Es lo que me ha dicho. Es más, continuó, lo único que venden es un pescado ahí traído dizque del Vietnam (en efecto) y uno qué va a hacer con eso. Ni coroncoro venden, continuó en la indignación. Lo que no deja de sorprender; éste es, después de todo, el mismo hombre que no come huevo si detecta que la cáscara contiene algún residual minúsculo o de cualquier tamaño en realidad fecal de la gallina, y que ciertamente no es ajeno al patrón alimenticio del coroncoro, básicamente el pez local con el estándar más flexible para lo qué llevarse a la boca. Pero aquí estamos, preguntándonos si hay coroncoro en Vietnam, si valió la pena todo este capitalismo concedido y tanta indignidad entregada. De qué le sirve a uno que haya lo que uno no quiere que haya, me dijo. Y yo no supe qué decirle. De nada, supongo.

Richard Semon en el final del mundo ene 07, 2013

Richard Semon fue un sicólogo, zoologo, médico, alemán que a principios del siglo 20 publicó un par de libros sobre la vaina de la memoria. En uno de ellos, Die Mneme defendió la tesis de que los mecanismos de la memoria siguen la línea de los mecanismos de la herencia. Su teoría, básicamente, era que toda experiencia deja una huella en el cerebro (el ngram), y en el acto de recordar era suficiente con parte de esa huella para tener acceso a la memoria completa.

Poéticamente, su teoría deja por fuera el concepto de olvidar. Todo deja una huella. Lo que no quiere decir que todo pueda ser recordado. Las memorias necesitando eso que usté llamaría su media naranja para manifestarse. Esto es, dicho sea de paso, importante en el contexto histórico. En ese tiempo, el debate entre si la memoria era un asunto físico o un asunto síquico, era de alto nivel. No todos pueden ser como usté, que va por la vida creyéndose 20% protoplasma.

Semon reúne todo para ser mi héroe: un científico valiente de teorías incorrectas, ignorado por el bulto, y visiblemente atormentado por esa indiferencia. Y, cómo no, con una historia de amor a cuestas.

Esto es por Daniel Schacter en Searching For Memory: The Brain, The Mind, And The Past, que no me molestaré en traducir.

Semon was born in Berlin in 1859, the same year that Charles Darwin published Origin of Species. As a young man, Semon fell under the spell of this innovative approach to understanding evolution, and he went off to study at the University of Jena with the most famous German proponent of the new theory, the controversial biologist Ernst Haeckel. Semon received his Ph.D. and became a rising young professor at the University of Jena, a major European center for evolutionary research. Then, in 1897, he fell in love with the wife of an eminent colleague, Maria Krehl, who eventually left her husband to live with Semon. The two were vilified, Semon resigned his professorship, and the pair moved to Munich, where they were married. Semon, working on his own as private scholar, developed a theory of memory. In 1904, he published a monograph, Die Mneme, that attempted to unite the biological analysis of heredity with the psychological and physiological analysis of memory. Semon argued that heredity and reproduction could be thought of as memory that preserves the effects of experience across generations.

In 1909, Semon published a book [entitled] Die Mnemischen Empfindungen (Muemic Psychology), it was entirely about everyday memory, leaving aside the contentious issues of heredity in Die Mneme. Semon elaborated his theory of ecphory (retrieval processes) and applied it to a host of critical issues. Sadly for Semon, however, the new book aroused slight interest among researchers and had no detectable impact on the study of memory. Psychologists had little use for Semon’s iconoclastic views on retrieval processes; in fact, they misunderstood his ideas. In addition, Semon’s status as a scientific isolate, without prestigious institutional affiliations, did not enhance his cause. He was accorded the same kind of treatment given to flat-earth theorists, believers in perpetual-motion machines, and other cranks who exist at the fringes of science: he was ignored. In 1918, Semon’s wife died of cancer. Later that year, he placed a German flag on his wife’s bed and shot himself through the heart.

Lo de la bandera ha sido interpretado como una tristeza enorme por la derrota de su Alemania querida en la primera guerra. Un gesto muy extraño si me pregunta a mí.

Hasta la fecha no he podido encontrar mayor información sobre el colega cornudo abandonado en la Universidad de Jena. El amor tiene cualquier cantidad de efectos colaterales, y a nadie importan mucho.

El año en Highlights ene 05, 2013

Nunca subrayé libros hasta que los libros se volvieron electrónicos, y cuando los libros se volvieron electrónicos, empecé a prestar libros en papel en la biblioteca pública local, que me sale más barato, si acaso no tan conveniente. Recorrer estos subrayados es un poco como un cronoviaje mental, como ir a París a tomarse una foto y luego solo recordar la foto. O recordar París precisamente porque ves la foto. De pronto no. De pronto esto es una tontería. No son buenos tiempos, me perdono las tonterías.

Según kindle, estas fueron las cosas que subrayé y que todavía ahora me siguen gustando.

“I am vain, or once was, and one of my vanities was to feign that I was not.” -We need to talk about Kevin

“The lonely, like the fictive, love one-way watching. For lonely people are usually lonely not because of hideous deformity or odor or obnoxiousness—in fact there exist today support- and social groups for persons with precisely these attributes. Lonely people tend, rather, to be lonely because they decline to bear the psychic costs of being around other humans. They are allergic to people. People affect them too strongly.” -A Supposedly Fun Thing I’ll Never Do Again

La cosa con Foster Wallace es que cuando escribe estas cosas me escribe describe directamente, de una forma en que yo no podría jamás, y que solo me dejan ganas de abrazarlo.

“all catharses were in vain for that man” -Portnoy’s complaint.

Leí a Roth este año. Creo que no me gusta. Es un escritor demasiado escritor. Su humanidad parece enteramente teórica.

“What could be more useful than having the means of convincing oneself that one exists whenever the question should arise?” -Properties of Light

“Lo que descubre uno con treinta y cinco años es que todo lo había descubierto ya con treinta.” -Ejército Enemigo

2012 fue el año en que cumplí treinta y cinco. Todos perdidos

“You get towards the end of life—no, not life itself, but of something else: the end of any likelihood of change in that life. You are allowed a long moment of pause, time enough to ask the question: what else have I done wrong?” -The sense of an ending

Fue quizás mi libro favorito del año.

“He had a sensation like he’d swallowed a hard cloud.” -Blind Willow, Sleeping Woman

Como me sentí todo el año.

“When everything is new, the pleasures are skin-deep. I found it mysteriously satisfying to say her name aloud, to recite the colors of her body. Hair and eyes and hands. The new snow of her breasts. Absolutely nothing seemed trite. I wanted to make lists and classifications. Simple, basic, true. Her voice was soft and knowing. Her eyes were sad. Her left hand trembled at times. She was a woman who’d had troubles in her life, a hauntingly bad marriage, perhaps, or the death of a dear friend. Her mouth was sensual. She let her head ease back when she listened. The brown of her hair was ordinary, with traces of gray, short strokes or flashes that seemed to come and go in varying light.” -The Angel Esmeralda

“He was able to dream the same dream again and again, with variations.” -Genius: The Life and Science of Richard Feynman

“Positive thoughts, I stressed, positive thoughts, motherfucker!” -The Brief Wondrous Life of Oscar Wao

Mi propósito para este año. Además de aprender francés, aprender a tocar el violonchelo y adelgazar. Y quererte menos, que cuando te quise más tampoco funcionó.

Manual de comportamiento, Volumen 2 ene 01, 2013

Hace unos meses le pedí a algunos de mis personajes favoritos seguirme la corriente en la fabricación de un manual de auto-ayuda para la juventud desenfrenada moderna y para los que dieran lo que fuera por volver a ella. El resultado es el Manual de comportamiento para gente formidable, volumen 2 y es una vaina espectacular.

Te lo dejo aquí, porque qué más.

Cómo decir adiós dic 09, 2012

Tal vez sea como dices, Mafe, y todos los males sean un mal de muchos. Hace mucho que no sé de Antonio, ¿será un lugar común decir que me alegra saber que está bien? da igual, supongo, él le pertenece al pasado y hace mucho tiempo que decidí dejar el pasado tranquilo. Nunca te conté el final de esa historia y para hacerlo podría escoger peores momentos que estos de ahora. Ese final empieza, por supuesto, con una mujer. Antonio siempre habló de ella con una fascinación de esas que no alcanzan consuelo, que es, si uno lo piensa bien, como algunas personas hablan del suicidio. O como hablan de irse a París a tomarse una foto, dirías tú. También para mí ella fue una confusión platónica. Era la época, qué le íbamos a hacer. Ella llegó al pueblo poco después de que te fuiste. Es bogotana, como tú, y llegó acá con 25 años (los mismos de ese amigo que mencionas, eso fue lo que me trajo el recuerdo). Era muy diferente a todos, y fue toda una revelación haberla tenido con nosotros. Sofisticada sin serlo. Inolvidable de esa forma en que lo es, digamos, una primera maldad. Le caía bien incluso a quienes les caía mal. Al hablar con ella, tenía ésta manera de hacerme sentir que en ese momento yo era lo más importante que estaba ocurriendo sobre la tierra. ¿Te ha pasado? cuando alguien te hace sentir que tienes toda su completa indivisible atención. En fin: genial. Hablé con ella por última vez hace unos cinco años, y ya no quedaba mucho de lo que antes fue, pero igual el recuerdo queda y quedó. (Tú dirías que tal vez fui yo el que cambió, tú tendrías la razón.)

Cuando te fuiste, me quedé sin amigos. Nunca tuve muchos, ya lo sabes. El año siguiente el colegio contrató un nuevo rector, un hombre culto y de buenas maneras, que impulsó muchos experimentos alrededor. Era del opus dei, si lo puedes creer. Uno de esos experimentos fuimos Antonio y yo. El experimento consistía en que él y yo pertenecíamos a ningún grado en particular; asistíamos a clases de matemática y ciencias grados superiores, teníamos un currículum especial para otras cosas como inglés y física y química que no alineaban del todo con el oficial. Él hacía unas cosas adicionales, yo hacía otras. Él hacía unas cosas con computadores, yo participaba en olimpiadas de matemática. Te puede parecer una admisión de arrogancia; pero no lo es, no lo era; en el fondo no era algo del otro mundo: en lugar de un salón de clases íbamos a otro. Apenas una pequeña distracción de formas en lo que era una normalidad espantosa y adolescente: él seguía siendo popular e infalible con las chicas, tal vez más que siempre, y yo seguía estoicamente atormentado por la batalla dermatológica de primer nivel que se jugaba en mi propio campo, y soñando todos los escenarios posibles en los que Dianita Olmos, de mis sueños, descubría por fin el fantástico tipo que yo sería en cuestión de tiempo y que aún no tanto.

Ella era profesora de biología y además nuestra tutora de química. Ella sabía muchas cosas. Del mundo, por ejemplo. Nos invitaba a almorzar en el club de empleados, y nos conseguía pases para entrar a la piscina. Hablábamos mucho de literatura y de filosofía y de ciencia. Ella fue quien me presentó a toda esa generación del quantum y ya sabes cómo me ha obsesionado todo ese cuento. Fue una amistad que nació de la nada y creció a toda prisa, sin ninguna razón aparente para lo uno o para lo otro. Si es como dices que la vida de uno es apenas una secuencia de equivocaciones y casualidades, el principio de la mía fueron esos días en su apartamento hablando de Borges y de De Broglie al ritmo de Madonna y Roxette. Fue en una de esas noches, en que ese mal de muchos que mencionas se convirtió en el mal de Antonio, y yo fui el observador desprevenido viendo los platos rotos sin querer limpiarlos.

En Antonio eran comunes esos estados de rareza atribuibles sin mucho pensar a algún desequilibrio hormonal adolescente. Déjame sólo que igual se me pasa pero no me dejes sólo que entonces no se me pasa nunca. Pensándolo ahora, creo que él quería hablar con alguien de esos tormentos pero no sabía por dónde empezar. Es como dices tú, uno se pasa la vida tratando de encontrarle el comienzo a las cosas. En el día éste del que te hablo, él y yo habíamos estado jugando tenis mientras ella, espectadora, leía, y luego, ella había estado nadando mientras él y yo hacíamos lo posible por no mirarle el culo en vestido de baño. Luego los tres volvimos al apartamento a recoger unos vídeos de Cosmos que ella me había grabado, y una cosa llevó a la otra. Era muy tarde. Tarde es un decir, te acuerdas lo sano que era el pueblo en ese tiempo que podíamos andar funcionando por ahí sin temores de ninguna clase. Ahora te roban, te violan, te matan, o las tres cosas al tiempo. Igual yo ya estaba pensando que era hora de irnos. Y es entonces cuando ella me dice, Óscar, me perdonarás pero tengo algo que hablar con él, podrías esperar afuera. Una pregunta sin interrogante al final, que lo era, apenas, en teoría. Seguramente yo lucía mi expresión de no entender nada porque me dijo otra vez, ahora con menor ambigüedad, que saliera. Entonces yo esperé afuera. No sé cuánto tiempo pasó, Mafe. Lo suficiente, dirías tú. Caminamos en silencio de regreso a casa. Yo aún por decidir si convertir el incidente en una ofensa personal o dejarlo pasar. Peores cosas se han perdido, me dije. Cada vez que Antonio quiso hablar se detuvo a tiempo. No dijo mucho, no dijo más. “Después hablamos.”

Esa noche dormí sin dormir. Tampoco lo hice en las que siguieron. Como en esas películas que haces tú, en esta parte de la historia podría uno incluir una canción de esas que sugieren al espectador lo que sentir, mientras en la imagen ocurren cosas, a toda prisa, inconexas, coherentes. Una de Paul Simon o una de Otis Redding. Antonio me habla poco, poco le habla a todos. Yo me refugio en mis clases de taekwondo. Quería pasar el examen de cinturón amarillo, ese mismo que había fallado ya dos veces al encontrar insuperable la rutina de quebrar tablas y baldosas. El tiempo pasa, la canción sigue. Hay una feria en Bogotá, no recuerdo cómo se llama, la feria internacional, creo. El hermano de ella trabajará en eso haciendo algo muy tremendo, qué sé yo, algo fantástico con pixeles. Yo no estaba presente, esto es, no fui testigo, de que ella le dice y pregunta, a él, que si quiere ir. Esto es, con ella. Será en las vacaciones de mitad de año, será divertido, será emocionante. Él dice no. ¿No?. No. ¿Por qué?. Algo sobre ir a escalar una montaña. Entonces ella me pregunta a mí. Yo digo: mi reino por ir a Bogotá. Me voy. Nos vamos. Monserrate, el museo del oro, el canon turístico capitalino, bla bla bla, Vamos a comosellama, Nemocón tal vez, en un tren, a Sogamoso después y vemos un puente en donde antes hubo una batalla imposible de ganar. Luego la feria, luego otras cosas. Luego la vida, dirías tú. Y luego él llama a esa casa y yo por una de esas coincidencias de las cosas contesto y hay uno de esos silencios incómodos al ambos darnos cuenta que ni él sabía que yo estaba allí y que ni yo sabía que había tomado su lugar. Y es la coincidencia lo que hace que la amistad se rompa. La canción sigue, abandona el segundo acto. El experimento continúa. Yo paso el examen de taekwondo, me meto a un asunto de estudio de cerámica indígena (no me acuerdo el nombre oficial) garantizándole otro lugar a mi mente. Luego ella me convence que estudiemos juntos la genética de Mendel y pasamos la mayor parte de un año en medio de las leyes de la herencia. Él se separa de nosotros dos. Todo sigue. Ella renuncia y se va a Medellín, algo sobre seguir un sueño. Más tiempo aún. Mi familia alarmada por mi desidia insiste en que haga un curso de preparación para los exámenes de admisión universitaria. Es en Medellín y ella ofrece su apartamento para mi estadía. Yo voy. Yo regreso. Él también va. Él también regresa. Mis problemas de perspectiva se hacen más grandes y los cambio por otros. La canción termina, porque la película tiene que terminar.

Para los dos, ese tiempo en Medellín fue como retomar donde habíamos dejado, sin mucho espacio para actualizarnos en cronologías. Y, sin embargo, también fue diferente. Ya no era infatuación. Quién sabe. Ya no tenía nombre. Seguía siendo algo platónico que aprieta fuerte, pero más relajado de las obligaciones de lo posible. Por primera vez la vi llorar. Por primera vez habló de ella, en primera persona, de las inseguridades y las virtudes y las promesas sin cumplir y todo eso. Por primera vez le conocí a un pretendiente, un profesor de matemática en una escuela cercana y dueño de una tienda de antigüedades, y que le trajo serenata tres veces en el mes que estuve ahí. Al terminar la serenata, cuando los músicos querían complacerla con alguna canción favorita, ella confesaba, conteniendo a toda costa la sonrisa, no tener ninguna Ella tampoco sabía qué hacer con la felicidad que estaba sintiendo. El día antes de regresar, mientras la esperaba para salir a nuestra comida de despedida, entré a su cuarto y fui directo al armario de la ropa interior, y con lo primero que agarré y el corazón en la mano, me masturbé con la furia de cinco años perdidos.

Te busqué en Bogotá. Daniel, que te recuerda mucho, me dio pistas sobre dónde podrías estar. Aunque yo sospeché que era inútil. Esa es una ciudad muy grande, y nosotros éramos muy pequeños, casi invisibles, para encontrarnos. Cuando nos graduamos, ella llamó a felicitarme. Muy bien, chino, que orgullosa me siento. Por la ocasión me regaló un libro y escribió a manera de dedicatoria una invitación a las armas: chino, no deje de sonreír. Y ese debió ser el final de la historia. Debió ser, digo, hasta que salí desesperadamente a buscarle otro. No sé por qué lo hice, Mafe, pero años después, cuando ya estaba acá en Medellín dando tumbos estudiando una cosa que no me quería estudiar a mí, decidí hacerle una visita sorpresa. Llegué a su casa, toqué tres veces y estaba a punto de darme por vencido cuando Antonio abrió la puerta. En ese instante pensé que todo termina como empieza: yo esperando afuera. Me invitaron a entrar, pero a mí me venció la alternativa. Sonreí y dije no, mejor no, que esto ya lo hemos vivido.

Diciembre, 2012

—-

Una nota y un favor: El texto de arriba lo escribí con la intención de incluirlo en el Manual de Comportamiento, un pequeño proyecto personal. Tal y como está el texto no me satisface. Sin embargo, tras releerlo y mucho pensar, no he podido dar con la razón de mi satisfacción. Entonces se me ocurre preguntar acá a los lectores que no sé si existen.

Si ha leído el texto sería tan amable de responder dos preguntas en los Comentarios: 1. qué le gustó (o qué funciona en el texto). 2. qué no le gustó (o qué no funciona en el texto).

No sería más, saludos por la casa.

¿Qué le gustó y qué no de este texto? [3]

Momofuku contra el pasado dic 05, 2012

En la tv estaban pasando una película sobre una mujer que decide encontrarse a sí misma o qué sé yo ejecutando en serie las recetas de un famoso libro de recetas de Julia Child. Se me ocurre, ahora que vuelvo a necesitar una distracción para una creciente ansiedad, que yo puedo hacer lo mismo. Julia Child no es una opción; la opción obvia es Momofuku). O algo parecido, una clase de cocina tan lejana a mí y a los lugares donde he crecido y vivido que no permita recuerdos de ninguna clase.

La idea era ir receta por receta hasta el final, documentando, como no, todas las incidencias. Lo que aprendí, lo que no, lo que se me ocurrió en el camino, lo que no. Y aquí es donde muere todo, con esa necesidad de documentarlo todo, de examinarlo todo. Nada es disfrutable si no lo difundes transmites compartes actualizas remezclas narras aforizas. Te vas de viaje, por ejemplo, y tomas fotos, las subes a tu red social favorita, las pegas en tu muro. Aquí estoy. Mírame, que aquí estoy. Ponme atención. Que aquí estoy. Las organiza, la fecha es automática, les pones tags, las categorizas, en algún futuro vamos a mirar estos archivos y recordar que hemos vivido. Pero nunca volvemos.

Haces piruetas. Renuncias a la red social. Suspiras con alivio, cuánta energía desperdiciada en tan tonto evento. Con suerte alguien se da cuenta que te fuiste, lo más probable es que nadie lo haya hecho. Piensas en eso. Entonces vuelves. Qué es más espantoso, te preguntas a veces en las noches, estar y que a nadie interese, o no estar y que nadie se percate.

Entonces no haré momofuku. Y me quedo, en consecuencia, con esta creciente ansiedad que urge distracción.

Posibles nombres para un pueblo imaginario nov 14, 2012

Mundo Real
-En estas vacaciones llevaré a toda la familia a pasar una temporada en el Mundo Real.

Morir
-El fin de semana voy a Morir
-Ah pero que buena noticia! seguro que te hará mucho bien!

Darlo Todo
-No veo la hora en ir a Darlo Todo.

Coxsackie
-¿Cómo le dicen a los que son originarios de este pueblo?
(Nota: Hay un pueblo en el estado de Nueva York que efectivamente se llama así. Es bonito.)

La Casa del Ritmo
-No me lo vas a creer, me invitaron otra vez a La Casa del Ritmo.

Aquí o Allá
-¿De dónde vienes?
-De Aquí o Allá
-Entiendo lo que dices, es como me he sentido toda la vida.

No Me Puedo Decidir
-¿Hacia dónde se dirige?
-No Me Puedo Decidir
-Ah bueno, mientras lo hace, por favor hágase a un lado y deje pasar a los demás.

Japi nov 13, 2012

1.

En una esquina de una ciudad cualquiera, la ciudad que habita, usted de pie y en espera se encuentra un transeúnte. No es un turista, es un habitante más. Vecino Amigo Señor Señora, empieza en tono incómodo, estoy sin brújula alguna, podría indicarme cómo he de llegar a la plaza principal. Allá me esperan, prometí llegar en diez minutos pero lo veo improbable. Usted entiende. Usted se pregunta, en esta edad moderna de instrumentos comunicativos por doquier, cómo es posible encontrar la forma de perderse. Perderse se antoja improbable, piensa para sus adentros. Usted mira a su interlocutor. Usted mira hacia un lado de la calle, usted mira hacia el otro. Para llegar a su destino tendrá que ir tras sus pasos, le dice, evitando reír. Tenga los ojos abiertos, camine por la orilla, en algún momento hizo un giro con consecuencia. Su misión es evitar el giro. Esto es lo que dice, y luego usted no dice más.

2.

(Intervención Borgiana)

Dos transeúntes en discusión. Uno de ellos, el más viejo, se detiene y manifiesta alarmado. “La felicidad nos elude!” El más joven mantiene la calma. “No, solo a uno de nosotros.” Y desaparece.

3.

Usted es un transeúnte en la ciudad que conoce, su ciudad. Esto es, la que creyó conocer a la perfección aunque ahora la evidencia por lo contrario se torna innegable. En una esquina un hombre de sombrero de fieltro le invita a acercarse. Usted expone la duda, su duda. El hombre parece a punto de reír. Lo que propone es indecidible. Esto es, por lo menos, le será imposible saberlo desde donde usted se encuentra! Usted pierde la calma: “¡¿Hasta cuando usarás el mismo teorema?!”

4.

Die Welt ist verständlich!

5.

Esto es una tontería. Yo soy el transeúnte en todos los casos.

La mano izquierda oct 31, 2012

1.

Las estadísticas lo confirman. El treinta por ciento de los penalties cobrados en el fútbol profesional son errados—¿A dónde van los balones que no se cambiaron por goles?— una cifra notablemente superior a lo que se observa en los entrenamientos. La razón, de acuerdo con investigadores que investigan estas cosas, tiene que ver con el susto tan brutal del escenario y la responsabilidad que experimenta el cobrador. El miedo a perder, el miedo a ganar. Ese pánico escénico, de nuevo según la ciencia de estas cosas, juega de local en el hemisferio izquierdo. Estamos hablando del cerebro. Al otro lado, al hemisferio derecho, van a parar todas las acciones de tipo mecánico, las que no conllevan tanta pensadera. Los investigadores sugieren, en consecuencia, que si usted se encontrase con la necesidad de, digamos, patear el penal de la victoria en el último minuto, o, digamos, recuperar la calma perdida en términos generales, es buen ejercicio alejar la acción del lado problemático y llevarla al lado parsimonioso. Un método práctico para lograrlo consiste en apretar la mano izquierda y moverla de algún modo y ver como las preocupaciones se disipan.

2.

Científicos de la Universidad de Cambridge consultaron a varios niños sobre un asunto de gran confusión. Tal vez usted no se haya percatado, pero cuando los niños quieren pretender desaparecer por completo, consideran suficiente y necesario el llevarse las manos a la cara y taparse los ojos. Es obvio que en términos de la desaparición el gesto no resuelve absolutamente nada. Las razones para el gesto son, por lo menos para un grupo de científicos en particular, de gran interés; y al investigarlo se han encontrado con que pertenecen al lado poético de las cosas. Los niños asumen que la experiencia de estar juntos es una vaina mutua y compartida. Yo te percibo porque tú me percibes y tal. Para bloquearte, basta entonces, con no participar. La percepción de una experiencia compartida por dos personas empieza, por ejemplo, con mirarse a los ojos. Mutuamente.

3.

Desde ayer, cuando miro el futuro, lo hago tapándome los ojos con la mano derecha mientras aprieto y aflojo ritmicamente la mano izquierda, como si de un corazón externo se tratase.

Signos Invisibles oct 24, 2012

Un saludo a los que nunca llegaron tarde a clase. A los que convirtieron el síndrome de abandono en una excusa que promover. A los que nunca pudieron subir la cuerda. A los que hicieron la mitad de la media maratón a pie. A los que perdieron a su mejor amigo al enamorarse al mismo tiempo de la misma profesora. A los que se dedicaron a soñar primero, y una vez despiertos no supieron qué hacer con el insomnio. A los que jugaron por las reglas aún cuando las reglas se acabaron. A los que ven con encanto una conversación sin rumbo fijo pero se aturden ante una conversación banal sobre el clima y el qué más qué has hecho. A los que no saludan. A los que comen solos. A los que arreglan todo con galletas, o una sonrisa imposible de resistir. A los que se pusieron nerviosos hablándole a las chicas. A los que vieron en ello una bendición al encubierto, de cuántas catástrofes se habrán visto librados. A los que dejaron de creer. A los que nunca creyeron. A los que no son de aquí o de allá. A los que hacen sanduche de mantequilla de maní y mermelada de guayaba. A los que modelaron su idea de ser padre mirando al suyo propio y luego corriendo en la dirección contraria. A los que salen media hora antes de la hora señalada. A los que de primero se comen lo más sabroso del plato. A los que prefieren el té al café. A los que llevan dos décadas oyendo la misma música. A los que no saben nadar. A los que le tienen pánico a los perros. A los que sólo se les ocurre algo bacano que decir cuando el momento ha pasado. A los que una vez saludaron de vuelta a alguien que en realidad saludaba a quien estaba detrás. A los que leen novelas de amor y muerte. A los que se graduaron suma cum laude de la universidad de la vida. A los que nunca quieren así sino de esta otra más aburrida manera. A los que vinieron a este mundo a sufrir. A los consentidos de la mamá. A los que no ubican el momento en que los papás se volvieron otras personas que criar. A los que viven todos los días como si fueran domingo. A ustedes. No hay un lugar en el mundo para ustedes, aún si eso nunca les impidió buscarlo.

Y qué bueno que están aquí.

Jiro sep 25, 2012

Barack Obama conversando con Vanity Fair suelta esta mini reflexión.

You also need to remove from your life the day-to-day problems that absorb most people for meaningful parts of their day. “You’ll see I wear only gray or blue suits,” he said. “I’m trying to pare down decisions. I don’t want to make decisions about what I’m eating or wearing. Because I have too many other decisions to make.” He mentioned research that shows the simple act of making decisions degrades one’s ability to make further decisions. It’s why shopping is so exhausting. “You need to focus your decision-making energy. You need to routinize yourself. You can’t be going through the day distracted by trivia.” The self-discipline he believes is required to do the job well comes at a high price. “You can’t wander around,” he said. “It’s much harder to be surprised. You don’t have those moments of serendipity.

Y un intento de traducción:

También es necesario eliminar de la vida de uno los problemas rutinarios que consumen a la mayoría de la gente en la mayor parte del día. “Puede ver que me pongo sólo trajes grises o azules,” dijo. “Estoy tratando de disminuir las decisiones. No quiero tomar decisiones acerca de lo que estoy comiendo o vistiendo. Porque tengo muchas otras decisiones para tomar.” Obama mencionó que la investigación muestra que el simple acto de tomar decisiones degrada la capacidad para tomar decisiones posteriores. Es por eso que irse de compras es tan agotador. “Hay que centrar la toma de decisiones de la energía. La rutina es necesaria. No puedo pasar el día distraído por trivialidades.” La auto-disciplina necesaria para hacer bien el trabajo tiene un precio alto. “No puedes deambular”, dijo. “Es mucho más difícil ser sorprendido. Hay poco espacio para la casualidad.”

Suena a que lo he oído antes. Sobre todo en estos tiempos, sobre todo en el contexto de internet y las redes sociales. Las distracciones son enemigas del trabajo serio, del que vale la pena. Son como Obama dice una vaina que tiene un efecto físico, que desgasta el doble. Como tratar de correr una maratón con alguien empujándote en el sentido contrario.

Pero esa es una manera de verlo. Porque Obama es el presidente de los Estados Unidos, por definición uno de los hombres más poderosos del planeta. Sus errores y aciertos afectan a mucha gente. Yo no soy Obama, usted no es Obama. ¿Qué nos queda a los dos? Otra forma de verlo es que cuando uno crece en un pueblo en donde para leer el periódico de hoy tienes que esperar hasta mañana, las distracciones son lo poco que te queda. Yo crecí en un pueblo de esos, huyéndole al aburrimiento de las dos de la tarde a cuarenta grados bajo la sombra terminé en otro país. La fuerza del destino, el poder de una idea, la búsqueda de la felicidad, ponle el nombre que mejor te guste. Y una vez ido, hice todo lo posible por regresar a ese tedio, a esa rutina, a lo predecible. Sigo en eso, ahora más que nunca alejándome de las distracciones que me entretienen, persiguiendo el bienestar de otra persona más importante que yo. Lo que no es una tragedia, obvio, tal vez lo contrario, es una misión, un propósito en la vida.

Jiro dreams of sushi es un documental sobre un man llamado Jiro que vende sushi en Japón en un restaurante en el que para comer hay que bajarse de unos 400 dólares. El man es lo que usté y yo llamaríamos un experto. Solo sabe hacer sushi pero lo sabe hacer mejor que nadie en el mundo. Jiro se rodea de expertos exclusivamente. El que selecciona el pescado, el que le vende el arroz, todos expertos. En el restaurante hay aprendices. Toma mucho tiempo llegar al punto en que puedes preparar sushi en el restaurante de Jiro, diez años, veinte años, tal vez ni eso. Es sushi, dirá usté, ni siquiera hay que cocinarlo. Eso mismo dije yo hoy, es código, bits y bytes, pixels, caracteres en una pantalla, qué tan difícil puede ser.

Avispero sep 19, 2012

Otra vez y asumo por un muy breve instante volvió a colación en tuiter el tema del aborto. Hay temas recurrentes en la red social y éste es uno de ellos. No sé muy bien por qué empezó la vaina pero esto siempre empieza con alguien (casi siempre un man) alborotando el avispero, del lado beato conservador o del lado liberal progresista. Según mis cuentas el aborto es tema de indignados más o menos una vez cada dos meses.

El problema no es que se hable de estas cosas. El problema es que no parece que avancemos mucho en la discusión. No es que usemos el tiempo de las pausas entre debates para hacer experimentos, estudiar más el tema, generar nuevas conclusiones, vainas así. No. Nada de eso. Simplemente lo usamos para tomar aire. El resultado es que cada dos meses repetimos los mismos argumentos, a la misma gente. (“Es mi cuerpo”; “Por qué no lo previenen antes de que la consecuencia sea grave”; “es que nadie aborta por entretenimiento”; “es que es un contrasentido moral”; “es que por qué los hombres buenos para nada tienen que meterse en esta decisión”; “es que …”). Que no sorprenda a nadie, entonces, que nunca lleguemos a algún consenso de algo.

En este tema, como en otros, hay quienes queremos comernos el dulce y al mismo tiempo guardarlo para después. Creer por ejemplo que el aborto está en un pantanero moral, y creer al mismo tiempo, que es un asunto que no admite una ley. Sea lo que sea, lo que me urge es que lleguemos a un acuerdo. Que lleguemos a uno y que además lo dejemos vigente por digamos cinco años, tiempo en el cual no volveremos a tocar el tema en ninguna de sus formas. El infractor del acuerdo se lleva esto: 1) le va la madre 2) multa de diez salarios mínimos de congresista 3) la obligación de hacer un curso de buenas maneras similar a los que exige la oficina de tránsito y 4) la suspensión de su cuenta en tuiter/facebook/etc por tres meses tras la primera infracción, por tres años tras la segunda, por 25 años tras la tercera.

La vaina es cómo hacer para llegar al acuerdo. Cómo hacerlo sin demagogia, sin caer en la trampa de solo decir lo que las mujeres quieren oir, sin caer en la trampa de solo escuchar a los que por definición nunca tendrán velas en ese entierro. Cómo hacerlo con la necesidad de que hay que llegar a un acuerdo y que no lo podemos aplazar más.

Hablemos de otra cosa. Hablemos de un sistema de debate al que se juega así. Fulano y Mengano en alegato. Fulano expone primero. Ahora le toca a Mengano, pero antes de que le de rienda suelta a su argumento, Mengano debe hacer un resumen de lo que entiende por el argumento de Fulano. Una vez Fulano apruebe como aceptable el resumen, Mengano podrá exponer sus ideas. Luego es el turno de Fulano, quien debe hacer lo mismo sobre el resumen y todo eso. Es un sistema de debate elegante, útil para muchas otras cosas. Para salvar matrimonios, por ejemplo, no al mío, de pronto al suyo.

Once sep 11, 2012

Uno puede dejarse llevar por el cinismo y decir que ese no es mi país o minimizar esto por aquello otro en virtud de la enormidad de la barbarie o de justificaciones para tal atrocidad. O uno puede no hacer nada de eso pero en su lugar caer en el lugar común o el melodrama. Algo pasó ese día. ¿Dónde estabas ese día de Septiembre?. Yo estaba defendiendo y ganando para mi jefe la financiación del proyecto que se convirtió en mi tesis de doctorado. No supe nada hasta que mi amigo Ravi me lo contó en una de las pausas. Ha ocurrido un accidente terrible, es lo que me ha dicho. Faltaba poco para perder del todo esa inocencia.

Nadie come nacionalismo pero por esos días era lo único que se podía comer. Una amiga, de Yugoslavia ella, me confesó incapaz de simpatizar con ese dolor cuando cargaba con el recuerdo fresco de su familia escondiéndose de las bombas lanzadas por los que ahora sufrían. Pero guardaba silencio, ella y yo y tantos otros que coincidimos en este lugar tratando de encontrar las oportunidades que nuestros países en su mezquindad nos negaron. Y aún así, recuerdo a la frustración de nosotros los extraterrestres con esta gente que sinceramente, honestamente, no encontraba explicación alguna para que alguien en el mundo los odiara tanto como ahora.

Pasaron muchas cosas. Pero lo que se quedó conmigo para siempre, fue ese recuerdo de ver a mi jefe entrar el día después del drama con un televisor de esos que ya no se ven y que instaló a la salida de la oficina, para siempre sintonizado en un canal de noticias confundido en un bucle de imágenes de la debacle, de mensajes de esperanzas, del no saber que hacer. Se quedó ahí mucho tiempo, hasta el verano siguiente. Lo desconectó y se apareció con él en el laboratorio. Te lo dejo acá, por si quieres ver el mundial de fútbol, me dijo.

Hombre de poca fe ago 30, 2012

Entonces regresé de la última ronda. Me llama la atención que usen términos boxísticos. El último round. Espero no haberme ido a la lona. Pero cansado estoy mientras espero, que lo que toca es esperar; alguien dirá sí o alguien dirá no, se discutirán parámetros, se evaluarán alternativas, pasarán cosas. Prefiero la terminología boxística a la que usan en ocasión: “el proceso”, que me suena a enredo kafkiano, a confusión enorme. Es éste el quinto proceso en el que he estado en Estados Unidos y cuenta como el más complejo. Tiene que ver con que se aleja un poco de mi experiencia pasada y de mis habilidades comprobables por medios oficiales. Básicamente soy yo y un teclado, y ya es mucho pedir.

Qué forma tendrá la fe en un contexto laico. Tendrá que ver con aferrarse a la idea del libre albedrío o a lo opuesto. Tendrá que ver con asumir, como pensaba mi padre, que todo eventualmente se jode en esa forma tan entrópica que tiene el mundo de proceder. Tendrá que ver con, crealo o no, rezar un padrenuestro por si acaso y pedir serenidad y fortaleza y paciencia y lo que haga falta para aceptar lo que no es directamente controlable.

Escribo aquí estas cosas. Las leeré después, quizás empezando a sonreir, quizás pensando tampoco era para tanto, era solo esto, era solo aquello. Que es, si uno lo piensa bien, lo único aceptable de pensar cuando se mira hacia atrás.

Yo que le pongo bandas sonoras a las cosas nada más para espantarme a mí mismo con el drama y lo cursi del acto mismo, le puse a este mes una cortesía de Hammock y un álbum llamado Chasing after shadows, living with the ghosts. Tiene algo que no sé qué es.

Cosas que puede hacer mientras espera, Vol 7 ago 28, 2012

  • Oír en orden y luego en desorden el Sea Change de Beck
  • Chequear el email
  • Volver a chequear el email
  • Volver a chequear el email, prometer al vacío que será la última vez
  • Incumplir la promesa

Entonces avancé al siguiente nivel en tenis. Mi revés es ahora mucho mejor, o por lo menos es consistente, las voleas siguen siendo decentes y ahora tengo un control más o menos razonable del topspin y el backspin. El servicio sigue siendo materia de discusión, agravado por lo impredecible que es mi lanzamiento de la pelota con la mano izquierda, ese movimiento medio robótico que todavía no domino. Lo bueno es que por lo menos puedo servir, que de por sí es mucho cuento. En la última sesión me ganaron, y mi rival ha comentado que seguro me he dejado ganar. El insulto es doble: perdí y además fui acusado de conducta antideportiva. Por lo menos nadie se ha reído porque perdí con una vieja, que eso se hacía en otros tiempos que no son estos.

  • Descubrir en Spotify a una costeña llamada Adriana Lucía que canta porros y pensar cómo es que hemos descubierto esto apenas hasta ahora y pensar qué otras cosas esconderá Spotify y pensar cuando fue la última vez que bailaste un porro y pensar cómo es que se escribe guapirriar y pensar si hay un límite de edad, un estatuto de limitaciones, para guapirriar libremente sin pena con la alegría sana de los que no han visto el mundo por lo que es
  • Tomar el kindle, cerrar los ojos y escoger algo al azar
  • Al comprobar que la elección ha sido “A history of western philosophy” concentrar toda la energía en mantener la calma y en no cambiar el kindle por pedacitos de silicio y plástico

Alguien en tuiter   esa flor venenosa, ¿se acuerda ese tiempo no hace mucho tampoco en que nuestra generación iba a curar el cancer, el sida, solucionar el asunto de la pobreza mundial, del hambre, de las dudas ontológicas, y todo iba por tan buen camino y entonces aparecieron estas redes sociales y lo arruinaron todo y ahora somos zombies en distracción a un video en youtube de distancia de empezar a pintar en las paredes con nuestras propias heces?   que no me acuerdo quien ha señalado que de las tusas es subconjunto la pena que se siente el perder un socio aliado complice en algún proyecto de esos que uno tiene y que no necesitan mucho impulso para cambiar el mundo.

Es una buena observación. Explica muchas cosas. Puede uno agregar que también es grande la pena de nunca encontrar el socio o la socia. Como quien dice qué será lo malo que uno tiene. Y lo que quiero decir es qué vaina del destino ha sido que nunca nos hayamos encontrado antes o después.

  • Escribir un post
  • Cuestionarte por enésima vez la idea de tener un blog
  • Abandonar el blog y ver siete episodios seguidos de In Treatment
  • Leer My Internet un cuento de Jonathan Lethem
  • Leer Salir de novios una carta de amor de Josep Guardiola a la salida lavolpiana
  • Leer Peggy dame un beso un texto del Gabo
  • Encontrar una Peggy, darle un beso.

21 preguntas para Sophie Calle ago 21, 2012

Alguien no me acuerdo quién colgó este asunto en tuiter sobre un cuestionario de Sophie Calle para estimular el intelecto, justo lo que necesito para distraerme en esta semana de tensión y nervios.

1. ¿Cuando murió por primera vez?
Llegando a Medellín en la ocasión definitiva, desempleado y con las cosas inciertas. Morir un poco fue la comprobación de la veracidad de mi soledad, algo que no resultó ser tan dramático como lo pensé en su momento, esta idea de que la forma de las cosas que vendrían dependerían de mí sin contar con el apoyo moral financiero tutranqui que somos un equipo de mi familia.

2. ¿Qué es lo que le hace levantarse por las mañanas?
Ya me empecé a aburrir de estas preguntas. Opción 1. el despertador. Opción 2. el miedo a morir dormido. Opción 3. la idea de cambiar el mundo, o por lo menos el mío.

3. ¿Qué fue de sus sueños de infancia?
Se fueron realizando todos menos uno. El más importante. El que es a la vez una ilusión (por hacer) y una traición (de pensar que se puede o se podrá o se podía.)

4. ¿Qué le distingue de los demás?
Tengo muy buena memoria. La consecuencia es que hago conexiones entre eventos sucesos circunstancias que alguna gente pasa por alto.

5. ¿Le falta algo?
Un millón de dólares. Y una musa.

6. ¿Piensa que todo el mundo puede ser artista?
No. O bueno sí, en el sentido en que todo el mundo puede ser presidente del país o campeón de la copa mundo. Pero no, en realidad no, ser artista requiere de una sensibilidad para ver el mundo y transmitir lo que uno ve, que es francamente una cosa de pocos.

7. ¿De dónde viene?
Déjeme copio algo a Juan Antonio Corretjer: “De una lagrima soy hijo / y soy hijo del sudor”

8. ¿Cree que su destino es envidiable?
Absolutamente todo es envidiable, hasta lo malo.

9. ¿A qué ha renunciado?
A ser feliz. Y a ser melodramático.

10. ¿Qué hace con su dinero?
Lo gasto, lo comparto y lo guardo.

11. ¿Qué tarea doméstica le gusta menos?
Lavar los platos. Absurdo que los platos no se laven solos.

12. ¿Cuáles son sus placeres favoritos?
Caminar sin rumbo particular por las ciudades que son inmensas.

13. ¿Qué le gustaría que le regalaran por su cumpleaños?
Regalar es una cosa muy jodida que poca gente hace bien. Para mí un buen regalo es uno que demuestra que uno estaba poniendo atención.

14. ¿Cite tres artistas vivos que deteste?
Detestar es una palabra muy fuerte. ¿Puede uno detestar a quien no conoce?
En mi lista hay tres escritores que hacen la literatura que creo la más detestable, la literatura snob.
Javier Marías (con la posible excepción de Todas las almas)
Jonathan Safran Foer (oh! ser carnívoro está mal! oh! puedo recortar palabras de otro libro y armar uno totalmente nuevo! oh! oh!)
Paul Auster (man tan mala clase)

15. ¿Qué defiende?
La idea de que lo que nos hace humanos es nuestra capacidad para pensar y no para sentir.

16. ¿Cuál es su parte del cuerpo más frágil?
De un tuit anterior: Me sorprende que alguien tan espectacular como yo haya salido con dientes de tan mala calidad. Pero supongo que la pregunta va por un lado más abstracto. El corazón y tal.

17. ¿Qué ha sido capaz de hacer por amor?
Estar lejos y mantener la calma. Pero nunca más.

18. ¿Qué le reprochan?
Que no sienta nada.

19. ¿Para qué sirve el Arte?
Para ser humano.

20. Redacte su epitafio.
Broken Man.

21. ¿En qué le gustaría reencarnarse?
En mí mismo sabiendo lo que sé ahora.

Dos oportunidades perdidas jul 26, 2012

Mi papá me llama de emergencia a contarme que el tío José María no ha logrado confirmar la veracidad o la falsedad de este asunto de los dos años perdidos. Esto es lo que ha pasado: la tensión en la casa había alcanzado el punto más alto en los últimos tiempos luego de la disolución del asunto de los bolsos. Mi mamá en un arranque empresarial ha tenido la idea de hacer bolsos de cuero argumentando un mercado local amplio y sin explotar. Se ha otorgado el título de Gerente, por supuesto, y ha contratado a mi papá como Jefe de Operaciones, lo que es una forma más o menos larga de decir que ella se encargaba de vender los bolsos que mi papá hacía.

Pero una serie de distracciones ha reducido todos los objetivos a cero. Esto es, sin que haya prejuicio o resentimiento alguno. Y entonces este año mi mamá se ha encontrado con ese espíritu emprendedor otra vez como tantas veces renovado y tras haber notado un mensaje publicitario en la emisora local (1200 kilovatios de potencia en antena!) ha puesto sobre la mesa una nueva propuesta: tomar estas clases de Microsoft Office y luego crear un negocio de digitación de vainas varias, para lo que aparentemente hay, como no, un mercado amplio y sin explotar.

Y ahí es cuando todo se ha puesto color de hormiga porque mi papá rápidamente ha dejado en claro que no quiere tener nada que ver con ese asunto y además (y entre los hijos el consenso es que ésta es la acción reprochable) ha intentado disuadir a mi mamá de tal empresa con una justificación algo tambaleante: “loro viejo no da la pata”. Hemos de asumir que se trata de una metáfora sobre esto de que hay un límite para todo, incluso para ofender. Mi mamá llena de furia ha reaccionado esta vez sin gritos e insultos, optando por el recurso de la agresividad pasiva. Lo que es una manera larga de decir que se ha puesto a limpiar y ordenar la casa utilizando un excesivo vigor (palabras de mi hermano).

En esas andaba cuando (asumimos, todavía presa de la ira) se fue mar adentro al cuarto del reblujo, un área de la casa fiel a su nombre. Allí se ha topado con una caja muy vieja y adentro entre otros recuerdos la partida de bautismo de mi papá, quien ha encontrado el incidente muy del común y del corriente hasta que una inspección más detallada del documento generó la duda que aquí nos ocupa: el año del nacimiento ocurría en este caso dos antes que en la cedula de ciudadanía. “Dos años perdidos” es como mi hermano (tal vez de forma insensible) ha interpretado las cosas.

La mala noticia es que no hay nadie que pueda verificar cual es la versión correcta. O, al menos, sugerir alguna teoría sobre lo que pudo haber pasado. La última esperanza era José María quien ha declarado sin muchas arandelas que no se acuerda. Mi papá, siempre el optimista, le sigue diciendo a todo el mundo que tiene dos años menos de los que tiene. El otro día, mientras me actualizaba en los detalles, me preguntó si yo que conozco a “hombres de ciencia” le podía contar si hay alguna técnica para decidir sin lugar a dudas cuantos años es que uno tiene “como hacen con los árboles y los anillos esos de la edad.” Yo le dije que le averiguaba el dato.

Alter Ego jul 24, 2012

1.

Tienen razón los que señalan el desconcierto al descubrir que es la misma Cindy Sherman en todas estas fotos y que no se trata de modelos distintas de la clase media y la clase alta, de la normal y de la exótica. De alguna manera el engaño ha ido más allá del simple recurso del maquillaje y el vestuario. Por un instante, ella es la otra persona. La diferencia entre un método y el otro es la misma que existe entre la ficción y la fantasía.

2.

Investigadores en Inglaterra y Holanda reportan resultados experimentales que sugieren que el trastorno de identidad disociativo (DID, por sus siglas en inglés) es en realidad un trastorno mental que está relacionado con “traumatizaciones” sufridas (generalmente) en la niñez y alguna forma de “apego interrumpido.” Estos resultados contradicen la teoría de que el trastorno DID pudiera ser explicado por la propensión tal vez exagerada del paciente para imaginar una realidad que no es la nuestra. Los resultados también sugieren que no hay un componente socio cultural en todo este lío multipersonal. Esto se convierte en un lío de todos los colores cuando le cuentan la historia del hombre normal y corriente que un día cualquiera y por obra y gracia de quién sabe qué cosa, llegó a casa y, presa de celos irracionales asesinó a su novia y a la compañera de piso de ella, y luego declaró a fuentes oficiales que para efectos prácticos por un breve instante él fue otra persona.

3.

Por primera vez en la historia, una persona ha logrado controlar un robot con la fuerza de la mente. El hombre estaba dentro de una máquina de estas que toman imágenes de resonancia magnética que le medía, digamos, la actividad cerebral. Una vaina que se ve como un mapa meteorológico de los pensamientos y que era enviado a su vez a otra máquina que armada con un algoritmo traducía esos niveles de concentración y desequilibrios de presión en vainas tangibles. Una de esas vainas, era el caminar de un robot. Hay un video de los hechos. En una anécdota que no ha pasado desapercibida para este reportero, ha ocurrido que por razones que no vienen al caso se ha perdido la comunicación entre el hombre dentro de la máquina de la resonancia y el robot (a miles de kilómetros el uno del otro). El robot no se ha dado por enterado. Pero el hombre ha reaccionado con ese movimiento reflejo que siente uno a veces cuando se va quedando dormido y de pronto despierta porque piensa que se va a caer. Esto es lo que ha dicho el hombre: “hey, ponme en el suelo!” a nadie en particular. Uno de los cientificos atentos a todo ha comentado que el cerebro humano es notoriamente susceptible a algunos elementos externos de naturaleza indefinida.

4.

En uno de los foros del sitio IMDB, referencia esencial para asuntos cinematográficos, y a propósito de la película We need to talk about Kevin (Tenemos que hablar de Kevin), que es una meditación brutal y despiadada sobre lo brutal y despiadado de un adolescente que un día asesina a mucha gente, alguien ha puesto un comentario titulado escuetamente: “Tengo un primo que es como Kevin”.

Imperio jul 21, 2012

Tuve ese sueño otra vez.

Una hora antes de la hora acordada la fila ya alcanzaba la cuadra. Las entradas desde hace mucho tiempo agotadas. Periodistas caminaban lentamente, deteniéndose de vez en cuando, y tras acomodar la cámara, la corbata y la apariencia preguntaban a su víctima, sin ningún interés en la respuesta. Hace cuánto llegó. Qué espera de la película. Y, francamente, qué tan contento está de estar acá. De vez en cuando alguien hacía un chiste (me volé del trabajo diciendo que estaba enfermo, ¿me puedes ocultar el rostro cuando esto salga al aire? jajaja) De vez en cuando el tono se iba al otro lado de la seriedad. En la noche un hombre había entrado a un teatro como éste y asesinado a doce personas. Qué significa esto en el contexto cosmológico de las cosas. Pero sobre todo, qué tanto le asusta que algo así ocurra en este lugar. Enciendan las alertas naranja, aquí todo el mundo tiene miedo pero de aquí nadie se va.

Una señora de unos sesenta años camina en contravía de la fila. Se detiene de pronto frente a un grupo de amigos, tres hombres vistiendo logos del Batman comprometidos fieramente con sus teléfonos particulares intercambiando status updates a un cuerpo de distancia. Frente a ésta parte de la fila en la que estamos, hay un futuro restaurante de comida rápida (burritos) en presente renovación. Nos separa una barrera de plástico negra pero a través de ella podemos oir a los trabajadores mejicanos que llevan media hora enfrentando la crisis logística del día combatirla con un set alternado de Vicente Fernandez y U2. La señora entonces quiere saber, por encima del ruido: ¿es ésta la fila para entregar las hojas de vida? Los status updates se detienen por un instante, perplejos. “No, lady, esto es para entrar a ver una película”, responde uno de ellos, el de facciones asiáticas que parece dominar todos los temas del mundo y no haber dormido en tres días. “¿Qué película?” “The Dark Kn…” empieza a decir, pero cambia de opinión: “Batman”. Ella parece que sonríe, mira hacia un extremo, mira hacia el otro.

“Batman? Hells yeah!, I need to get me on that line”

Y empieza a caminar en la dirección equivocada.

No ficciones jul 16, 2012

Entonces me dio por leer solo libros de no ficción. Empezó de quién sabe qué forma. Con David Foster Wallace, supongo. Luego una cosa llevó a la otra. Me pasaron un artículo sobre la evolución y la cooperación y me quedé pensando en la evolución. Particularmente en qué significa exactamente en términos evolutivos que en estos tiempos la gente no se quiera reproducir. Es esa rebeldía una curiosidad apenas, o es algo más, la naturaleza tratando de recomponer el camino, por ejemplo. Eso llevó al libro de mutaciones, no me acuerdo cómo. El caso es que encadené varios libros de no ficción; una categoría que no me gusta, por la misma razón que algunas personas no leen ficción: simplemente me parecen aburridos, una inspección de la realidad sin imaginación alguna, etc. Lo que es decir que no me gustan de puro snob. No me gustan para poder decir que no me gustan. Algo que me funciona mucho, sobre todo ahora que ya pasó esa temporada en que uno necesita impresionar al prójimo, la prójima, la nena, la musa.

No sé por qué sigo leyendo. No necesito leer. En unos meses se me habrá olvidado todo. (No puede ser tanta intensidad con algo tan sencillo). El NY Times alarmó a todos acá el fin de semana con un texto sobre como después de los 30 es más difícil tener amigos. Lo único aspirable es tener gente a la que uno conoce. Para mí los amigos que nunca he tenido son aquellos con los que puedo hablar de libros. Supongo que por eso leía, leo, con la esperanza de encontrar algo en común con el tipo de gente que quiero tener algo en común. Como decía, todo muy snob.

La mala noticia es que ya casi nadie lee. Y con razón. Mire por ejemplo ese ladrillo llamado The Beginning of Infinity. Lo compré porque me gustan las ideas que el man tiene sobre mundos paralelos y sobre viajar en el tiempo (uno sale en la máquina y cuando llega lo hace a un universo distinto!). Pero por supuesto que el libro está por encima de lo que puedo dar. Y lo que yo puedo dar no es mucho, es, en esencia, es un deseo enorme porque el autor reduzca, tal vez en una futura edición, el contenido de cada capítulo a 140 caracteres o menos. Será mucho pedir.

Algo que vale la pena recordar jul 04, 2012

Me trasnoché viendo Indie Game: The Movie, un documental que sigue a cuatro desarrolladores de video juegos en el final (o el medio) de esa aventura. Es un negocio lucrativo, todo parece indicar. Esto es: cuando sale bien. Cuando sale mal, parece llevar a la locura o a una tristeza para la que no hay lágrimas. O cosas así.

Estos desarrolladores son “independientes”, es decir que no están afiliados a una compañía enorme con grandes recursos. En general trabajan solos o en parejas. Invierten algunos (varios, dos o tres) años en construir su juego (estas cosas toman mucho tiempo) y al final del camino lo venden a través de internet o XBox live o… y luego vuelven a empezar el ciclo.

(Mi carrera como videojugador terminó con Super Mario. Una manera de verlo es que soy un dinosaurio digital. Otra manera de verlo es que me retiré en la cima.)

El caso es que la pregunta obvia lo que un observador independiente querría saber es si, digamos, vale la pena tanto sacrificio, pero también es qué pasa si, digamos, la cosa es un desastre comercial o crítico o los dos. La forma de la respuesta tiene mucho que ver con la personalidad del que responde, por supuesto, pero también tiene mucho que ver con la tolerancia del que responde para mentirse a sí mismo. Y como yo lo veo, la pregunta y la (hasta ahora indefinida) respuesta valen no solo para un videodesarrollador, sino también para cualquier persona que haya ideado un plan, enfrentado al destino y tal, uno incierto y sin demarcar.

Entonces este man responde y dice que pues no le importa. Que si el juego no vende no importa, que si a la gente no le gusta, no importa. Que lo que importa es si a él le gusta el resultado. Lamentablemente, el man no ha ofrecido muchos más detalles sobre ese estándar personal, le ha bastado con sugerir que es muy muy alto. Tan alto que desde aquí casi no se ve.

Y pues, yo no lo sé de cierto, pero me parece que el man estaba diciendo mentiras.

Esto es David Foster Wallace en un ensayo titulado Presentador (aparece en Hablemos de langostas), hablando de lo difícil que es hacer un programa de radio de esos de opinión en los que el locutor habla y opina sobre todo y nada en particular. Es dfw, pero el que habla es uno de los empleados de la emisora.

—Lo asombroso es que cuando coges a gente nueva que cree que puede hacer una tertulia radiofónica, te los quedas mirando la primera vez. A los tres minutos ya tienen una mirada que dice: «Oh, Dios mío, pero si me quedan diez minutos, ¿qué voy a decir?». Y eso me ha pasado mucho a mí. Así que terminas hablando de ti mismo [algo que, por complejas razones filosóficas, el productor desaprueba], o bien terminas refunfuñando.

(…)

— Me acuerdo de una vez en que me paré después de cinco minutos. Simplemente había acabado, y se pusieron a decirme: «Eh, ¿qué haces? ¡Que te faltan diez minutos más!». Y yo les dije: «¡Es que no sé qué más decir!». Y eso es lo que pasa. A ese gente que piensa: «Oh, yo puedo hacer tertulias radiofónicas», pues bien, no es tan fácil como parece. Mucha gente no lo aguanta en cuanto han probado, ya sabes: «Caray, ¿tengo que llenar todo ese tiempo y además ser interesante?».» Luego, a medida que pasan los días y sigues haciéndolo, hay algo que te va quedando absolutamente claro. En la radio en realidad no estás actuando. Eres . Si nadie reacciona y los índices de audiencia son bajos, eres tú quien no les gustas.

Algo que vale mucho la pena recordar.

El punto es que si importa si a la gente le parece o no le parece. Que uno no es una isla y todo eso.

El punto es, le estaba diciendo, que a veces uno haciendo, digamos, un blog, se siente como el man que solo escucha discos en acetato porque son los que llevan el sonido más natural y que, en consecuencia, constituyen la forma correcta de acceder al medio musical, y que le dice todo esto a un montón de gente que solo entiende en mp3.

Acá lo urgente de resolver es: exactamente qué quiere decir tener un video juego que no se venda, un blog que nadie lee, una cuenta en tuiter que nadie sigue, una carrera que no lleva a ninguna parte o por lo menos a una que no es bacana en el sentido dewittiano de las partes bacanas (escalar el himalaya, perderse en la Amazonía, curar el cáncer, etc). Vale mucho la pena recordar lo que hay en juego, pienso yo acá en la cocina, en este suburbio, en este celebratorio informal de un imperio cumpleañero.

La ilusión de lo posible. En París. jul 03, 2012

Aaron Sorkin escribe esta serie de tv llamada The Newsroom , un drama sobre lo que ocurre y lo que debería ocurrir en las salas de redacción que cuentan las noticias del día a la gente que las quiere oir. Este post tiene tres partes levemente unidas levemente. A mi me gustan los dialogos que escribe Aaron Sorkin, van super rápido, son inteligentes, son graciosos.

(Una curiosidad es que en The Newsroom estos diálogos casi siempre son interpretados en forma de gritos. Por alguna razón no del todo clara y que tal vez tenga que ver con transmitir un sentido de urgencia y acción a la cosa y a la causa pero que a mi me parece una gritería propia de una telenovela latinoamericana lo que me deja en medio de un sentimiento de nostalgia y de un sentimiento de nausea irreversible que no se acaban de combinar del todo).

La cosa con Sorkin, después de haberlo seguido en Sports Night, The West Wing, The Social Network, etc, (Hablemos de ese tremendo guión que hace TSN), es esta idea de que una cosa bien hecha (en el sentido moral) viene siempre precedida de una decisión (también moral) del ejecutante por hacerla. Esto es determinante. Alguien, casi siempre un soñador decide que la forma decente de hacer tal cosa es esta y ya estuvo. El resto, la secuencia de hechos que terminan en la cosa, se desprende de esa decisión como dominos cayendo muchas veces sin que el ejecutante tenga siquiera que intervenir.

Es una cosa muy difícil de vender en esta edad de la lujuria.

Hacia el final de Midnight in Paris, la película de Woody Allen, el protagonista tiene una epifanía. En lo que sigue revelaré un poco de la trama, si no la ha visto aún es prudente parar acá. Lleva varios días escapándose a través del tiempo y a la media noche al París de los años 20, la época dorada, en dónde el arte era más puro y genuino y todo eso. Y en el camino se encuentra con muchas luminarias, Hemingway, Stein, Buñuel, Picasso, Dalí, etc. La gente dura intelectual de esos tiempos. También se encuentra a una mujer que tiene lo que no tiene la prometida del tiempo presente. El punto es que el tipo tiene un problema y la epifanía es que no hay una época dorada, que todos son tiempos distintos y que para ser un escritor de verdad verdad debe abandonar la ilusión de que el tiempo pasado fue mejor. O algo así. Creo. Es posible que me esté acordando de otra película completamente diferente.

La cosa en esta edad de la lujuria es que la decisión moral esa, el momento en que decides ser el mejor escritor fotógrafo artista mensajero científico hace parte de la misma excusa que promueve, de la misma ilusión. No solo no basta, (no hay dominos que caigan después), es lo que evita que la intención del ejecutante logre algo para mostrar después.

¿Sí o pa’ qué?

Si ha llegado hasta acá, le tengo una admiración tremenda, qué paciencia la suya para leer estas vainas. ¿Se casaría conmigo? tengo una confusión así brutal que está ni mandada a hacer para esa paciencia suya tan profesa.

Medianoche en Paris jul 01, 2012

¿Qué ves tú?

Reportero del amor jun 21, 2012

Javier creo que fue Javier me preguntó una vez si yo era una persona exitosa1. Sospecho que se trataba de una de esas situaciones en que uno tratando de responderse algo a sí mismo compara las respuestas de los demás. La mía estándar en estos casos es que en el sentido que la sociedad le impone a estas cosas el balance es positivo pero en el sentido borgiano la cosa pinta a fracaso inobjetable.

Y éste, su blogger más espectacular, había dado el caso por cerrado hasta que fue re-abierto hace poco por la súbita e impensada revelación de la ausencia de habilidad útil identificable. Le estaba contando a mi amigo Joel, quien es precisamente todo lo contrario a juzgar por su educación en MIT y posgrados en Stanford y Harvard, sobre mi duda ontológica. No tengo muy claro lo que quiero hacer con mi vida, es como he puesto las cosas. Lo que Joel me ha dicho es que lo sensato es apelar al sentido pragmático y hedonista, es decir, elegir lo que a uno le gusta2 y en el caso de no poder encontrar el gusto por nada en particular elegir aquello para lo que uno es bueno. Y es acá en donde el asunto se ha puesto en evidencia.

Es difícil de admitir. Una razón siendo esta la última constatación de mi lenta pero inevitable transformación en mi padre quien soportó sin demasiada tranquilidad mi mamá en sus peores días señalándole sus limitaciones, exigiéndole la reinvención personal pero concluyendo rápidamente la imposibilidad del objetivo porque la nada a la que se refieren los buenos para nada también incluye el progreso personal. Mucho se habla de nuestro machismo inculcado desde la cuna y no tanto de ese talento de la mujer latina para la provocación cruel y de la otra.

Otra razón viene siendo la soledad de la condición que es, para robarle unas palabras a DFW, comparable solo a la que sufren los solipsistas. Lo que no deja campo para consuelo alguno.

1La tentación de lo cursi gana otra vez
2Para evitar explicaciones quizás innecesarias he decidido incluir mi conclusión sobre este item en particular como el título de este asunto

Transferencia jun 07, 2012

Tuve ese sueño otra vez.

El Tiempo de Nueva York traía hoy la noticia de que investigadores en la Universidad de Washington han determinado virtualmente el genotipo de un feto usando una muestra de sangre de la mujer en embarazo y la saliva del padre. Para embullar todavía más a los futuristas el diario decía que el avance allanará el camino para la identificación completa del adn del bebé no nacido, lo que hará posible detectar enfermedades genéticas antes del nacimiento. También advierte, en un tono más sobrio, que saber tanto sobre lo que podrá ser tiene una enorme carga ética que hasta ahora nadie se atreve a enfrentar en serio.

La carga ética se crece todavía más considerando la dificultad de, por obvias razones, no poder consultar al directamente afectado. Independiente del espectro libertario en que usté se encuentre la desventaja de la condición patológica que no tiene cura no alcanza ni para agradecer a dios ni para maldecir a Ayn Rand. El punto es: esas decisiones son líos bárbaros. El punto es: ese es solo el principio. Porque el día en que nos demos cuenta que ese mismo camino está lleno de posibilidades será el día. Mejor ojos de este color, mejor la nariz no tan egipcia, mejor con menos dudas ontológicas y tanta debilidad para la confusión melancólica. Es ciencia ficción solo para aquellos que no comparten la fe de lo posible. Lo imposible será, por obvias razones, arrepentirse a tiempo. Una vez la decisión cometida: una vez todas las cartas al descubierto. Si esto no es el futuro yo no sé qué es el futuro.

Sebastián Deutsch contra las cuerdas defiende su teoría frente a una multitud de caras que debaten la incredulidad con el tedio. Yo no debía estar ahí. Alguien me persigue y mi última maniobra de escape me dejó en el auditorio. Entro en la sintonía de la historia a medio camino. Somos parásitos, declara. Pero se arrepiente, suaviza la tensión, evita la disputa semántica. Somos como el caracolito que necesita buscar un caparazón. (En dónde oí eso antes). El caparazón es este cuerpo de humanos, lleno de inconveniencias, pero lo mejor en oferta. Lo único disponible, refuta un anónimo. Deutsch impasible anuncia la demostración del producto, será posible cambiar de huesped, orgánico o inerte, será posible la transferencia del ser, sin dejar nada atrás. Y yo no puedo esperar.